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“EL NEOLIBERALISMO AFECTÓ MÁS A LAS MUJERES”

Dora Barrancos, investigadora, socióloga e historiadora feminista argentina, analiza la perspectiva de género para los próximos años.

Por Gimena Fuertes. La directora de la Cátedra Abierta de Género y Sexualidades de la Universidad Nacional de Quilmes propone desafíos para esta nueva etapa posneoliberal en la que el Estado, dice, deberá jugar un rol fundamental en la prevención de la violencia machista, el cambio educacional y cultural, la lucha contra la discriminación laboral, y la liberación del cuerpo de las mujeres de las tareas de cuidado.

–¿Cómo se entiende que el feminismo se haya convertido en un movimiento de masas durante el macrismo?

–No haría una relación causa-consecuencia. Este movimiento feminista de masas, derramado, tiene una incubación que responde a un tiempo mayor y a otro tiempo más corto. El tiempo mayor comienza con la reinstalación de la democracia: las feministas nos ocupábamos de escenarios cada vez más proclives a lograr los derechos, pero éramos unas feministas de capilla, no habíamos acrisolado la manifestación extensa, en una construcción para sí de la conciencia. Durante el período kirchnerista no cabe duda de que hubo un ascenso singular en materia de derechos personalísimos, que tienen mucha atinencia con los derechos de las mujeres. Son colindantes. Un ejemplo es la Ley de Protección Integral Para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres en los Ámbitos En Que Desarrollen Sus Relaciones Interpersonales, promulgada en 2009. No todos los países de América latina consiguieron una ley integral, sólo parcialidades. Y luego devinieron dos grandes leyes en materia de derechos personalísimos, cuando la Argentina consigue la Ley de Matrimonio Igualitario, y en 2012 la Ley de Identidad de Género, única en el planeta. A su vez, la procura de derechos del movimiento de mujeres enciende otros, y les da un candil a los movimientos de las activistas lesbianas y gays. Es incontestable que el movimiento feminista azuza movimientos en torno de identificaciones sexo-sociales. Era un estado de derechos sinergiales, iba en ascenso la conquista de derechos en nuestro país. Termina el ciclo en 2015, pero ya ese año surge el Ni Una Menos y la famosa manifestación de junio de 2015, que está en esa saga. En un país como el nuestro, que consigue una ley integral contra la violencia, resulta que las manifestaciones femicidas no cesaban, y eso encendió el Ni Una Menos. También hubo una expansión muy notable y silenciosa de las procuras de mayor libertad sexual por parte de les adolescentes. También deben computarse las consecuencias de la larga tradición de los encuentros nacionales de mujeres. La huelga habida el 8 de marzo y las movilizaciones ya tienen una sintonía anti-neoliberal y antimacrista.

–¿Cree que el feminismo se expandió porque fue uno de los movimientos que más enfrentó el neoliberalismo en esta etapa?

–El neoliberalismo es la construcción de adversidades sociales pero que afectan directamente a las mujeres, primero por la mayor labilidad en el mercado de trabajo. Si bien hay desempleo de varones, hay una incitación fuerte, ante ese desempleo de varones, a que muchas mujeres se avengan al mercado laboral, a como dé, para suplir, y el mercado laboral las va tomar en situaciones de mucha mayor precariedad. Esto es histórico en todas las políticas neoliberales. Todavía sufrimos las consecuencias de los 90, que fueron absolutamente destructoras, pero que tuvieron un efecto interesante que fue la puja de las mujeres en el mercado laboral. Esa experiencia neoliberal las hizo ir a lugares de mayor precariedad y al desempleo, pero después de eso, las mujeres persistieron en esa puja en el mercado laboral, y ante el efecto nocivo que tiene el neoliberalismo, hay una contradicción que es que hubo un aumento de la inclusión en el mercado en los años kirchneristas. En estos años subimos casi diez puntos de participación en la Población Económicamente Activa (PEA) y eso se debe a los estruendos de los 90 y la necesidad de posicionarse en el mercado laboral. El neoliberalismo es siempre un tsunami trágico. Su partida de nacimiento es la crisis del petróleo en los 70. En esos años se reconfigura el cambio patético del capitalismo hacia una forma de acumulación financiera. Bajo ese planteo se han asimilado las fórmulas neoliberales, aunque son diferentes en las experiencias en cada país. En Brasil fue mucho más dramático porque allí fracasa en su cometido liberal completamente, ya que Jair Bolsonaro es un fascista. En tanto, en la Argentina es paradójico llamar a esto modelo neoliberal. Hay una cuota de posicionamiento dentro de la estela neoliberal, pero aquí esto funciona como un plan de negocios. Siempre he dicho que es demasiado enjundioso llamar modelo neoliberal a lo que nos ocurrió estos años. Es una adaptación neoliberal. En la Argentina, con la avidez que tuvieron, terminaron matando a la gallina de los huevos de oro. Se crearon estrépitos en la misma clase dominante, un orden de negocios en los que no participaron todos. El modelo neoliberal implantado tiene una cuota relativa de liberalismo, muy poca, y esa cuota tiene que ver con el mercado, que tiene una participación para un grupo de intereses, con ciertos privilegiados. Pero no hay liberales en este gobierno, si los hubiera habido, habríamos tenido el aborto. Son conservadores, no son liberales. Hay un cierto cumplimento, aunque no de la misma manera de la conformación liberal en este país, que nunca fue liberal liberal, radicalizada, siempre es liberal conservadora. Este es el punto en el que se repite la historia. Ellos dirán, “los populistas son siempre los mismos”. Sí, puede ser que haya un punto nodal que persiste, pero como yo hago historia, siempre digo que las cosas cambian. Algunos países de América latina, como Uruguay, tuvieron una radicalidad liberal muy interesante, que tiene un civismo muy afiatado, que se apegó a la laicidad. Pero acá hay poca correspondencia con una situación liberal.

–¿Además del derecho al aborto, cuáles son los objetivos por cumplir en esta nueva etapa para el movimiento feminista?

–Tenemos muchos desafíos. En estos años no hubo ni una política de algo muy básico como prevención contra la violencia. Siempre marco lo necesaria que es la prevención. Esto significa una intervención enorme por parte del Estado que también compromete a todos los Estados provinciales a una reforma curricular educativa. Es fundamental. Mientras la escuela siga repitiendo que hay una pregnancia femenina y una masculina, estará el incendio siempre listo. Es ahí donde se incorpora una noción privilegiada situacional respecto del varón, de quienes dicen que son más útiles para determinadas funciones. Tenemos un mundo esquizoide. Hablamos contra la violencia contra las mujeres, pero la esquizofrenia permanece en todos los cultivos escolares. Será una gestión de largo tiempo, pero hay que comenzarla. La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) tiene que tener una aplicación rotunda en cualquier lugar y situación. Debe cumplirse con la ley. Otra cuestión central que atañe al sistema educativo es la educación sentimental sobre los celos en las relaciones, que vincula la necesidad de preservar todas las señas de la intimidad. La educación sentimental es elemental, pero hay que hacerla sistemática, no es sólo una charla algún día. Además, hay que crear institutos de prevención en cada uno de los barrios, que deben depender del Ministerio Público Fiscal y no del Poder Judicial, porque tiene que haber una actuación en tiempo forma y expertise necesaria. De hecho, hay fórmulas que no son delictivas, que no van al Código Penal, sino que son convivenciales. Un instituto especializado público, con alta expertise en disciplinas jurídicas y sociales, con participación de la membresía de mujeres que se acompañen, con capacidad de cabildeo y acción para garantizar prevención no penal a varones que pue- den ser recuperados si hay una pedagógica acción preventiva. Es una fórmula extendida de todos los protocolos contra la violencia que ya existen en sindicatos o universidades, pero más agrandada e institucional. Necesitamos una actuación en comunidad. Es una posibilidad de prevención en serio, no ya cuando tenés que judicializar o cuando te dan el botón de pánico. Otra de las cuestiones es que el Estado tiene que entrar fuertemente a promover el trabajo femenino, incluso con mecanismos fiscales. ¿A dónde van las chicas que hacen Ingeniería en Petróleo, ingenieras mecánicas o electrónicas? Hay que subir o bajar impuestos según empleen más mujeres y personas trans. Por otro lado, está la cuestión de los cuidados, que es más compleja. Es necesaria la liberación del cuerpo de las mujeres de las tareas de cuidado. Ahí el Estado tiene que ingresar fuertemente para garantizar todos los cuidados requeridos para niñez, adolescencia y vejez. Por último, hace falta una ley fundamental, que otros países ya tienen, para retener de manera automática el monto de dinero por alimentos para los hijos. Hay que evitar la judicialización por morosos alimentarios. La retención puede ser por el empleador o por la AFIP. Resortes hay.

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Gimena Fuertes
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