Del 14 de abril al 14 de mayo los sonidos de la América ancestral, en diálogo con lo orquestal, resonaron en escenarios y en reservas indígenas de Estados Unidos: hasta allí viajó la Orquesta de Instrumentos Autóctonos y Nuevas Tecnologías (OIANT), de la Universidad Nacional de Tres de Febrero. Fue fundada en 2004 por el compositor, director, investigador y educador Alejandro Iglesias Rossi –de largo cabello blanco– y por la eutonista y musicóloga Susana Ferreres, bajo una potente visión: dar a los instrumentos nativos el mismo peso ontológico de los instrumentos europeos. Así, fusionan sonidos milenarios (mayas, aztecas, incas, mochicas y nazcas) con las tecnologías digitales: es un largo viaje.
Y entre abril y mayo, en el marco de la gira “Sonidos de la América oculta”, la OIANT llevó su trabajo múltiple –de composición, interpretación, luthería, coreografía, escenografía y creación de máscaras– a Estados Unidos, gracias a haber ganado la Convocatoria Especial Ibermúsicas – Mid Atlantic Arts 2024: fueron invitados a dar seminarios y conciertos, y a dialogar con referentes espirituales de las Naciones Nativas de Minnesota, Dakota del Sur y Dakota del Norte. Bajo dirección de Alejandro Iglesias Rossi también dieron conciertos sinfónicos y de cámara en el Berklee College of Music de Boston, Nueva York, Washington D. C., Minneapolis, Grand Forks, Virginia y Baltimore, entre otros destinos. ¿Cómo lo vivieron?
“Esta gira fue presentada por Indigenous Roots, American Composers Forum, North Dakota Museum of Arts, Grand Forks Symphony Orchestra y Artworking Productions, junto a Ibermúsicas y Mid Atlantic Arts”, repasa Iglesias Rossi. ¿Cuál fue el disparador? “La gente de American Composers Forum, que nuclea a los compositores en Estados Unidos, para los 250 años de la independencia quiso hacer una declaración de principios de otros Estados Unidos y generó un proyecto que se llama ‘Recomposing America’. Para ellos era fundamental que las naciones originarias, que las reservaciones indígenas, tuvieran una voz. Y desde American Composers Forum hicieron la conexión con nosotros. Eso posibilitó el viaje.”
Los pueblos originarios norteamericanos “tienen una profecía que dice que el águila y el cóndor tienen que volver a volar juntos –el Norte y Sudamérica–, así que nuestra gira fue providencial. A la par, habíamos aplicado a Ibermúsicas, que tienen un convenio con Mid Atlantic Arts, y juntamos las dos oportunidades”, repasa Iglesias Rossi. “Al igual que en la película OIANT, música para un futuro ancestral, de 2022, de Nacho Garassino, que muestra nuestra gira por Cusco, en Norteamérica enseñamos a construir instrumentos del Tawantinsuyo y conectamos las memorias musicales de América del Sur con las del Norte: la vanguardia que representan estos instrumentos antiguos.”

El cóndor y al águila
De la Berklee pasaron al Jalopy Theatre de New York; del Workshop Columbia Heights Education Campus, en la Universidad de Bucknell, en Pennsylvania, se trasladaron al Concert Weiss Center Music Hall; del District Sounds Festival, en Washington, pasaron a dar un workshop en Creative Alliance, en Baltimore. Luego transcurrieron los conciertos en el Indigenous Roots Cultural Center, de “Recomposing America”, en Minnesota, y en diversas reservaciones indígenas y escuelas de Dakota del Sur y del Norte, entre otras. “Conocimos referentes increíbles –recuerda Iglesias Rossi– y en Minneapolis tomamos conciencia de todos los muertos del ICE (el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas).”
“Una de las cosas que me llamó la atención es el nivel de infraestructura edilicia que tienen las escuelas primarias y secundarias de las reservaciones, y que es financiada por los estados”, cuenta el director de la OIANT. “También estuvimos en colleges de las reservaciones: una parte es lo que les da el Estado, por los tratados que tienen, y otra por los casinos de las reservaciones, donde están trabajando mucho en la lengua así como en las tradiciones. Hay toda una búsqueda de retornar a las raíces, pero siempre con la claridad de que están puestos en un rincón por culpa del Estado.”
La Turtle Mountain Reservation, en donde fueron parte del festival de música de cámara “Sounds of the Prairie”, escribió sobre la OIANT el 6 de mayo, mientras estaban en pleno viaje: “Sus presentaciones son envolventes y poderosas. Cada actuación cautiva a los oyentes y transmite una emoción y energía que perdura. El público se sintió conmovido y se levantó a bailar con los músicos. Con un profundo énfasis en la cultura, el patrimonio y el medio ambiente, se creó un espacio para la conexión. En comunidades como la nuestra, donde las raíces indígenas son fuertes, la conexión se sintió natural”.
Además, desde la Turtle Mountain Reservation consignaron: “Amelia (miembro de la OIANT) compartió la belleza de sus instrumentos hechos a mano, demostrando cómo los elementos naturales, incluso el agua, pueden usarse para crear sonido y música. Compartieron la historia de sus instrumentos y explicaron la conexión entre su creación y su propósito. Esto añadió una sensación de asombro y aprecio por la creatividad arraigada en la tierra”. Una experiencia, entre varias, que fue reflexiva y poderosa, y que cruzó pasiones con las memorias indígenas del Norte: los caminos se volvieron parte de una misma búsqueda.
¿Qué piensa Iglesias Rossi? “En un momento yo hablé de la tradición de los cuatro elementos en los instrumentos: la tierra pasada por fuego, que se convierte en cerámica, entre el aire y adentro hay agua. Y el quinto elemento es el alma de quien insufla: de quien está tocando. Y un referente originario lakota me dijo: ‘Esto me hace acordar a algo que decimos nosotros, que cada mañana agradecemos a las siete direcciones: norte, sur, este, oeste, arriba, abajo y vos. Cada uno de nosotros es una dirección’.” Después, en las reservaciones “nos cantaron niños y fue increíble. En esos espacios es fundamental el intercambio, no sólo el concierto. O llamaban al contador de cuentos para que subiera”.
En uno de los encuentros, un referente indígena les dijo: “Les quiero obsequiar un canto de cuna”. Lo tocó y luego ofreció un canto a Dios: “Empezó a interpretar y se levantaron todos los indígenas como si fuera el himno. Fue hermoso”, recuerda Iglesias Rossi. Y varias veces les dijeron: “Ustedes están haciendo algo sobre lo cual tienen conciencia hasta qué punto llega. Son portadores de algo que no podemos dimensionar”. Además, “es muy fuerte sentir en carne propia la resistencia indígena en América y cómo se vive en Norteamérica. El tipo de colonización anglófila fue bestial y ellos están trescientos años después aguantando. Increíble”.
El último concierto de la OIANT, el 13 de mayo, fue en Minneapolis: un intercambio cultural en el marco del proyecto “Recomposing America”, de American Composers Forum e Indigenous Roots. “Se llamó ‘el reencuentro del cóndor y el águila’ –dice Iglesias Rossi–. Al concierto lo organizaron en una iglesia, a dos cuadras de donde mataron a dos muchachos por el tema del ICE. Nos contaron las historias y fue conmovedor. Lo fundamental fue poder intercambiar y ver cómo ellos apreciaban lo que les llevábamos y lo agradecían. En este viaje apareció una forma nueva de espiritualidad, un arraigo, una resistencia y una reverencia por los elementos de la tierra, que confirmó el camino que hacemos hace tantos años.”

