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“MIENTRAS HACÍAMOS LA DENUNCIA EN LA CALLE NOS INSULTABAN”

Nora Cortiñas es cofundadora de Madres de Plaza de Mayo. A los 89 años sigue encabezando las marchas en defensa de los derechos humanos.

Nora Cortiñas recuerda –y repite como un mantra– el 6 de septiembre de 1979. Fue cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) llegó al país en pleno terrorismo de Estado, y ella, heroína como otras, dio su testimonio a pesar del miedo. Hoy asegura que su palabra fue colectiva y que la historia de su hijo Gustavo replicó la de miles de otros militantes detenidos desaparecidos. Nora, que a lo largo de los años nunca dejó de caminar junto a las víctimas de la violencia policial e institucional, cuenta que, a pesar de los impedimentos desde el poder, hay que seguir denunciando siempre. Hoy, a sus 89 años, es una de las principales referentes de los organismos de derechos humanos.

La llegada de la CIDH fue un punto de inflexión en la forma en que se comenzó a sistematizar la información sobre las violaciones de derechos humanos. Aunque su permanencia en el país fue de apenas dos semanas, sirvió para encauzar más de cinco mil denuncias de desapariciones forzosas y vejaciones a presos y presas y contabilizar más de 400 campos clandestinos de detención. En ese contexto, la voz de Nora Cortiñas fue fundamental, aunque todavía el organismo de derechos humanos en el que militaría el resto de su vida no estuviera inscripto formalmente ante la CIDH.

Esta comisión internacional recibió a representantes de numerosas organizaciones, como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), entre otras. Pero en particular, la visita de la CIDH ayudó a la consolidación de organizaciones de defensa de derechos humanos, como la naciente Madres de Plaza de Mayo, y permitió que también presentara sus denuncias, no sólo por la pérdida de sus hijos, sino por el maltrato sistemático al que fueron sometidas por los militares. A ellas también, a las que buscaban a sus hijos, las acusaron de locas, las secuestraron y las desaparecieron.

–¿Cómo se llegó a conseguir la visita de la CIDH al país durante la dictadura?

–Los contactamos nosotras. Habíamos mandado testimonio, como hacíamos con todas las instituciones en donde denunciábamos la desaparición de nuestros hijos y nuestras hijas. Acá el gobierno militar, haciéndose los amplios, los que no tenían nada que ocultar, aceptaron recibirlos. Vinieron el 6 de septiembre de 1979, trabajaron hasta el día 20 y recorrieron varias provincias. Las denuncias que se mandaban al exterior llegaban a la CIDH, a las Naciones Unidas, a la comisión de desaparición forzada, porque en muchos países del mundo ya había comenzado a usarse la metodología de la desaparición forzada, que es el crimen de crímenes.

¿Cuál fue su rol ante la CIDH?

–Yo estuve invitada para testificar en donde ellos se reunieron, en Estados Unidos. Me dieron autorización a través de un organismo que tenía voz y voto para sentarme y dar testimonio personalmente. Otro organismo de DD.HH. me había facilitado un turno, porque el nuestro era nuevo y no tenía toda la legalidad que requería. En la película que están haciendo sobre mí me veo sentada ahí, dando testimonio. Ahora que pasaron 42 años pienso que menos mal que está registrado una puede decir “sí estuve”. No era fácil. El testimonio era de una madre pero abarcaba a todo el organismo de las Madres de Plaza de Mayo.

¿Cómo se organizaron para dar testimonio?

–Había madres que hacían la cola desde las seis de la mañana, hacíamos la fila sobre Avenida de Mayo para ir a llevar la denuncia. Después de cada madre hablaba otra, y decidíamos acompañarnos, fue una acción colectiva. Todos los organismos fuimos y tuvimos esa oportunidad de denunciar el horror. Pero ellos después siguieron recabando información. Fueron a tomar testimonio a Córdoba, Mendoza, Santa Fe, entre otras provincias. Se convencieron bien de lo que acá pasaba. Incluso cuando hicieron el documento final, cada artículo estuvo dedicado a las violaciones de derechos humanos que ellos comprobaban: uno para los capítulos de los perseguidos; otros, presos políticos, y el tercero era exclusivamente sobre las desapariciones forzadas. El informe lo hicieron bien completo, elaboraron un documento amplio que relató todo lo que fueron comprobando a través de los testimonios que daban las familias. Ellos tenían muchas deferencias, mucho respeto, cuando se trasladaban a las provincias y hablaban con las madres y con los padres. Siempre dando su oído para que se pudiera denunciar sin miedo.

¿Cómo hicieron para poder hablar a pesar de ese miedo?

–Empezamos yendo a los organismos que ya estaban. Fuimos a la APDH y a la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, en ese momento se había creado el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Las Madres fuimos, además de a Tribunales, a los abogados que luego de presentar los habeas corpus también desaparecieron. Cuando hacíamos la fila pasaban esos camiones de los fascistas insultándonos, pasaban rápido y con un alto parlante nos insultaban y nos ofendían. Es por eso que había familias que tenían miedo de exponerse, y a pesar de eso, ellos recabaron 6.000 denuncias, de las cuales 1.200 ya habían sido hechas. Todo eso en el marco del terrorismo de Estado. No había resistencia de los familiares, sino ese miedo.

¿Cómo considera que trabajó la Comisión?

–Trabajaron muy rápidamente, muy abiertamente, no se negaban a tener una cita de un padre que venía del interior. Gente que estaba en el exilio se movilizó para venir a dar testimonio; pedían un turno y eran recibidos con total deferencia. Las Naciones Unidas, la OEA y todas esas organizaciones internacionales no están para condenar sino para advertir. La condena nunca llega por parte de ellos. Eso lo fuimos aprendiendo con los años. Sino que advierten que comprobaron que las denuncias que recibían eran de hechos cometidos. Sobre todo, el caso de los bebés fue muy importante. El texto constituye el primer informe internacional. Acá no se publica, no salía nada en los diarios, no se decía nada por la televisión ni por la radio.

¿Cómo sortearon la manipulación que intentó hacer la dictadura ante la visita?

–Los milicos trataban de demostrar que acá no se violaban los derechos humanos. Incluso a pesar de las pruebas que se llevaron y que dieron para hacer el documento. Pero el informe no melló el plan de exterminio de la dictadura. Era pleno 1979 y, en cuanto la CIDH sacó el pie de acá, siguieron las desapariciones, las torturas y las apropiaciones de bebés de las madres cautivas embarazadas, delito en el que la Iglesia católica tuvo tanto que ver con la entrega de esos bebés a familias de militares, policías y empresarios. Hasta los 80 siguieron las desapariciones y después, esporádicamente, también.

¿Cómo continuó su vínculo con la comisión a lo largo de los años?

–Nosotros seguimos de cerca permanentemente enviando la denuncia, cada pocos años vuelvo a hacer el habeas corpus por Gustavo. A mí no me importa cuando me preguntan “¿para qué seguís haciendo si la respuesta es siempre la misma?”. Que les quede en la conciencia que yo reclamo y ellos no dan repuesta. Hay madres que hicieron uno o dos habeas corpus al principio, y no hicieron más, porque a veces se cree que es pérdida de tiempo. Durante muchos años hacíamos habeas corpus colectivo, con la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Nada es suficiente para hacer la denuncia, para seguir queriendo que nos digan qué pasó con todos y todas. La última vez fue hace tres años, con este gobierno todavía no hice, pero voy a hacer con la abogada que patrocina a la familia de Santiago Maldonado.

–¿Ese documento a nivel internacional sirvió para los juicios?

–Sirvió para los juicios y siempre sirve en tanto la denuncia está y es válida, después cómo la manejan los jueces depende de ellos, porque los culpables no fueron sólo las Fuerzas Armadas, sino que la Justicia estuvo entreverada. La dictadura no fue sólo de los militares, por eso no abren los archivos. Hay muchos políticos que hoy se pavonean en la televisión y son responsables de las violaciones de derechos humanos, como los asesinatos del puente Pueyrredón, y ahora se presentan como si fueron santos.

¿Cómo evalúa la situación de los derechos humanos en la actualidad?

–Hace poco fui a un colegio a presentar mi biografía y fueron autoridades, chicos, chicas, padres y madres. Les cuento lo que vivíamos nosotros, los miedos; hasta para hacer un habeas corpus tenías miedo al hacer la denuncia. Y un padre se acerca y me dice: “Nora, ahora también”. Es que después de 42 años que empezó la dictadura les hicieron juicio a los estudiantes por una protesta por haber tomado el colegio. El padre me cuenta que su hija salió por la tele y él le pidió: “Nena, no te expongas mucho”, y que ella lo miró y le dijo: “Papá, todos somos iguales”. Yo tengo una frase muy parecida, que también le dije a mi hijo hace muchos años: “Gustavo, no vayas adelante en todas las marchas”. Y él me dijo: “Mamá, ¿sabés qué pasa? Si no voy yo, va el hijo de otra madre, es lo mismo”. Y yo lo escuchaba a ese papá que con ternura pedía que su hija no se expusiera. Aunque hayan pasado tantos años, seguimos con la misma tónica de que meten miedo a la gente.

Escrito por
Gimena Fuertes
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Escrito por Gimena Fuertes
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