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“NUESTRA BATALLA PRINCIPAL ES DISCUTIR EL RELATO NEOLIBERAL”

Lucía Cámpora, ex vicepresidenta de la FUBA y flamante legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos, analiza la situación de la Argentina y la región. Y destaca que la lucha por un modelo inclusivo y redistributivo exige compromiso y militancia permanente.

Esta entrevista fue concertada un día antes de la liberación de Lula, el encuentro se realizó horas después del golpe de Estado a Evo Morales, mientras las protestas en Chile, lideradas por los estudiantes, llevaban semanas exigiendo una asamblea constituyente a pesar de la brutal represión que incluye heridos, muertos y desaparecidos. Un mes antes, una multitudinaria manifestación de doce días impidió que el FMI impusiera sus políticas económicas en Ecuador. Como muchos, Lucía Cámpora, ex vicepresidenta de la FUBA y flamante legisladora de la Ciudad de Buenos Aires por el Frente de Todos, pasó de la algarabía por los renovados aires que auspiciaban el fin del ciclo neoliberal a la preocupación por la creciente violencia ejercida por los grupos de poder, escandalosamente parecida a los años de plomo. El mapa político de Latinoamérica se presenta incierto, con una derecha retrógrada, violenta y evangelizante, y un pueblo dispuesto a defender los derechos adquiridos.

–Ante este presente tan minado, ¿qué caminos se pueden abordar desde el campo popular?

–Creo que primero hay que tener muy claro que el neoliberalismo no es solamente un proyecto económico, sino que tiene una ideología y una cosmovisión. Ya lo decía la propia Margaret Thatcher: “Las medidas económicas son un camino, pero en definitiva vienen a cambiar el alma”. Hay que tenerlo bien en claro para plantearse qué hacer, y me parece que la juventud tiene que discutir cuál cosmovisión prefiere y quiere reivindicar. Nosotros entendemos que es la de la solidaridad, la del compromiso y la redistribución de riqueza, y en esto la militancia tiene un rol fundamental. Ante el “qué hacer”, la primera respuesta es cómo disputar ese sentido común, esa forma de ver el mundo, y en eso la juventud tiene un camino y una tarea importantes. Algo de eso decía en su momento Álvaro García Linera cuando hablaba de la disputa por el sentido común. A mí esa frase me impactó mucho, él hablaba sobre cómo los procesos latinoamericanos habían conquistado derechos materiales muy concretos y quizás les había faltado profundizar en la apropiación de los beneficiarios en la disputa del sentido común; ahí me parece que está un poco la clave para pensar qué hacer para seguir resistiendo al neoliberalismo. En algunos países hemos tenido procesos que parecieron exitosos, como ahora en la Argentina en las urnas, pero tenemos una región muy movilizada. Tenemos que disputar el sentido común todos los días, y en eso la militancia tiene un rol importante, sobre todo para contrarrestar las herramientas de peso enorme que ellos tienen para construir el sentido común que promueven.

–La militancia hoy está fragmentada en batallas específicas, como la defensa del medio ambiente, el acceso a la vivienda, feminismo, entre otras, que fueron eficaces para socavar el sentido común neoliberal, ¿cómo podrían hilvanarse?

–Hay un hilo que las hilvana: la justicia social. La lucha ambiental parece muy específica y puntual, pero sin embargo nosotros la entendemos como un reclamo de justicia social. No hay justicia social sin reclamo de un ambiente sano; en definitiva el saqueo a los recursos naturales no hace más que acrecentar las desigualdades sociales que existen. El feminismo también. En algún momento alguno o alguna pudo pensar que era una lucha muy segmentada, pero tiene en sus bases un planteo por una igualdad, por combatir un orden, una opresión patriarcal y también, en definitiva, es una lucha por la igualdad y la justicia social. Creo que ese eje está, hay que recalcarlo y entender que todo forma parte de un proyecto político en su conjunto que tiene después sus reclamos sectoriales. Por otro lado, me parece que hay pros y contras en esta segmentación; de hecho el neoliberalismo tiene que ver en esto de separar, fragmentar a la sociedad, pero también es una tarea nuestra poder atender a esos reclamos sectoriales porque evidentemente hay reclamos muy individualizados y hay que abordarlos poniéndolos siempre dentro de un proyecto común. Me parece que en la Argentina en estos últimos cuatro años entendimos más que antes algunas de estas cosas. Mismo Cristina, en su campaña 2017, puso sobre la mesa que había que saber representar a distintos sectores. Forma parte de un aprendizaje de la militancia y de la construcción de representación, siempre en el marco de un proyecto más grande.

–Un caballito de batalla que cala muy hondo en la construcción neoliberal del sentido común es el tema de la seguridad, ¿cómo se le puede hacer frente?

–Son varios los caballitos de batalla: uno es el de la seguridad, otro es la forma de pensar que quiere instalar más allá de las medidas económicas. Así como está la idea de la seguridad, está la idea de la meritocracia y del individualismo, en la que uno se las puede arreglar en función de su esfuerzo y que más o menos habría que correr al Estado para que no interrumpa con ese desarrollo individual. Hay que comunicarse lo mejor posible con la sociedad para plantear que nada de eso es posible sin un Estado presente y un proyecto político que acompañe el desarrollo individual. A nadie le va mejor si al de al lado le está yendo peor; hay un relato ahí que no podemos resignar. Por otro lado, ellos tienen muchas herramientas para instalar el suyo: medios de comunicación hegemónicos, usinas de pensamiento, incluso de estudios y de educación. El macrismo cuando asumió fue a fondo con ese relato, incluso antes que con las propias medidas económicas. Lo primero de lo que nos quisieron convencer fue de que había que pagar una fiesta que habíamos vivido y que ahora había que hacerse cargo de eso, instalando ese relato para después justificar el ajuste. Nuestra batalla principal tiene que estar en discutir ese relato neoliberal y ese modelo que ellos quieren instalar. No es fácil.

–¿Es el que quieren instalar o hay que desinstalar?

–Sí, llevan muchos años con esto. Vimos las imágenes en Bolivia en que quemaron la wiphala y llevaban la carta de renuncia adentro de una Biblia y uno se siente en 1492. Es una discusión que viene de hace muchísimos años. Seguiremos militando por la liberación de los pueblos y por la igualdad y la justicia social. Hay avances y retrocesos. Creo que los procesos latinoamericanos dejan un piso más alto en estas discusiones, no se vuelve a cero cada vez que gana un gobierno neoliberal. Los procesos de conquista de derechos dejan un piso no solamente material sino también de concepción. Viendo lo que pasa en la región uno toma conciencia de lo importante que son los consensos conquistados en la Argentina no solamente en torno a la institucionalidad y la democracia. Creo que acá no es posible hacer un golpe como el que le hicieron a Evo, meter preso a un líder popular como lo hicieron con Lula tampoco, lo vimos cuando quisieron llevar adelante el 2×1, cuando ocurrió la desaparición de Santiago Maldonado, hubo una reacción muy fuerte de la sociedad. Y no sólo a estas cuestiones, sino a valores como son la educación y la salud pública. Cuando Mauricio Macri comenzó a recortar de manera muy fuerte el presupuesto universitario, si mal no recuerdo en 2016, la sociedad reaccionó inmediatamente, fue una de las movilizaciones más grandes a las que asistí. Esos son valores y consensos muy fuertes de nuestra sociedad a los que no hay que dejar de prestarles atención, señalarlos y profundizarlos. Creo que al neoliberalismo le costaría mucho arremeter contra eso. Macri tuvo que hacer la campaña con la que acceden al gobierno en 2015 afirmando y garantizando que no iba a privatizar Aerolíneas, que no iba a restringir los derechos conquistados. Durante los gobiernos de Néstor y Cristina hubo una recuperación de la política, de la militancia, que ningún gobierno neoliberal puede tirar atrás o por lo menos no en cuatro años. Como decía García Linera, la clave es caerse, levantarse, luchar, caerse, levantarse, hasta que se acabe la vida. En eso se va subiendo el piso de la discusión.

–¿El hecho de que cada vez más jóvenes participen en política tiene que ver con que durante los doce años del kirchnerismo se reivindicó a la militancia?

–Totalmente. Durante los gobiernos de Néstor y Cristina no hubo solamente una recuperación de la política para toda la sociedad, veníamos de 2001, de la crisis, de la falta de representación, del “que se vayan todos” y me parece que en el proceso de 2003 a 2015 se dio una recuperación de la política que es la que hoy nos permite encontrar o buscar respuestas a los problemas tremendos que aquejan a nuestro país. Hablando específicamente de la juventud, Cristina decía en una de las últimas entrevistas que hizo como presidenta que uno de sus principales logros había sido incorporar a la juventud en la política. Uno escucha eso y dice: “Uy, qué responsabilidad, un gobierno que subió el piso de las jubilaciones, que dejó la AUH, que construyó universidades nuevas, pero ella reivindica ese como su principal logro”. Hay que dimensionar el impacto que tuvo eso en una juventud que vivió sus primeros cuatro años de quita de derechos y me parece que supo estar organizada, estar a la altura. No por nada había 400 mil pibes que debían estar en el padrón y que no estaban, creo que el propio Gobierno era consciente de esto. Eso hay que identificarlo, valorarlo, dimensionarlo y seguir defendiéndolo. Los pibes y las pibas metiéndose en política, organizados, discutiendo y construyendo la patria con la que sueñan.

–Como dijo, el neoliberalismo sabe de esta construcción e intenta minarla. Es lo que pasó en los 70.

–Van cambiando los tiempos. Esa dictadura totalmente refrendada no sólo por las armas sino por los poderes económicos, los medios de comunicación, por la embajada de EE.UU., con todo ese poder acumulado identificó como su principal amenaza a la juventud militante, a los sindicatos, y la herramienta que entendieron fue la del secuestro y la desaparición de personas. Hoy eso cambió, nuestro país no permitiría de ninguna manera esos mecanismos, pero siguen atacando a lo que consideran su amenaza: la juventud organizada y la militancia política. Ellos tienen otras herramientas, nosotros tenemos la organización política. Creo que la garantía a futuro de nuestro proyecto político de distribución de riqueza y oportunidades es la militancia.

Escrito por
Virginia Poblet
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