Estrenada en octubre último en el Teatro El Extranjero, ¿Dónde está Mónica?, de Sonia Novello y dirigida por Maruja Bustamante, está inspirada en un caso real, la misteriosa desaparición de una joven a fines de los años 90. El próximo fin de semana tendrá una función callejera gratuita en la esquina de Parque Chacabuco donde ella vivía. En esta entrevista, la autora de la obra revela a Caras y Caretas los pormenores de este trabajo con tanto de autobiográfico.
–¿Cómo surge esta obra?
–La obra está inspirada en un caso real: la desaparición de una amiga mía de la infancia (Mónica Liliana Spinetto) en 1997 en la noche de Navidad. Me interesaba traer esta historia, que en su momento, por distintos motivos, pasó bastante desapercibida. De todos modos, la obra, no deja de ser una recreación de la historia en donde la memoria juega un rol –como suele suceder– de editora de los recuerdos, donde entra además lo poético y sus recursos para contar la historia desde un escenario. La desaparición real de Mónica sucedió a mediados de los años 90. Ella tenía 25 años. En esos años, a diferencia de como sucede en la actualidad, no había ni remotamente tantos medios de difusión ni de comunicación en general. Esto sumado a que los padres de Mónica eran adultos mayores. No trascendió mucho la noticia de la desaparición, más allá de la comunidad barrial, la comisaría de la zona y apenas un poco más. Por este motivo es una historia que amerita ser contada y recordada. El teatro de alguna manera siempre es memoria para volver a pensar sobre acontecimientos dolorosos, impunes, a los que de otra manera quizá no se los vuelve a intentar reconstruir. Contando con los recursos de la ficción y la poesía para contar esta historia, se intenta un acercamiento quizá más sensible y vivencial para dar a conocer esta misteriosa historia. Creería que su caso no figura documentado ni asentado.
–¿Qué te pasó en su momento con la desaparición de Mónica y qué te pasa ahora, haciendo esta obra?
–En su momento debo reconocer que más allá del impacto y de estar cerca de los padres de Mónica, que habían quedado solos y ya eran ancianos, no hice nada. Hacía pocos años que me había mudado del barrio y el acercamiento de Mónica tan intenso a la iglesia nos había distanciado un poco. Más allá de esta excusa inútil, me quedé literalmente sin hacer nada al respecto. Ahora sé mucho más de Monica que cuando empecé a escribir la obra. Escribir fue hacerme preguntas todo el tiempo y con la puesta de la obra, al abrir el juego con el equipo, aparecieron más preguntas y cuestiones diferentes. No fue ir hacia atrás ni ir hacia adelante, fue ir a lo hondo y experimenté un acercamiento especial a Mónica, aparecieron más recuerdos, sueños con ella y una conmoción especial. Claro, también siento mucha indignación con la cantidad de “Mónicas” que sigue habiendo, cada caso me retumba especialmente y las hipótesis sobre su desaparición van cerrando cada vez más. Esto al pensarlo me duele en el presente como si hubiera pasado hace poco. Además con cierta información que se da en la obra aparecieron personas que conocieron el caso, y eso fue algo totalmente nuevo para mí. Lo bueno fue sentir que di a conocer a más personas y a medios su historia. Justicia poética, le dicen.

–¿Cuáles son los planes futuros para la obra?
–Haremos una función gratuita en el barrio de mi infancia, que es también el de Mónica, Parque Chacabuco, el 28 de marzo a las 18. Exactamente en la esquina de la casa donde ella vivió, que permanece casi intacta. No hubo herederos y la construcción original sigue allí, como resistiéndose al paso del tiempo y al olvido de la historia triste que alberga. Justamente entre las cosas buenas que pasaron con las funciones fue el acercamiento de un viejo amigo (Rodolfo Fernández, activista urbano de la zona) que nos contactó con el jefe de la Comuna 7, Julián Cappa, a quien le interesó la historia y como parte de la actividad cultural tan prolífica que promueven y coordinan así es que haremos la función allí.
–¿Qué se juega en esa función especial?
–Será muy especial y fuerte para mí. En esa esquina, que como dije antes está casi igual, solo el tiempo oscureció la fachada, pero el local con las persianas bajas y oxidadas sigue allí, con Claudia Mac Auliffe y Pablo Viotti presentaremos la obra en el mejor escenario en donde se puede hacer esta suerte de homenaje, en la esquina de la casa de Moni. Allí viviremos las escena y recrearemos juegos y diálogos como los que recuerdo con Mónica, mientras contamos algo de su infancia y su historia.

–¿Cómo pensaste la puesta y sus elecciones, la paleta de colores, la música…?
–Con Claudia Mac Auliffe, amiga y actriz que me acompaña en escena, creamos una compañía hace más de quince años. Siempre nos gusta probar cosas nuevas, y como esta obra es sobre un caso real, convocamos a Maruja Bustamante, que es una experta en el tema de obras basadas en vivencias de personas, quien propuso atravesar la obra a través de lo documental. Para eso también necesitábamos material en soporte de video, así que grabamos material en los barrios de Caballito y Parque Chacabuco para incorporar a la obra. En esta propuesta documental con Maruja nos dimos cuenta de que el mundo de las canciones y los géneros musicales contaba mucho y que entonces un músico en vivo podía ser un elemento hilador del relato y de interacción escénica. Así que convocamos a Viotti, que compuso canciones de géneros significativos para esta historia, por ejemplo, la canción pop italiana, para contar fragmentos de la historia. Y también nos damos el gusto de cantar en vivo. El arte de Gabriella Gerdelics simboliza lo fragmentario de la memoria. Todo en blanco y negro, elementos cotidianos, cambios de vestuario que ilustran y refieren a escenas de juegos en la vereda.
¿Dónde está Mónica? tendrá una función callejera gratuita en la esquina de Viel y Zuviría (CABA) el sábado 28 de marzo a las 18.
