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Caras y Caretas

           

La Noche de los Lápices

El 9 de mayo de 1985, el estudiante sobreviviente declaró en el Juicio a las Juntas ante el juez Andrés D’Alessio. Fragmentos de ese relato.

“El 21 de setiembre, a las cuatro de la mañana, siento ruido, que golpean la puerta. Mi hermano se asoma por la ventana de arriba, le apuntan, le dicen que abra, le preguntan si era Pablo Alejandro Díaz. Entran. Todo se desarrolla muy rápido, eran hombres de pasamontañas, todos con fusiles en la mano. Me agarran, me tiran contra el piso boca abajo. Yo estaba en ese momento con toda mi familia. Los tiran contra el piso boca abajo, empiezan a revisar la casa, me ponen el arma en la nuca, me preguntan si tengo algo. Les digo que no, que no sé de qué se trata, que no hay nada, qué buscaban.

”Cuando ya estaban todos adentro, entró uno a cara descubierta, un señor de edad de 40-45 años, canoso, que posteriormente, por fotos, lo puedo reconocer como el comisario Vives.

”Después me levantan, me llevan dos hombres. Yo estaba atado atrás y ahí veo yo la figura de cuatro coches, los modelos, creo reconocer un Peugeot. Me tiran en el piso, pero ya había otra persona tirada, así que me tiran arriba de esa persona. Cruzamos la ciudad, llegamos, entramos por un portón. Posteriormente me mostraron croquis y creo reconocer que era Arana. Me bajan del auto, me entran en una especie de hall, me ponen contra la pared. Después me agarran y me tiran en una especie de pieza. Estoy un rato ahí, me sacan, me vienen a buscar. Entro en una pieza muy pequeña, me sacan el pulóver, me ponen una venda de paño de seda roja, a la luz era transparente. Me ponen enfrente de este señor que yo había reconocido como el que había entrado en casa. Él me dice ‘¿Y vos qué hacés?’.

”‘Señor, no sé dónde estoy’, le digo. Me dice ‘¿Vos tenés algún grado?’; ‘No sé, señor’; ‘¿Estás en una organización guerrillera, qué pasa con vos?’; le digo ‘No sé’ y me dice ‘Bueno’. Se levanta, va, viene, me dice ‘¿Qué pasa en el colegio donde vos estás, qué andás haciendo?’; yo reconozco que estaba en un centro de estudiantes, era legal, no me imaginaba que era por eso; me dice ‘¿But leés revistas, qué pasa?’; ‘No’, le digo. Yo no entendía nada, entonces dice ‘Traigan a Fulano de Tal’, traen a Fulano, yo no reconozco quién es, y le preguntan ‘¿Y ese Pablo Díaz?’, entonces le dice ‘No, él estaba en un centro de estudiantes, había participado del boleto escolar secundario’; entonces este señor me dice ‘Te salvaste, pero vas a vivir si yo quiero’. Me llevan a la pieza de nuevo, me dejan un tiempo, ahí uno se daba cuenta cuándo era de día, cuándo era de noche, por las torturas; casi siempre de noche, cuando no entra luz, empezaba a escuchar los gritos de las mujeres. Me llevan a un cuarto, me desnudan, me ponen en una especie de catre, me atan. ‘Te vamos a dar una sesión para que no te olvides’, me dijeron. Empezaron a quemarme los labios, los genitales, las encías; no sé cuánto tiempo me tuvieron; las preguntas que me hacían eran que les diga un nombre, ‘Decinos un nombre y te dejamos, otro chico, decinos otro chico’. Esa noche me dejaron. Pasan, me sacan de nuevo, pasa un tiempo, supongo que todo un día, me llevan a una pieza, me dicen ‘Tengo una máquina de escribir, quiero que me relates toda tu vida, contame todo lo tuyo’; yo le empiezo a contar, le digo de la primaria, de la secundaria; me dice ‘Bien, ¿pero conocías chicos que estaban, que eran guerrilleros?’; yo le digo que no sé quién era guerrillero; ‘But decime alguno que te haya vendido revistas o que haya tirado panfletos’; yo le decía que no sé qué. Ya más o menos estaba comprendiendo lo que era eso; él mientras escribía todo o aparentemente escribía.

Dr. D’Alessio: ¿Qué edad tenía usted precisamente a esa fecha? Díaz: 16 años. Dr. D’Alessio: ¿A qué colegio iba? Díaz: 12 y 60, Colegio España. Dr. D’Alessio: ¿De qué, a qué curso? Díaz: Tercer año. Este señor me pone una hoja en blanco, me agarra la mano y me dice ‘No tengas miedo, vas a firmar lo que recién dijiste’. Ahí me vuelven a llevar. Pasó un tiempo, me vuelven a sacar, me vuelven a desnudar, me vuelven a acostar, yo gritaba aún más porque ya sabía dónde estaba. Me empezaron a dar picana y a decir ‘Vos no te vas a meter más, vas a ver’; en un momento me dijo ‘Vos estás jugando, vas a ver’, a uno le dijo ‘Traeme la pinza’, sentí un tirón en el pie, el dolor era todo uno, en un momento pedí que me mataran. Me dejaron, me llevaban alzado, no podía caminar, cuando me tiraron al calabozo me toqué el pie ensangrentado, me habían sacado una uña. Ahí pude escuchar que estaban Víctor Treviño, Walter Docters, Néstor Eduardo Silva, la novia de este, que le decían la Negrita, José María Sun, que le decían Carozo, una chica que le decían la Paraguaya, que ellos se jactaban porque había muerto ahí, decían ‘Murió, tirala a los perros’, le dijo uno ‘Enterrala, qué sé yo, se te murió a vos’.

”Una noche me sacan, me dejaron parado, yo escuchaba que agarraban a otras personas. Vino uno y me dijo ‘Yo soy el sacerdote de acá, va a haber fusilamientos, ¿querés confesarte, querés decirme algo?’, yo le decía ‘Sí por favor, ¿dónde estoy?’, que no me maten, que avisara a mi casa, él me decía ‘¿En qué andabas?’, yo le volvía a decir, le contaba todo. Ahí me sacaron, me pusieron contra un muro; las chicas lloraban, había desmayos, decían ‘Preparen’, sentí la voz de un hombre que decía ‘Vivan los montoneros’, otro ‘Viva la patria’, las chicas decían ‘Mamá, me van a matar’. Yo estaba mudo llorando, tiraron, se escucharon descargas; yo estaba esperando que me saliera por algún lado la sangre, estoy muerto, no estoy muerto…

”‘Bueno, esta vez se salvaron’, al que había gritado ‘Vivan los montoneros’, ‘A vos te vamos a hacer mierda’ le decía, y se lo llevaron, ‘Ustedes vengan, quédense tranquilos’, vuelta a la pieza de nuevo. Una noche después de escuchar otra vez las torturas, me dicen ‘Te vas’. Me sacan afuera. Empezó a andar un micro, nos subieron, era un grupo de 14 o 15 personas. Después de andar un tiempo bastante largo se sienten ruidos, ‘Esperá, abrí el portón’ le grita; entramos ahí, nos dice ‘A ver, vamos, abajo, vos, vos, vos’; nosotros siempre vendados y atados. Me agarraron, yo seguía vendado y atado, todavía con los dolores y las marcas de las torturas, me dolía todo el cuerpo. Subimos como dos pisos, llegamos y nos tiraban a calabozos; una voz me dice ‘¿Quiénes son, quién está?’, yo no hablaba nada, porque no sabía dónde estaba. ‘No tengan miedo, somos chicos también, estamos acá hace unos días’. Yo le digo ‘No sé dónde estoy’, ‘¿Quién sos?’, digo ‘Pablo Díaz’, me dice ‘Yo soy Ernesto Ganga’, empezamos a hablar, ‘Creemos que estamos en la Brigada de Investigaciones de Banfield’. And ahí me doy cuenta de que estaba Ernesto Ganga, Víctor Carminati, Alicia Carminati, Graciela Perna, Horacio Ungaro, tenía 17 años, Claudia María Falcone, tenía 16 años, Francisco López Montaner, tenía 15 años, Daniel Alberto Racero, creo que tenía 18 años, si no me equivoco en la edad de estos chicos. Claudio de Acha tenía 17 años y el 21 de setiembre él me dijo posteriormente que había cumplido 18 años, espero no olvidarme ninguno. María Clara Ciocchini, Osvaldo.

”Las condiciones en ese lugar eran peor que en Arana. Empezamos a hablar y éramos todos de 14, la mayoría 16 años, empezamos a relacionar del boleto escolar secundario, de lo que nos habían acusado a cada uno, de qué era lo que nos habían preguntado. Estábamos vendados, atados los primeros días, durante esa primera semana no comimos, una semana sin comer.

”A todos nos habían preguntado sobre el movimiento que había sido el boleto escolar secundario, sobre por qué habíamos participado, qué hacíamos en el Centro de Estudiantes Secundarios, cuál era nuestra relación, quiénes eran nuestros responsables, si teníamos responsables, qué grados tenías, qué nombre de guerra. Después, cuando se aclaraba nuestra situación, era el nombre de otro chico, nada más. La primera semana no comí, después me cambiaron la venda, me pusieron algodón y cinta adhesiva. Me habían puesto una soga atada al cuello con las manos atrás, cosa que si yo bajaba las manos, me ahorcaba. En esas condiciones teníamos que dormir, dormíamos en calabozo de piso cerámico. Una vez, ya hacía dos meses que llevaba ahí, escuché que sonaba un teléfono, alguien levantaba y decía ‘Brigada de Investigaciones de Banfield’. Nosotros estábamos en ropa interior. Cuando quedaba solo me aflojaba un poco la venda porque los ojos me lloraban, el algodón se iba pudriendo, los ojos se me iban llagando, ya en el último tiempo no veía nada, creí en un momento que había quedado ciego.

”Había un calabozo donde el agua llegaba a diez centímetros, y me tocó estar ahí en una noche de tormenta: yo estaba desnudo, el frío era terrible; yo caminaba, eran cinco pasos de la puerta hasta la pared del fondo. Una vuelta conté 30.000 pasos, y le pedía que por favor me hablaran a los de al lado, que no me dejaran dormir porque tenía un frío terrible; en la celda de al lado estaba Héctor Eduardo Silva, le decía ‘Golpeá’; nosotros hablábamos por la pared: el primer golpe era la A, dos golpes era la B, tres golpes era la C, y creo que lo tuve toda la noche así, que no dejara de hablarme; yo cantaba, así íbamos soportando ese calabozo.

”A espaldas mías había otros calabozos. Yo hablaba siempre con Claudia María Falcone; me relacioné con ella, ella contaba ‘Pablo, fui torturada’. Yo le decía ‘No te preocupes, nos van a dejar afuera, nosotros no tenemos nada’. Yo porque hacía la comparación, como la hacíamos todos, de que no éramos guerrilleros, no habíamos puesto bombas, nos tenían que dejar libres.

”Un día pido hablar, por esta relación que había nacido con Claudia, a un guardia, que dentro de todo era humanitario; me dice ‘Te voy a dar quince minutos pero que no lo sepan, porque me matan’. Me lleva, me da la vuelta, me pone en la celda de Claudia; me levanto la venda; Claudia me dice ‘Pablo, gracias por las fuerzas que me das’. Ella llamaba a la madre todas las noches, llorando, igual que Ciocchini; yo le había dicho que cuando saliéramos, íbamos a empezar una relación, de novios; entonces ella, en un momento me dice ‘No me toques porque fui violada, porque me violaron, cuando estaba en la tortura me dieron vuelta, me violaron por atrás, por adelante’.

”A la noche cantábamos con Claudia, De Acha, tratábamos de mantenernos, de hacer chistes, de ver quién cantaba mejor, quién cantaba.

”Ahí en ese tiempo hubo aproximadamente seis embarazadas en estado avanzado. En un momento dado me sacan, este médico me pone al cuidado de una y me dice ‘Cuando empiecen las contracciones tomale el pulso, empiecen a golpearle la puerta, todos a gritárselo, que la guardia va a subir’.

”En un momento dado, me dice ‘Pablo, empiezan las contracciones, lo voy a tener’. La chica estaba desnuda, tirada en el piso; no sabía qué había que hacer; ‘Empiecen a golpear, chicos’, les decía; todos empezamos a golpear las puertas, a llamar desesperados, éramos todos un grito; viene el guardia, la chica gritaba ‘Me sale mi hijo, me sale mi hijo, Pablo, me sale mi hijo’. Trajeron una chapa, la cargaron, ella se va gritando. Después de un tiempo, no sé si dos o tres horas, se escucha el llanto de bebé, cuando subió la guardia, nos dice ‘Fue varón; no se preocupen, ya ahora va a estar con el hijo, se la va a llevar el médico, ya está bien’. Nunca más supimos nada.”

Escrito por
Pablo Díaz
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