Hay dos formas de ver la realidad argentina en la actualidad. Una es desde la pantalla de la computadora en planillas o archivos Excel, que muestran ciertos números macro en azul (algunos, no todos) e inducen al Gobierno a decir que la economía está creciendo porque a nivel agregado el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) dio una expansión de 4,4 por ciento en 2025.
La otra, que analizaremos más abajo, es desde la calle misma y en medio de la realidad de un mercado laboral complejo, con salarios que cada vez pierden más frente a la inflación, con endeudamiento de las familias y una sábana cada vez más corta para cubrir con los magros ingresos la canasta de consumos básicos de bienes y servicios.
En este contexto, el relato libertario tiene corta vida, porque ya en enero de 2026 la medición desestacionalizada (descontando la inflación y factores estacionales) arrojó un crecimiento de apenas 0,4 por ciento y en febrero directamente dio en rojo (-2,6%), llevando el acumulado del primer bimestre (último dato oficial disponible) a una contracción de -0,2 por ciento. Y todo esto antes de que estallara la guerra en Medio Oriente, se disparara el precio internacional del petróleo y aumentaran las principales materias primas.
Más interesante aún es observar cuáles son los rubros que crecieron y cuáles cayeron en esta medición del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Las mayores subas en febrero se registraron en Pesca (14,8%), una actividad sujeta a la disponibilidad de recursos y en la que la incidencia de factores coyunturales es importante.
También crecieron Explotación de minas y canteras (9,9%), Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (8,4%) e Intermediación financiera (6,0%). Es decir, los que traccionaron la actividad son los beneficiarios del modelo libertario, minería y energía, a los que se suman el agro y la ganadería, dos motores de la actividad ya conocidos a lo largo de toda la historia del país, y la particularidad de la pesca, que tiene una incidencia acotada en el índice final. Y claro, también los bancos.
El fondo del pozo
En contraste, cayeron fuerte la Industria manufacturera (-8,7%), el Comercio minorista y mayorista (-7,0%), Electricidad, agua y gas (-6,0%) y, como no podía ser de otro modo, Impuestos libres de subsidios (-4,2%).
La hoja de ruta del Gobierno tiene casi como único objetivo bajar la inflación, y la receta que está aplicando es la clásica, sin emisión, pero también desplegando una política monetaria muy restrictiva, que literalmente “secó la plaza” de pesos para que no vayan a consumo empujando la suba de precios, ni vayan a comprar dólares, la otra fuente de temor de la Casa Rosada.
El problema es que sin plata en la calle, la gente no corre al dólar, ni tampoco a la carnicería o la verdulería, o lo hace menos veces a la semana y, además, compra menos productos.
Bajar la inflación como prioridad sin duda es una meta plausible. Todos sabemos que la inflación pega más fuerte en los sectores vulnerables de la sociedad, que no tienen capacidad de cubrirse de los aumentos, anticipar compras –porque llegan con lo justo– ni pueden trasladar a precios las subas, como pueden hacer quienes no son asalariados.
Así, lo que se resiente es la actividad económica, que termina pegando por vía indirecta al comercio, a las diversas industrias, a la construcción, todos sectores orientados al mercado interno y que, en cierta medida, dependen del bolsillo de la gente.

Recaudación en caída
Esto se ve claramente en los datos de recaudación. “En abril de 2026, se habría registrado la novena caída real interanual consecutiva de la recaudación tributaria nacional total, de un 3,8 por ciento real”, señala un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), en un contexto en el que “los únicos tributos que habrían tenido un incremento de recaudación serían el Impuesto a los Combustibles Líquidos con una suba del 31,7 por ciento y el 2,2 por ciento el Impuesto al Dióxido de Carbono (IDCB)”.
Hay que aclarar que el condicional se usa porque los datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) muestran variaciones en términos absolutos, y dado el contexto inflacionario que atraviesa la economía, todos los datos de recaudación son positivos con subas significativas, pero cuando se deflacta el dato por inflación, en muchos renglones la variación termina siendo negativa.
El cuarto mes del año bajaron fuerte los tributos relacionados con el comercio exterior como los derechos de exportación (-34,4%) y aranceles de importación (-12,5%), también cayeron los Impuestos Internos (-21,1%) y Bienes Personales (-15,3%). Las claves hay que buscarlas en otros rubros de la recaudación.
El principal impuesto que recauda el fisco es el IVA neto de devoluciones y reintegros, que “habría tenido una baja de recaudación del -3,0 por ciento en términos reales (descontando la inflación) respecto de abril de 2025”, señala el Iaraf.
El segundo tributo de mayor importancia relativa, que es Aportes y Contribuciones de la Seguridad Social, es decir, los pagos a la Anses por trabajadores en relación de dependencia, “habría descendido un -4,3 por ciento real interanual”.
El Iaraf aclara que entre los factores que explican esta performance hay que mencionar “el comportamiento del salario real y de la cantidad de empleo formal”. Más claro, echarle agua.
Bajo este panorama complejo, el primer cuatrimestre del año dejó un saldo negativo a ARCA, sucesora de la AFIP. “La recaudación tributaria nacional total habría descendido un -6,7 por ciento real interanual durante el primer cuatrimestre de 2026”, señala el Iaraf.

“Motosierra” en alimentos
El correlato es una fuerte caída en los indicadores de consumo, incluso de aquellos rubros indispensables o de primera necesidad. Al respecto, el último relevamiento de la consultora Scentia, especializada en seguimiento del consumo masivo, que incluye alimentos, bebidas, productos de limpieza e higiene personal, terminó en marzo con una caída de -5,1 por ciento interanual, siguiendo la tendencia de los dos meses anteriores.
Así, en el primer trimestre del año las ventas en cadenas de supermercados, autoservicios independientes, mayoristas, farmacias (sin contar medicamentos), kioskos y locales de cercanía y el canal e-commerce marcaron un bajón de -3,1 por ciento en relación con el mismo lapso del año anterior, aclarando que “este período podría estar influenciado por otros gastos estacionales, tales como vacaciones, colegio, etcétera”, dice Scentia.
Traducido a lenguaje llano, si es verano y la gente gasta algún dinero en vacacionar o empieza un nuevo ciclo escolar y hay que pagar matrículas, cuotas, comprar uniformes y útiles escolares, no hay plata para todo y en algo hay que recortar.
Dos miradas
Esta es una foto de la realidad argentina, la que ven, sienten y sufren los argentinos que caminan las calles y los barrios populares, y no trajinan despachos o miran los cuadros de Excel, cada vez más parecidos al “diario de Yrigoyen”.
Pero más preocupante que eso es la visión de la realidad y de las soluciones que imagina el Gobierno, que auguran más de lo mismo, o sea, una profundización del ajuste.
Durante la AmCham Summit 2026, que se desarrolló el pasado 14 de abril en el Centro de Convenciones Buenos Aires, el presidente Javier Milei dejó una clara sentencia ante una multitud integrada por empresarios y representantes de empresas estadounidenses con intereses en el país.
“La teoría económica y la evidencia empírica dice que lo que tenemos que hacer es mantener el equilibrio fiscal, seguir apretando el gasto, seguir con la motosierra”, enfatizó Milei.
Y por si quedaban dudas, puntualizó: “La motosierra no se detiene. En la última reunión de Gabinete di la orden expresa de que la motosierra no para. Vamos a seguir recortando el gasto público para poder seguir bajando impuestos, porque los impuestos son un robo”, disparó, levantando aplausos de los empresarios, muchos de los cuales luego se quejan cuando el Gobierno avanza con la apertura de la economía.
