En 1953 el gobierno peronista le encargó una obra de teatro a Cátulo Castillo basada en el tango “El patio de la morocha”. Aníbal Troilo fue el encargado de la composición musical y Astor Piazzolla de los arreglos. Dentro de los cuadros musicales Pichuco, que en la obra interpretaba a Eduardo Arolas, decidió incorporar “La cachila”, un clásico de la vieja guardia del tango en un formato más intimista y sin orquesta. Se acordó de Roberto Grela, un guitarrista, que había acompañado a Charlo y que formó parte del ensamble de Abel Fleury.
Grela era un músico intuitivo que sabía escuchar y tenía una técnica con la púa que le permitía sacar un sonido preciso y redondo, que había llamado la atención del ambiente musical del tango. En ese momento, tocaba en Radio Splendid con Nelly Omar. “Si no venís vos, no lo hago”, recuerda Grela que le dijo Pichuco para convencerlo.
El dúo Troilo-Grela debutó oficialmente en el sainete El patio de la morocha. Era una sola aparición, donde el bandoneón y la guitarra conversan sobre la melodía de “La cachila” de Arolas. Ese encuentro lo cambió todo. Rubricó no solo la comunión interpretativa de los dos músicos, sino también otro camino posible dentro del tango y con una propuesta más camarística, en pleno dominio de las grandes orquestas: sin saberlo se anticipaban al futuro de las típicas, que serían reemplazadas por formaciones más chicas en los 60 y 70.
El patio de la morocha fue un éxito rotundo durante dos temporadas en el Teatro Presidente Alvear (antes conocido como Enrique Santos Discépolo), y ese musical del dúo fue uno de los más celebrados de la obra. Aprovechando el éxito, el sello TK les ofreció grabar un simple y después el primer disco.
El registro llamado Entre bandoneón y guitarra tiene doce temas y fue grabado entre junio de 1955 y setiembre de 1956, en un período de crisis de Troilo, que estaba separado de Zita, y en medio del golpe militar al gobierno peronista y la toma del poder de la revolución libertadora. Para esa grabación se sumaron Edmundo Zaldívar en guitarrón (conocido por ser el autor del carnavalito “El humahuaqueño”) y Kicho Díaz, contrabajista de la orquesta de Troilo, que le había dado personalidad al sonido de la típica de Pichuco.
BLANCAS PALOMITAS Esa primera grabación será histórica. Sus versiones de “La cachila” y el vals “Palomita blanca” son memorables por la sensación de espontaneidad que generan, pero sobre todo por el conocimiento profundo de los estilos desarrollados dentro del género. Eran dos músicos que no tenían formación académica, pero conocían a fondo los secretos del tango, y cómo manejar los fraseos, los silencios y las acentuaciones que trabajaban sobre la respiración del fueye de Pichuco, como heredero del trabajo desarrollado por bandoneonistas anteriores como Pedro Maffia, Pedro Laurentz y Ciriaco Ortiz, y la versatilidad de Grela, que condensaba en las seis cuerdas una orquesta, por su manera de manejar los contrapuntos, las voces melódicas y ese tempo suspendido que había aprendido acompañando a grandes cantores como Charlo.,
“La elección de ‘La cachila’ parece no ser casual: la interpretación de Troilo y Grela –como antes la de Pugliese– en la segunda parte de este antiguo tango encierra células melódico-rítmicas que inspirarán a Piazzolla en muchas de sus creaciones (‘Verano porteño’, por ejemplo)”, dicen los autores Javier Cohen y Fernando Vicente en el libro Siempre estoy llegando. El legado de Aníbal Troilo, de Libros del Zorzal.
Ese diálogo entre los dos instrumentos da la sensación de que la obra se está componiendo mientras la tocan. “Nadie conoció a Pichuco como lo conocía yo, porque pasamos muchas horas juntos”, dijo Roberto Grela sobre la química musical de la dupla. Ese conocimiento personal también se trasladó a esa libertad musical para tocar. “¿Qué diferencia hay entre una tangueada y una jam sesion? Ninguna. Una noche Troilo me dijo: ‘Vamos a tocar “Nunca tuvo novio”’. Yo no conocía la melodía. Él la hizo un cachito en el camarín. Al rato la hicimos en el escenario como si la hubiésemos ensayado toda la vida”, recordaba el guitarrista.,
Troilo, que había patentado un estilo con su orquesta, sus arregladores, su famosa goma de borrar, su sentido rítmico para el baile ahora proponía otra intimidad musical. El tango podía ser una forma de pensamiento musical. “Vos hablás, yo te escucho, y cuando vos te callás yo hablo. Cuando acompañás, apoyás lo que el otro está haciendo. Nunca usás el instrumento para interferir a otro. Ese fue el gran secreto de Pichuco”, decía Grela sobre su compañero.
El encuentro entre ambos produjo una transformación más amplia y modificó la idea del pequeño formato dentro del tango. Dos instrumentos bastaban para construir un universo completo. El dúo permitía escuchar con mayor claridad cada detalle, la emoción contenida del fueye de Pichuco en cada fraseo y el ataque preciso de la púa de Grela, marcando la pausa rítmica antes de la frase siguiente en temas como “A Pedro Maffia”, una composición de Troilo que estrenó para el dúo.
Fueron pocos los registros de la dupla entre 1953 y 1963, apenas dos LP, pero esas pocas grabaciones para el sello TK, y después para RCA Victor, se convertirán en un legado y un camino para otras duplas musicales con el paso del tiempo. Cada nueva escucha permite descubrir algo que antes parecía oculto, esa combinación de un sentimiento melancólico, como si estuvieran en el patio de una casa, la emoción contenida en cada nota, y una arquitectura musical compleja.
Las versiones del dúo grabadas en las sesiones del 21 de agosto de 1962 (que dieron paso al segundo álbum, donde en la tapa se veía un fresco de la noche porteña) dejaron plasmados tangos como “Madame Ivonne”, “La trampera”, “Mi noche triste” y la milonga “La tablada”. Ofrece desde los primeros compases una identidad sonora, donde ninguno de los dos instrumentos intenta ocupar todo el espacio.
La guitarra de Grela establece una atmósfera. No se limita a marcar el ritmo sino que propone un clima armónico que prepara la entrada del bandoneón. Sus acordes tienen una sonoridad abierta, con resonancias que permiten que el sonido permanezca suspendido. En esas versiones, puede escucharse cómo Grela modifica sus acompañamientos según las decisiones de Troilo. Cuando el bandoneón demora una resolución, la guitarra prolonga la tensión armónica. Cuando la melodía avanza con mayor impulso, la guitarra responde con otro movimiento musical. La emoción surge de los matices.,
Sus grabaciones no solo forjaron una escuela dentro de las duplas de bandoneón y guitarra – Marinero Montes y Aníbal Arias, Julio Pane y Juanjo Domínguez, entre otras–, sino que son materia de estudio. “El dúo que hizo con Troilo simplemente fue insuperable”, dice Aníbal Arias, en el libro Troilo, una teoría del todo, de Mariano Suárez y Miguel Ángel Taboada, editado por Mil Campanas, que analiza exhaustivamente ese período.,
Troilo y Grela trabajaron juntos con su cuarteto hasta 1965, incluso acompañando cantantes como Edmundo Rivero y ocasionalmente algún intérprete advenedizo como Palito Ortega, ícono de la nueva ola que estaba desplazando al tango. Fue como una profecía. Una de las últimas actuaciones de Troilo y Grela fue para la película Buenas noches, Buenos Aires, dirigida por Hugo del Carril. En una de las escenas la dupla ejecuta el tango “Mi noche triste”. En esa misma película aparece otra secuencia donde un grupo de jóvenes aparece bailando rocanrol. Era el futuro, o el fin de una época.
