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Un 1° de mayo muy particular

Hugo Horita
Hugo Horita

Entre el aislamiento, el teletrabajo, la legislación y la flexibilización, se conmemora un nuevo Día Internacional del Trabajador. El rol de las nuevas tecnologías y el valor de la representación gremial.

Hoy es una conmemoración diferente. Silenciosa, solitaria, tenue pero seguramente recordada a lo largo de la historia transcurrimos esta jornada de lucha y reconocimiento del pueblo obrero. No hay afiches por las calles que llamen a los trabajadores a participar de actos masivos en la Plaza de Mayo, no hay encuentros en los locales partidarios, ni festivales barriales. No hay brindis en las cooperativas de trabajo, no hay cenas de los líderes sindicales, ni abrazos en las sedes gremiales. No hay en Argentina, no hay (casi) en el mundo.

A 134 años de las huelgas y movilizaciones realizadas en la ciudad de Chicago, una inesperada pandemia visibiliza a nivel mundial la vulnerabilidad de ciertos derechos de los trabajadores, con especial énfasis y preocupación en aquellos países donde el Covid-19 tocó la puerta en plena gestión de gobiernos liberales. Paradójicamente, en este contexto de emergencia sanitaria y aislamiento obligatorio, se complejiza la ejecución del paro como herramienta, se distorsiona la extensión de la jornada laboral y se “readjudican” tareas desde una virtualidad impalpable. Para algunos, es tiempo de flexibilizar.

Hugo Yasky, secretario General de la Central de Trabajadores de la Argentina, reflexiona sobre este 1º de Mayo distintivo: “Es un Día del Trabajador en el que la expresión de la unidad en actos y encuentros colectivos está claramente ausente. Por primera vez, un fenómeno que azota a todos los pueblos del mundo nos pone en la situación de recordar especialmente a los que hoy están en la primera línea de acción: los trabajadores y las trabajadoras de la salud, del transporte, de la limpieza, de las telecomunicaciones y todos los que a pesar del aislamiento preventivo tienen que seguir en actividad. Son ellos los verdaderos abanderados de este día”.

Ellos y muchos otros trabajadores de distintas ramas siguen tanto o más activos que antes de que este insospechado enemigo nos visite. La reivindicación de la fuerza de la unidad y la lucha por la justicia social siguen en pie, aunque llevarlo a la praxis pareciera más complejo que nunca. “El presente, de condiciones de aislamiento obligatorio, implica la imposibilidad de convocar a la movilización, a la asamblea, al acto y a mucho de lo que forma parte de la vida de las organizaciones sindicales. Por suerte, en la Argentina, por contar con un gobierno surgido del mandato popular no implica consecuencias gravosas en términos de pérdida de derechos. En otros países de América Latina, como Brasil o Colombia, se están tomando en este momento medidas que significan derogar conquistas de la jurisprudencia laboral y anular derechos tan elementales como el de la percepción de la cuota sindical”, relata Yasky.

Sería ingenuo pensar que donde existen gobiernos de carácter popular la totalidad de los trabajadores gozan de sus plenos derechos; pero, a su vez, es indudable que la regresividad de las conquistas en contextos inesperados como los que vivimos son, en este grupo de países, más específicas, más particulares y, seguramente, más atendidas que en aquellos países donde las decisiones patronales, con apoyo oficial-gubernamental, se están produciendo de manera encadenada poniendo en práctica los aspectos más crueles de la reformas laborales. El caso de Bolsonaro es solo un ejemplo.

Teletrabajo y vacío legal

Pero en Argentina, son muchos los trabajadores que desde aquel domingo 15 de marzo, en el que el Presidente Alberto Fernández ofreció una conferencia de prensa en la Quinta de Olivos suspendiendo -entre otras actividades- las clases presenciales de todos los niveles educativos, comenzaron a realizar sus trabajos habituales desde sus casas. El “home office”, el “teletrabajo”, el “trabajo a distancia” y otras variantes que la modernidad y la tecnología permiten han sido, en muchos casos, la salida urgente para la continuidad de la percepción salarial y del vínculo laboral. Pero allí, un gran vacío legal tenemos y debe ser regulado cuanto antes.

El ex Secretario General de CTERA y hoy diputado nacional pone la alarma en este punto: “El teletrabajo es un área que no está legislada en la Argentina. Esto significa desprotección, significa condiciones que son aprovechadas para flexibilizar y para acomodar la situación a los intereses patronales en desmedro de conquistas de los trabajadores. La introducción de nuevas tecnologías y el teletrabajo en nuestras vidas no es algo negativo, solo hay que evitar que se haga sin normativas que garanticen la continuidad de los derechos laborales”. Por cierto, la tecnología puede irrumpir, y de hecho lo hace, en el mundo del trabajo para precarizar o reducir derechos, pero también puede hacerlo para facilitar y mejorar ciertos desempeños acompañada de leyes y regulaciones que garanticen los derechos adquiridos por los trabajadores.

Actualmente, el Ministerio de Trabajo en consulta con la presidenta de la Comisión de Legislación del Trabajo de la Cámara de Diputados, Vanesa Siley, y otros siete diputados de extracción sindical se encuentran trabajando en un proyecto para legislar el teletrabajo en el sector privado, en un primer momento, y posteriormente extenderlo al sector público. El mismo será presentado en los próximos días e intentará compatibilizar la posibilidad de la utilización de las nuevas tecnologías con la perdurabilidad de determinados derechos laborales, entre otros: que el trabajador pueda definir en qué período realiza teletrabajo y en cuál trabaja personalmente, elegir su participación sindical, continuar su pertenencia a algún colectivo de trabajo al que estaba afectado previamente, etcétera.

La experiencia previa a este presente de pandemia ya demostraba a nivel global que el teletrabajo sin regulación avanzaba en detrimento de las jornadas de algunos sectores como el bancario, el de transporte, el de comercio online y especialmente en aquellas ramas concentradas en un puñado de grupos multinacionales. “Siempre son sectores poderosos los que están intentando eliminar horas de trabajo para eliminar horas sueldo y eliminar derechos, ahora utilizando la excusa de la tecnología. Pero también, cabe formularse una pregunta a la inversa: ¿Estas innovaciones tecnologías podrían servir para reducir las jornadas en favor del trabajador sin eliminar sus derechos? Esto no debemos dejar de plantearlo, de lo contrario, quedará la decisión en las cúspides empresariales que verán esta coyuntura como una oportunidad de maximizar su renta y reducir el costo laboral”, agrega Yasky.

Nadie sabe cuándo ni cómo la inmensa masa de trabajadores y trabajadoras retomará sus tareas de manera habitual. Ni si quiera, cuánto se habrá modificado eso que veíamos como habitual en nuestra jornada laboral pre-pandemia. Sea como fuere, la vulnerabilidad o fortaleza del sector trabajador dependerá, como siempre ha sido, de una robusta legislación vigente, de las correlaciones de fuerzas reinantes intermediadas por el gobierno de turno y de la capacidad que tenga el movimiento sindical para legitimar una salida que no sea la que privilegie al sector empresario dejándonos, para siempre, sin afiches, sin brindis y sin abrazos.

Escrito por
Damian Fresolone
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