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Caras y Caretas

           

Los pichi-Messi

La Scaloneta se enfrentará contra Inglaterra el mismo día que Fogwill cumpliría 85 años. Su novela Los pichiciegos recuerda la épica de esta rivalidad, de la que nació la mano de Dios.

Este 15 de julio el escritor argentino Rodolfo Fogwill cumpliría 85 años. El provocador, el outsider, el enfant terrible de la literatura argentina, que escribió con premura una novela que anticipó lo que sería una causa perdida, en este caso, una guerra: Los pichiciegos. La leyenda o el mito dice que Fogwill escribió esta ficción sobre el conflicto con los ingleses porque el 2 de abril de 1985 llegó a la casa de su madre para visitarla y cuando abrió la puerta ella miraba la televisión y al verlo le dijo: “¡Hundimos un barco!”. Ese fue el detonante para que el escritor se internara a escribir el relato. No se sabe si consumió whisky, cocaína, ni la cantidad de días que se encerró para escribir esta novela, pero lo cierto es que lo hizo rápido y con el tiempo y terminada la guerra devino clásico literario.

Los pichiciegos son un grupo de 25 soldados argentinos que construyen un refugio subterráneo para desertar en plena guerra de Malvinas (entre abril y junio de 1982), conflicto bélico contra la Inglaterra comandada en esa época por la Dama de Hierro, Margaret Thatcher. Una guerra que también fue a pleno por la dictadura militar que azotó a la Argentina entre 1976 y 1983, como para borrar los crímenes de lesa humanidad que cometieron los militares contra el pueblo argentino.

Los combatientes de Fogwill fueron de esas generaciones que, tal vez, vio el escritor que se encantaron por ese falso patriotismo que instaló la cúpula militar argentina. Los jóvenes deciden construir un refugio subterráneo que después el autor, en el derrotero del relato, denomina la pichicera. La idea de los desertores era que ese refugio les sirviera para sobrevivir de la guerra e incluso crear una especie de comunidad con sus propias normas.

La dinámica de este colectivo va a girar en torno de las necesidades básicas de todo ser humano: alimentarse, cuidar la cueva, sociabilizar mediante historias de vida para no caer en la locura, no ser descubiertos y aprovechar la noche para salir y disfrutar el aire puro del exterior.

Un día, mientras las explosiones sucedían allá arriba, un soldado apodado el Santiagueño exclama: “¡Con qué ganas me comería un pichiciego!”. Todos se rían. “¿Qué? ¿Nunca comieron pichiciegos?”. Y entonces cuenta una teoría sobre los pichiciegos, unos bichos que viven bajo tierra y tienen una especie de coraza, no ven y son nocturnos, cuando quedan boca arriba no pueden enderezarse, son comestibles y ricos, más deliciosos que la vizcacha.

La anécdota del Santiagueño cae graciosa y alza el ánimo de los soldados que de inmediato se autodenominan “los pichis” porque ya no existían para el ejército argentino. La pichicera era su casa, su refugio, su esperanza, un cosmos donde podían imaginar un porvenir mejor.   

Un aura patriota

“¿Qué tiene que ver Los pichiciegos de Fogwill con la Scaloneta y Messi?”, se preguntarán los lectores curiosos o las lectoras atentas. A continuación la explicación.

Rodolfo Fogwill.

Este Mundial de 2026 es la sexta Copa del Mundo de Lionel Andrés Messi, ya considerado el mejor futbolista de todos los tiempos, no solo por su talento innato a la hora de jugar a la pelota sino por todos los records que acumula y que él mismo sobrepasa: por ejemplo, en este torneo es uno de los goleadores con ocho anotaciones y es el mayor goleador en todos los mundiales con veinte goles.

Pero la Scaloneta, que jugaba de memoria y tenía un nivel superlativo, bajó su intensidad y ritmo. Tal vez sea porque uno de sus próceres, Ángel Di María, pieza clave en el equipo de Scaloni en la final contra Francia en el mundial pasado, se retiró de la Selección. Esta nueva selección con Messi de 39 años viene con un juego impreciso, carente de potencia física y parece que todo recae en el capitán.

Algunos grandes analistas del fútbol argentino, como Andrés Burgo, dicen que este equipo tiene el mismo karma que el de Italia 90: jugadores cansados, agotados por las extenuantes temporadas en sus clubes y dependientes, en ese caso de Maradona, a pesar de lo cual avanzaron en la competencia con una voluntad de fierro, tal vez emanada por su líder, que se podía poner al hombro cualquier batalla. Hábilmente, Burgo suelta una metáfora del accionar de ese equipo de Bilardo con la canción que cantaba la Negra Sosa: “Relucieron ese viejo gen del fútbol argentino, el que parece jugar cantando ‘Como la cigarra’: ‘Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo estoy aquí, resucitando’.

Está selección de Scaloni tiene el mismo cansancio, el mediocampo sobre todo: Enzo Fernández, Alexis Mac Allister, Rodrigo De Paul junto a los laterales, Nahuel Molina y Gonzalo Montiel, han demostrado que están físicamente mal, o agotados, de tanta competencia. Fernández y Mac Allister juegan en la Premier League, uno de los torneos más competitivos del mundo, no han tenido descanso. De Paul pasó a jugar en el Inter de Miami y parece que eso lo afectó físicamente.

Otro caso es el de Julián Álvarez, que tras una exigente temporada en el Atlético de Madrid del Cholo Simeone parece agotado. Recién retomó el ritmo con ese golazo ante Suiza por los cuartos de final. Lo mismo se podría decir de Lautaro Martínez, que fue campeón con el Inter de Milán y fue clave no solo contra Suiza sino contra Egipto por los octavos de final.

Sin embargo, a pesar del cansancio de sus piernas, el estado mental de este equipo de Scaloni es admirable: apoyados, resguardados, dirigidos por su capitán Lionel Messi, de casi cuarenta años, han luchado contra la adversidad con temple, coraje y con ganas de un porvenir glorioso por su país y sus familias.

Estos jugadores son como los pichiciegos de Fogwill: su guarida, su confort, su lugar en el mundo, su sueño, su propósito está en Messi, con él hasta el fin del mundo, con él están listos para enfrentar a la Inglaterra de Harry Kane, y quién sabe, traer ahora el karma del 86, la mano Dios del Diego y el mejor gol de la historia, y por qué no homenajear a los excombatientes de Malvinas que pusieron su cuerpo y su sangre por el territorio argentino y gritar al mundo: “¡Nunca más!” y “¡las Malvinas son argentinas!”.

Escrito por
Andrés Lasso Ruales
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