Dentro de la línea evolucionista, la obra discográfica de Aníbal Troilo constituye un Aleph del tango más elegante y popular. Cubre un arco de poco más de treinta años y representa un muestrario de su triple condición de tanguero total: compositor, intérprete y director de orquesta típica. Gran parte de esa obra salió originalmente en discos simples de 78 rpm. Fue ordenada aceptablemente en formato digital a través de 26 CD en 2004 por el sello Sony y hoy puede recorrerse desmalezando la caótica fronda de las plataformas. No es tarea sencilla: hay diferentes álbumes que tienen títulos idénticos, y la información es flaca, confusa o nula. Pero la obra está.
Desde el debut en 1938 con Comme il faut y Tinta verde hasta el vinilo ¿Te acordás… Polaco? (1971), que acaba de ser reeditado en long play, hay Troilo para todo el mundo. Del marcado bailable de cabarets y clubes al perfume de patio de sus trabajos con Roberto Grela, pasando por el brillo de los gloriosos vocalistas de su orquesta, en su figura se conjuga sofisticación y hondura. El corpus principal de esta catedral tanguística salió por RCA. Allí destaca la producción de su período de oro, entre 1941 y 1949. El otro gran período es el comprendido entre 1961 y 1971. Fuera de RCA habría que contemplar aquellos dos primeros tangos de 1938, grabados para Odeon, y los realizados en los años 50 para el sello TK.
A lo largo de la trayectoria hay elementos que se mantuvieron constantes. La relación con los arregladores –Argentino Galván, Astor Piazzolla, Emilio Balcarce, Ismael Spitalnik, Julián Plaza, Raúl Garello…– era estrecha y, se sabe, el arreglo es una entidad fundamental en la historia del género. Cada uno de estos músicos –finalmente, discípulos luego proyectados hacia carreras propias– pasaron por la orquesta como si fuera una universidad del tango. Entendieron que la escritura de un arreglo no debía conspirar contra el baile o el decir de una letra. En esas consideraciones quedaba implícito uno de los núcleos de la música de Pichuco: la economía. Troilo era militante del silencio y la condensación.
POR LAS PLATAFORMAS Como está configurada la distribución y consumo de la música en la actualidad, tal vez sea interesante detenerse en algunas instancias de la obra, como perlas insoslayables que habitan las plataformas digitales.
Dentro de lo instrumental, resulta destacable el primer volumen de Troilo for Export, de 1963. Curiosamente, el disco fue concebido desde las oficinas de Nueva York de la central de RCA Victor, con la idea de utilizar todos los avances de las técnicas de grabación. Ahí refulgen con buen sonido inspiradísimas versiones de piezas como “Responso” (que escribió en honor a su amigo Homero Manzi), “Danzarín”, “Nostálgico”, “Melancólico” y “Nocturna” (los cuatro de Julián Plaza), “La bordona” (Emilio Balcarce) y “Lo que vendrá” (Astor Piazzolla).
Otra alta página del tango instrumental es su alianza con Roberto Grela. Es la consumación del buen gusto, ese entramado bellísimo, por momentos con aires criollos, del sonido de la guitarra junto con el fueye. Entre 1955 y 1956 grabaron con formato de cuarteto, con Edmundo Zaldívar (hijo) en guitarrón y Kicho Díaz en contrabajo. Repitieron en 1962 con Eugenio Pro (contrabajo) y Ernesto Báez (guitarrón). Hay versiones memorables de “La trampera”, “Nunca tuvo novio”, “Madame Ivonne”, entre tantas. En relación con los vocalistas, la lista puede resultar extenuante: Francisco Fiorentino, Edmundo Rivero, Raúl Berón, Roberto Rufino, Alberto Marino, Floreal Ruiz, Roberto Goyeneche, Tito Reyes… Troilo fue un maestro de cantores, y sobresalió por su oído clínico para elegir grandes voces y perfeccionarlas. Existe un registro informal de un ensayo con Nelly Vázquez, que editó Melopea, en que se escucha cómo Pichuco va marcándole con precisión la manera en que debía interpretar “Madreselva”.
Formó binomios insuperables. Con Fiorentino grabó entre 1941 y 1944 versiones de tangos que marcaron un canon, como “El bulín de la calle Ayacucho”, “Tinta roja”, “Los mareados”, “Barrio de tango”; con Alberto Marino, entre 1943 y 1946, “Tres amigos”, “María”, “Fuimos”, “Garras”, “Canción desesperada”; con el Tata Floreal Ruiz, “Yuyo verde”, “Flor de lino”, “Naranjo en flor”, “Marioneta”. Entre todo lo que grabó con Edmundo Rivero, resulta conmovedor el abordaje del repertorio con líricas de Manzi, sobre todo “Sur” y “El último organito”. El Feo también brilló en “Cafetín de Buenos Aires”, “Carnaval”, “El milagro”, “Yira… yira”.
LAS ANDANZAS CON EL POLACO A Roberto Goyeneche lo unió, además, la amistad y la noche. Si bien destacan grabaciones de fines de los 50 y principios de los 60 –“A Homero”, “Toda mi vida”, “El motivo”, “En esta tarde gris”–, es bueno detenerse en el long play que acaba de ser reeditado: ¿Te acordás… Polaco? Este disco representa uno de los trabajos más logrados de la etapa final del tango clásico. El proyecto lo impulsó a comienzos de los años 70 el productor Aquiles Giacometti, entonces ejecutivo de RCA. Giacometti conocía de primera mano la química que se generaba entre Troilo y Goyeneche en las presentaciones en Caño 14. La propuesta fue sencilla: registrar nuevamente algunos de los grandes tangos asociados a Troilo, ahora con la voz del Polaco: “El bulín de la calle Ayacucho”, “Toda mi vida”, “Tinta roja”, “Sur”, “Fueye”, “Barrio de tango”, “En esta tarde gris”, “Una canción”, “Trenzas”, “Fogón de huella”, “La violeta” y “Corazón de papel”. Frente a una obra construida durante décadas a fuerza de discos simples de 78 rpm, ¿Te acordás… Polaco? funciona como un álbum en el sentido moderno del término: una obra concebida como un todo. También terminó adquiriendo un valor inesperado. Troilo moriría en 1975 y aquel disco quedó como su última gran declaración artística.
Previamente, no hay que olvidar el álbum en cuarteto Nocturno a mi barrio, de 1969, con la guitarra de Aníbal Arias, que trae el célebre poema recitado magistralmente por el propio Pichuco, aquel de “siempre estoy llegando”.
Sorprende, en pleno 2026, la vigencia de la obra de Aníbal Troilo. La discografía no pertenece a un museo ni reclama reverencias. Suena en las milongas y se interpreta en tanguerías para turistas y en tugurios para paladares exigentes. Buenos Aires cambió, cambió el mundo, cambió todo. Pero en esas grabaciones todavía puede escucharse, antiguo y moderno al mismo tiempo, un sonido que respira verdad, profundidad musical y el eco de un impacto popular que viene de otros tiempos.
