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LA CAJA INTELIGENTE

El fenómeno de las series nacionales, la intervención de las plataformas por demanda, la exclusividad de los contenidos web y las mutaciones en las formas de consumo audiovisual, son analizadas por sus protagonistas: directores, guionistas y actores.

Por Damián Fresolone. “Hazles reír, hazles llorar, hazles esperar”, decía el novelista inglés William Wilkie Collins, sobre el éxito de las narraciones seriales en el mundo literario durante el siglo XIX. Varios años después, a inicios del siglo XX, muchas de esas herramientas narrativas fueron llevadas al cine y posteriormente a los radioteatros. Algunos años más tarde, durante las décadas del 50 y del 60, la televisión estadounidense encontró en aquellas palabras de Collins la fórmula para un nuevo formato audiovisual difundido en distintas emisiones: las series. Hoy, caminando el siglo XXI, diversas plataformas web reciclan la receta de la abuela. ¿Cuáles son las razones del boom del consumo de series en la Argentina? ¿Cuánto ayudaron las plataformas por demanda? ¿Se puede hablar de masividad? ¿Qué son las series web? ¿La industria audiovisual cambió definitivamente su negocio? Martín Piroyansky y Alejandro Ciancio, directores; Erika Halvorsen, guionista; Julieta Ortega, actriz, y Karina Castellano, directora ejecutiva de CINE.AR, analizan este indiscutible fenómeno.

Para Alejandro Ciancio, uno de los directores de la multipremiada serie El marginal, los tiempos de la gente han ido cambiando y el medio audiovisual no pudo verse ajeno a la velocidad y la inmediatez con la que hoy se vive: “Las nuevas tecnologías y el uso de las redes sociales modificaron nuestra manera de comunicarnos y generaron nuevos hábitos de conducta. Las series y las plataformas de streaming son el resultado de ese cambio social emprendido por el tiempo. Como todo, ya se irá acomodando porque al momento hay una oferta que empieza a exceder a la demanda del espectador; y a partir de la necesidad de este de ver cuándo quiere y dónde quiere empieza a generarse una repetición de contenidos”.

El director, guionista y actor Martín Piroyansky se inició en la creación de productos audiovisuales en 2009 con el cortometraje No me ama, posteriormente dirigió Abril en Nueva York (2013) y Vóley (2015). Si bien reconoce el vuelco de los espectadores al consumo de series, consecuencia de un fenómeno a nivel mundial, del crecimiento en la calidad de los productos y de la forma de narrar con finales atractivos que obligan al espectador a ver el siguiente episodio, pone cierto reparo al hablar de masividad en las nuevas formas de consumo: “Si lo llevamos a los números locales vemos que aún poca gente tiene la posibilidad de pagar Netflix o internet y mucha ni siquiera tiene computadora. Es una porción pequeña de argentinos la que dejó de ver TV para acercarse a las series en la web o en canales premium”.Erika Halvorsen, licenciada en Dirección Escénica, escritora y guionista de Amar después de amar (2017) y Morir de amor (2018), afirma que mirar series no es más ni menos que consumir historias. “Siempre nos gustó eso. Queremos que nos cuenten historias desde tiempos ancestrales; eso no cambió. Sí creo que tener las series al alcance de la mano puede generar cierta inercia. Antes íbamos al videoclub amigo y pedíamos recomendaciones sobre qué película llevarnos, ahora tenemos todo en un clic”.

Parte del fenómeno multiplicador del consumo de series en los últimos años puede explicarse también por piezas exitosas de la productora Underground, encabezada por Sebastián Ortega y Pablo Culell. El abordaje de temáticas de conflictividad social, la crudeza y la transparencia de la calle y una narración en cadena finita de episodios y sucesos parece ser la pócima de estas creaciones. Así, laproductora lanzó año tras año series exitosas, como La celebración (2014), Historia de un clan (2015), El marginal (2016) y Un gallo para Esculapio (2017). Según Julieta Ortega, actriz en cine, televisión y teatro, el éxito de esta última serie tiene un responsable: Bruno Stagnaro. “Es un director con identidad tentemente en cuánta gente lo vería. Así dirigió Bar San Miguel (2014), El galán de Venecia (2017) y Parecido (2018). “Las series web que hago son un terreno perfecto para la exploración porque no tienen una expectativa comercial. En cambio, si fueran series de TV perdería cierta libertad porque habría productores especulando con la cantidad de televidentes. Esa libertad es lo que más disfruto a la hora de generar contenidos web.” En los productos pensados para internet es muy fácil aburrir, dice Piroyansky, y agrega: “La predisposición que se tiene a la hora de ver una serie web no es la misma que se tiene para ver una película. Las series web te tienen que cautivar mucho más rápido. Un minuto es mucho tiempo, en un largometraje el espectador tiene más paciencia”.

Lo instantáneo, lo inmediato y las pequeñas piezas parecen ser los que triunfan, pero Halvorsen prefiere hacer una pausa: “Yo trato de pensar en la historia que quiero contar y de ser cada vez más personal, estamos tan llenos de referencias, de ruido, que es muy fácil confundirse y diluirse en un híbrido. Pienso en el gran desafío que es siempre tener las mismas ganas de escribir el próximo capítulo; ese mismo entusiasmo es el que experimenta el público cuando necesita ver la próxima emisión”. Cuando Halvorsen escribió Amanda O debía tener en cuenta que el espectador estaría sólo frente a la pantalla. “Por eso el personaje hablaba a cámara, se filmaba y subía videítos todo el tiempo. Amanda era una instagramer antes de que existiera Instagram”, agrega.

UN ALGORITMO NACIONAL

Desde abril de 2017, el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa) consolidó y profundizó su política pública de exhibición de contenidos con el proyecto CINE.AR (ex Odeon, desarrollado en 2015 por la gestión anterior), que unifica las pantallas ya existentes dentro del Incaa bajo un mismo concepto: la puesta en valor de los contenidos nacionales con el objetivo de sumar audiencias. Dentro de CINE.AR se encuentra su versión Play, una plataforma de video por demanda pública y gratuita disponible en todo el mundo. “Este es un proyecto impulsado íntegramente desde el Estado nacional. Un emprendimiento conjunto entre el Incaa y la empresa nacional de telecomunicaciones Arsat, en la que confluyen contenidos nacionales con un desarrollo tecnológico puramente argentino”, comenta Karina Castellano, directora ejecutiva de CINE.AR.

Las cifras hablan por sí solas. Desde su lanzamiento a la fecha, CINE.AR Play incrementó el número de suscriptores en más de un 400 por ciento, pasando de 260.000 a más de 1.200.000 en la actualidad. Dentro de la amplia oferta, hoy pueden encontrarse 600 películas argentinas del catálogo, 150 estrenos en simultáneo con las salas de cine y más de 80 series y series cortas. En los últimos dos años, los usuarios de CINE.AR Play acumularon tres millones y medio de visualizaciones y se registraron más de ocho millones de visitas.

Las plataformas de video por demanda son, además, grandes oportunidades para que los productores visibilicen sus piezas y muchas veces la génesis hacia nuevos negocios o contratos. Castellano muestra esto con un caso empírico: “La serie policial cordobesa La chica que limpia, era un contenido de calidad que no encontraba estreno ni pantalla. Fue publicada por CINE.AR Play en agosto de 2017 y se transformó en la más vista de la plataforma durante todo un año, superando a habituales éxitos, como Los simuladores. Esto le permitió a la productora comenzar a conversar por una segunda temporada en los mercados del mundo y le abrió las puertas para vender el formato a grandes jugadores del sector audiovisual”. Las industrias culturales han reaccionado de diversas maneras frente a los estímulos de las nuevas tecnologías. Mientras que en el sector de la música, lo digital desplazó a lo analógico; en el editorial se mantiene la fortaleza del libro en papel. Hasta el momento, la convivencia entre el consumo tradicional de contenidos audiovisuales y las nuevas plataformas parece ser amigable y hasta complementaria.

 

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