El 24 de febrero de 1946 se realizaron los comicios generales que llevaron por primera vez a Juan Domingo Perón a la presidencia de la Nación, después de una campaña electoral que duró apenas dos meses. Ese fue el corolario de una tarea sistemática que el coronel había iniciado más de dos años antes. El 7 de junio de 1943, el general Pedro Pablo Ramírez juró como presidente, armó su gabinete y envió al general Edelmiro Farrell al Ministerio de Guerra que él dejaba vacante. Perón era jefe de la Secretaría y el coronel Domingo Mercante fue designado oficial mayor. En esa oficina del tercer piso de la entonces sede ministerial, en Viamonte 1816, casi esquina Callao en la ciudad de Buenos Aires, el coronel Perón comenzó a reunirse con representantes del movimiento obrero. Primero fueron los ferroviarios, aprovechando los contactos de Mercante, cuyo padre había sido dirigente de ese gremio. También acudía a su oficina Arturo Jauretche, uno de los fundadores de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja), la agrupación integrada también por Homero Manzi y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros, que tanto había hecho por evidenciar el colonialismo y la dependencia argentina del Imperio inglés durante la Década Infame.
Años después, el mismo Perón relató: “Nosotros tratábamos de gestar nuestro propio espacio político dentro del Ministerio de Guerra, junto con Mercante, que se había transformado en mi mano derecha. En el ministerio recibíamos gran cantidad de visitas gremiales y desarrollábamos una actividad permanente (…) En poco tiempo, el ministerio se transformó en un hervidero de gente, pero al principio los iniciales contactos con activistas gremiales eran casi en secreto”. Después, agregó: “Nunca falta el buey corneta que aliente sospechas sobre el accionar político, teniendo en cuenta que evidentemente esa no era nuestra función. El coronel Emilio Ramírez, jefe de policía, llegó a decir refiriéndose a Mercante y a mí: ‘Ojo con esos dos que están llevando comunistas al ministerio’”. El 11 de octubre de 1943, el general Farrell fue designado vicepresidente de la Nación y debió abandonar el Ministerio de Guerra, cuya titularidad fue ocupada por Perón. Dos semanas después, el nuevo ministro pidió que lo designaran al frente del Departamento Nacional de Trabajo, sin abandonar la cartera de Guerra.
“Me di cuenta de que la manija, la gran palanca, en ese momento del mundo y del país estaba en un departamento olvidado que se llamaba Departamento Nacional de Trabajo y Previsión. Cuando se los dije, comentaron: ‘¡Este está loco! ¿Para qué querrá eso?’. Y allí empecé. Había en la Argentina tanta necesidad de comprensión y justicia, que todos comenzaron a seguirme. ¿Venían a verme trescientos obreros? Hablaba con los trescientos. ¿Venían a verme veinte? Hablaba con los veinte. ¿Que venían tres solamente? Pues decía: ‘Que pasen los tres’. Y les hablaba”, recordó Perón durante su exilio. El 27 de octubre de 1943, asumió su nuevo cargo en la sede de la dependencia en la calle Victoria 618 (hoy Hipólito Yrigoyen), en las cercanías de la Plaza de Mayo.
BENDITA ERES
El coronel aspiraba a que ese organismo fuera el primer Ministerio de Trabajo de la Nación, pero la Constitución vigente lo impedía porque limitaba la cantidad de ministerios. Así fue que, un mes después, mediante el decreto 15.074, se elevó la Dirección a categoría de Secretaría con rango ministerial, bajo dependencia directa de la Presidencia de la Nación. Y la organizó con los profesionales que encontró en sus oficinas, entre ellos José Francisco Figuerola, especialista en estadística y el alma de los futuros planes quinquenales, y el abogado laboralista Juan Atilio Bramuglia, quien sería canciller durante su primer gobierno. También trabajaron Armando Spinelli, especialista en derecho del trabajo, quien tuvo a su cargo la redacción del Estatuto del Peón; el doctor Juan Carlos Brusca; el conservador Ramón Cárcano, quien había sido gobernador de Córdoba en los tiempos del gobierno de Justo y conocedor de los temas previsionales. Por eso, fue designado al frente del Instituto Nacional de Previsión Social creado en 1944 para iniciar la tarea administrativa de ordenar las cajas de jubilación existentes.
Otros colaboradores fueron Juan Raúl Pichetto, miembro de sección de la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra (OIT); Eduardo Stafforini, a cargo de la División Asesoría Jurídica, creador del término “justicialismo” y el encargado de preparar el anteproyecto de creación de los tribunales del trabajo, una de las medidas medulares que tomó la Secretaría; y Carlos Desmarás, formado en el radicalismo y a quien el socialista Alfredo Palacios calificó como uno de los jóvenes laboralistas más talentosos de su tiempo. Y tuvo otra incorporación que fue fundamental para lo que se proponía: se sumó la poeta y escritora Blanca Luz Brum, excolaboradora del fundador del Partido Socialista del Perú, José Carlos Mariátegui; del general nicaragüense Augusto Sandino, por lo que fue expulsada del Partido Comunista, y se había desempeñado como jefa de Prensa, Propaganda y Radio del candidato del Partido Radical chileno, Juan Antonio Ríos, quien alcanzó la presidencia de ese país. Ella fue la jefa de Prensa de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
El gremio de los ferroviarios fue la base desde la que empezó a construir. En diciembre de 1943, en una asamblea del gremio en Rosario, Domenech proclamó a Perón como “el primer trabajador del país” y fue en esa reunión que, por primera vez, el coronel se dirigió a los obreros como “compañeros”.
LA ARGENTINA SOCIAL
El mismo día que el coronel fue designado secretario de Trabajo y Previsión, el 2 de diciembre de 1943, pronunció un discurso por radio en el que declaró: “Se inicia la era de la política social argentina”. Desde que se hizo cargo de la Secretaría, se produjo una catarata de medidas tendientes a mejorar la situación de los trabajadores. Se firmaron en todo el país 127 convenios de trabajo con la intervención de las asociaciones patronales y 421 con intervención de los sindicatos. Estos acuerdos contemplaron aumentos de salarios por convenios colectivos, aguinaldo, vacaciones pagas y estabilidad en el empleo. El mismo Perón explicó cómo había sido posible la tarea: “Poco a poco, los dirigentes obreros se acostumbraron a llegar hasta allí y a ser tratados como amigos. Unos trajeron a otros y estos a terceros. Al poco tiempo teníamos el respeto y la confianza, cuando no la simpatía, de casi todo el disperso cuadro del sindicalismo argentino”.
Cuatro meses después, el 8 de julio de 1944, el coronel Juan Perón fue designado vicepresidente de la Nación. De esta manera acumuló tres cargos: ministro de Guerra, secretario de Trabajo y Previsión y la vicepresidencia. Ese día, cuando juró su nueva función, cuarenta sindicatos convocaron a sus trabajadores a la Plaza de Mayo para celebrar su designación. Y ese día, por primera vez, el coronel Juan Perón les habló desde el balcón de la Casa Rosada. Desde la vicepresidencia, en agosto de 1944, el coronel Perón con la ayuda del doctor Figuerola impulsó la creación del Consejo Nacional de Posguerra (CNP) con el objetivo de realizar estudios para un plan de ordenamiento económico y social e informar a la población sobre la situación nacional y la necesidad de planificar el comportamiento de la Argentina en el contexto internacional de la finalización de la guerra. Se sumaron a la tarea la Secretaría de Trabajo y Previsión y la de Industria y Comercio. Por primera vez en el país se proponía una planificación integral para gobernarlo.
BRADEN VERSUS BRADEN
En 1945, tanto dentro de las Fuerzas Armadas como en los centros de poder económico y en la Embajada de los Estados Unidos había malestar por la acumulación de poder que había conseguido el coronel Perón en solo dos años. El 23 de abril, los diarios dieron a conocer el “Manifiesto de la industria y el comercio”, en el que más de trescientas entidades empresariales atacaban la gestión de la Secretaría de Trabajo y Previsión y la hacían responsable del alza de los precios. Dos días después, Perón respondió recordando la gestión del presidente Yrigoyen en contra de la “oligarquía económica que sustentaba a la oligarquía política”. El 21 de mayo llegó a la Argentina Spruille Braden, el nuevo embajador de los Estados Unidos, quien se convirtió en el líder de la oposición a Juan Domingo Perón. En torno a él se nuclearon los dirigentes de la Unión Cívica Radical, el socialismo, los demócratas progresistas y los comunistas. Conformaron la alianza Unión Democrática, que también contaba con el apoyo de los conservadores y de un sector de la Iglesia.
Mientras tanto, los sindicatos reaccionaron y el 12 de julio la CGT organizó una gran manifestación de apoyo a Perón que congregó alrededor de doscientas cincuenta mil personas que desfilaron por la Diagonal Norte de la ciudad de Buenos Aires. El 24 de julio, en el teatro Casino, Blanca Luz Brum organizó un mitin en contra del embajador en ocasión de un accidente en la Braden Copper Company que costó la vida de cientos de mineros chilenos. Frente a unos setecientos asistentes, la jefa de prensa leyó su “Réquiem” por las víctimas y culpó a Braden por la catástrofe. Por ese tiempo, además, editaba Sobre la Marcha, un periódico en el que publicó un texto titulado “Goodbye Mister Braden”, que le costó un proceso judicial por agravios y ofensas del que fue sobreseída recién un año más tarde. También dio a conocer el libro 21 poetas, 21 pueblos, en cuyo prólogo definió a Perón como “el Prometeo desencadenado de un mundo nuevo”.
Por su parte, Braden había realizado una gira por las provincias para defenestrar a Perón, y el 19 de septiembre encabezó, junto a la dirigencia de los partidos opositores, la Marcha de la Constitución y de la Libertad, en la que se manifestaron unas sesenta mil personas desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo. A los cuatro días abandonó la Argentina, porque fue designado subsecretario de Estado en su país. Sin ninguna intencionalidad, el mismo embajador le dejó picando la consigna al coronel, quien durante su próxima campaña política aprovecharía su nombre para sintetizar en tres palabras el imperialismo y la situación colonial en la que se encontraba la Argentina a la que él prometía liberar defendiendo los intereses nacionales. De esa desafortunada injerencia estadounidense surgió la consigna: “Braden o Perón”.
EL PAPEL DE BLANCA LUZ
Producido el encarcelamiento de Perón y los sucesos del 17 de octubre de 1945, muchos años después fue Blanca Luz una de las que relató esa jornada, en su libro En brazos de su pueblo regresa Perón. En ese texto explicó que ese día pasó revista “a los compañeros peronistas pertenecientes a diferentes ramas sindicales, que noche a noche y hasta el amanecer trabajaban organizando el Gran Día. Entre ellos se encontraban periodistas que habían pertenecido a diferentes órganos del Gobierno y oficinas de informaciones y prensa, todos ellos reunidos en pequeños departamentos de Buenos Aires (…) Estos trajines se llevaban a cabo a horas muy tempranas del día, a fin de recoger las resoluciones y acuerdos tomados en la noche, y que eran transmitidos por mí a los contactos peronistas del ejército y la policía”. También fue ella la que confirmó la participación de Eva Duarte en la jornada. Aseguró que fue Evita quien sugirió que los ferrocarriles se detuvieran y que Mercante le encomendó que recorriera los barrios arengando a los compañeros.
Una vez liberado Perón, fue Blanca Luz quien escribió el folleto “¿Dónde estuvo?”, que apareció poco después, firmado con el seudónimo Bill de Caledonia, el mismo que Perón había usado años antes para suscribir artículos en la prensa, en el que relataba lo que había ocurrido el 17 de octubre desde su llegada al Hospital Militar. La campaña electoral se programó en tres giras, dos en ferrocarril con la locomotora que bautizaron La Descamisada, y dos vagones reservados para el candidato y sus acompañantes, que hoy se conservan en la quinta de San Vicente, uno de los museos históricos de la provincia de Buenos Aires. La tercera fue al litoral, en el buque París, un vapor fluvial a ruedas laterales, bastante destartalado, que había sido construido en 1896 en Escocia y cuyo estado tan precario los hacía llegar tarde a la mayoría de los actos.
Un día después de la Navidad de 1945, el 26 de diciembre, Perón partió desde la estación de Retiro, donde se reunieron miles de personas para despedirlo. Recorrió Córdoba, La Rioja, Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy. De vuelta pasó por Santiago del Estero, donde lo esperaba Evita, con quien acababa de casarse, para recibir juntos el año nuevo. Desde entonces, lo acompañó en el resto de los viajes. El 25 de enero de 1946 inició la segunda gira, en la que visitó San Juan, San Luis y Mendoza. Esta vez, La Descamisada tuvo que andar más despacio y debió detenerse en paradas no previstas porque la multitud se agolpaba para saludarlos. Pero no todas fueron aclamaciones. El tren estuvo a punto de volar por el aire si no fuera porque el obrero ferroviario Ramón Baigorria retiró a tiempo de las vías un paquete con más de quinientos cartuchos de gelignita.
Dos semanas después, sufrieron otro atentado en el regreso de un viaje fuera de la gira, cuando al vagón en el que viajaban Perón y Evita “se le cortó” uno de sus ejes, aunque no descarriló. La tercera gira partió el 31 de enero de 1946, con actos programados en Rosario, Goya, Paraná, Resistencia y Corrientes. Mientras el buque se deslizaba por el río Paraná fueron saludados por miles de personas reunidas en ambas orillas. No pudieron desembarcar en Goya porque hubo aviso de posible atentado.
EL GRAN DÍA
El 24 de febrero de 1946, el coronel Perón llegó quince minutos antes de que se abrieran los comicios. Votó a las 8:20 de la mañana, en la calle Juncal 2961, donde depositó su sufragio en la urna número seis. Después, se recluyeron en la casa de Evita en el barrio de Colegiales. El escrutinio empezó esa misma noche y duró 45 días. El 9 de abril de 1946, se conoció el resultado definitivo. La fórmula Perón-Quijano obtuvo casi un millón y medio de votos, el 54 por ciento, frente al 44 obtenido por Tamborini-Mosca. Lograron 109 diputados contra 47 de la oposición, y casi la totalidad de los senadores, menos dos. Se impusieron en las provincias, salvo en Córdoba, San Juan, San Luis y Corrientes. Blanca Luz Brum tuvo mucho que ver en ese triunfo. Al final de cuentas, era la única colaboradora de Perón que podía exhibir la experiencia anterior de haber convertido a un candidato en presidente. Perón fue el segundo.
