El domingo se abrió un nuevo capítulo en la historia de Colombia. También la consolidación del modelo que comenzó a instaurarse con el primer período del estadounidense Donald Trump. A ese triunfo, sin embargo, en 2022 le había seguido una victoria histórica en el país de las mariposas amarillas de Mauricio Babilonia. La izquierda gobernaría por primera vez una nación donde sectores olvidados y violentados por décadas serían reconocidos. “Los nunca” del candidato que triunfó en el preconteo, Abelardo de la Espriella, eran, en realidad, los de siempre, los que siempre habían sido víctimas y excluidos y pasarían al primer plano. Como pasaron, efectivamente, en el mandato de Gustavo Petro. Había logrado el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva volver al Palacio de Planalto, tras los cuatro años de Jair Bolsonaro, hoy condenado por intento de golpe de Estado. Incluso México había mantenido su línea al elegir a Claudia Sheinbaum como nueva presidenta en 2024. Y Uruguay, aunque insignificante en términos político-económicos al lado de países de las dimensiones de Colombia, Brasil y México, había vuelto a elegir al progresismo ese mismo año.
La tríada conformada por Petro, Lula y Sheinbaum ha logrado hasta ahora colocar ciertas barreras a la arremetida de Trump tras su segunda asunción en 2025. Solo esa alianza cumple esa función porque, mientras en esos tres países gobierna el progresismo, Argentina, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Honduras y Chile giraron o se mantuvieron en la derecha.
Desde el domingo a la noche, abogadas y abogados que respaldaron al candidato oficialista, Iván Cepeda, trabajan en Colombia en verificar los resultados de las mesas de votación. La celeridad con la que llamaron a los profesionales desde las filas del partido de gobierno, Pacto Histórico, la produjo el hecho de que su contrincante le ganara por el 0,95 por ciento. Unos 250 mil votos sobre el segundo, en una elección con una participación histórica del 63,6 por ciento (26 millones de colombianos), marcaron el triunfo del ultraderechista en el conteo incial.
Al momento, la fuerza política ha presentado más de 50 mil impugnaciones tras conocerse esos resultados. En tanto, este martes comenzó el escrutinio, cuyos porcentajes arrojados serán los jurídicamente vinculantes a la hora de determinar quién es el presidente electo. Este escrutinio empezó con la negativa del Consejo Nacional Electoral (CNE) de trasladar hacia Colombia las valijas con el material electoral físico con los votos del exterior, otro hecho denunciado por el Pacto Histórico. Antes de la jornada electoral dominical, observadores internacionales e integrantes del oficialismo habían denunciado que, en los consulados en Canadá, Estados Unidos y, particularmente, en México, hubo jurados en las mesas de votación que no eran colombianos residentes en esos países sino turistas, que estaban temporalmente allí por el mundial, ligados a Abelardo De la Espriella. La mayor cantidad de colombianos en el exterior viven en Estados Unidos. Allí sufragaron 223.373 personas, un número cercano a la diferencia a nivel general entre Cepeda y de la Espriella, con un porcentaje de 18,4 por ciento para el primero contra un 80,57 para el segundo. Con este panorama, desde el oficialismo se miraba con particular interés lo ocurrido en el extranjero, pero el CNE no aceptó su solicitud.
Asimismo, la injerencia del gobierno de Estados Unidos en los días previos a la elección no fue denunciada luego de conocidos los resultados. Antes de los comicios, aun legisladores demócratas del país del norte se habían manifestado contra la participación de su gobierno en una elección extranjera. Dos veces Trump respaldó públicamente a De la Espriella, condicionando, en su segundo pronunciamiento, el apoyo de su país a Colombia, a su triunfo. Estados Unidos es el principal socio comercial de la nación cafetera. Además, De la Espriella pidió a las cabezas de la administración Trump que revocaran visas de supuestos responsables de compra de votos ligados al gobierno de Petro y la campaña de Cepeda. Esas denuncias no las hizo ante la Justicia colombiana.

También las autoridades del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, en su silga en inglés) detuvieron en Arizona Beto Coral, el activista de izquierda que había hecho campaña contra De la Espriella. Quien vivía en Estados Unidos desde 2015, cuando había pedido asilo, no fue detenido por irregularidades en la documentación durante su estadía, informó el periódico New York Times. A raíz del memorándum al que tuvo acceso el medio, se confirmó que, lejos de eso, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Marco Rubio, ordenó su detención bajo el argumento de que Coral utilizó su residencia en Estados Unidos para respaldar al actual gobierno colombiano. Para Rubio, que este martes amplió las sanciones a Cuba, admitir que Coral permaneciese en territorio estadounidense “socavaba los intereses de la política exterior de Estados Unidos en los procesos democráticos de Colombia y daba a entender que los extranjeros pueden usar plataformas estadounidenses para llevar a cabo campañas de desinformación con motivaciones políticas y acciones jurídicas contra actores democráticos extranjeros”.
A dos días de realizadas las elecciones, parlamentarios demócratas dirigieron una nueva nota a Rubio y al secretario de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, Markwayne Mullin, pidiendo la inmediata liberación de Coral, basándose en el fundamento reiterado de que su país debe ser “un defensor de los derechos humanos, no un abusador”.
La justificación del arresto de Coral por generar desinformación tiene como contracara la denuncia penal realizada por el director general de la Unidad de Información y Análisis Financiero de Colombia, Wilmar Mejía, ante la Fiscalía General de la Nación, contra una “presunta red delictiva transnacional, denominada Ajax u Operación Limpiador, que opera detrás del portal PetroLeaks, utilizando esta página como un elemento central de guerra reputacional y desestabilización contra el gobierno” de Petro. El funcionario aseguró que se trata de una “operación de información negra”. En la web se encuentran notas con títulos tales como “La supuesta conexión de Iván Cepeda con las FARC y los silencios sin respuesta”. La presentación de Cepeda como aliado de las FARC, incluso como guerrillero, fue un dato falso instalado por parte de la campaña de De la Espriella, con el fin de deslegitimar a su adversario.
Pero el respaldo del, hasta el domingo, candidato de la extrema derecha no se limita a los mandatarios ideológicamente afines de la región y a Trump, el primero en llamarlo para felicitarlo. También recogió el saludo de la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, y del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, cuyo accionar celebró en repetidas ocasiones. “Los amigos de Israel siguen ganando”, festejó el lunes Netanyahu.

La izquierda vive y lucha
Aun si el escrutinio confirma la victoria de De la Espriella, la candidatura de Cepeda logró una remontada muy significativa entre la primera y la segunda vuelta. Es cierto, no todos sus votos fueron de izquierda. Muchos son de centro, muchos se acercaron por el susto ante la promesa de un modelo de reducción del Estado, del gasto público, de una política de seguridad que ya ha demostrado fallar, de la subordinación a la administración Trump y al discurso violento sustentado en “destripar” al adversario. De todas formas, la militancia de las organizaciones sociales de izquierda y progresistas, no siempre político partidarias, en defensa de derechos obtenidos en este período, fue el motor de la campaña que terminó con un resultado tan ajustado.
La potencia de esa base, prácticamente la mitad de quienes votaron en estas elecciones, da cuenta de que hay una parte importante de la ciudadanía que celebra las políticas de este gobierno, pese a las varias críticas que le hacen. El Pacto Histórico consiguió obtener, en las elecciones legislativas de marzo, la mayor cantidad de representantes y senadores en el Congreso. No tiene mayoría en ninguna de las cámaras y llegar a conformarla podría ser mucho más costoso que para De la Espriella quien, si bien tiene una bancada infinitamente menor, cuenta con muchos legisladores de derecha de otros partidos, en especial del Centro Democrático de Álvaro Uribe, a los que acudir. Pero el solo hecho de haber obtenido esa votación tras cuatro años de gobierno, en un país gobernado tradicionalmente por la derecha, una votación mejor que la de 2022, como fue superior la de Cepeda que la de Petro, demuestra que habrá muchos que, en la tierra de Jorge Eliécer Gaitán y Gabriel García Márquez, resistan la embestida, no de Abelardo, sino de Trump.
