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Caras y Caretas

           

Volar por amor

Ilustración: Juan José Olivieri

Fue una aventura multiplataforma: una película, un libro, una serie y presentaciones en diversos escenarios del país. El proyecto nació en 2007 por iniciativa de León Gieco e involucró a chicos y chicas artistas con discapacidad.

Un león con alas. Con alas de ensueño, que volaron en busca de un objetivo: mostrar que el arte todo lo puede, como por ejemplo, levantarse victorioso frente a cualquier tipo de limitación. El arte es único e irrepetible como cada ser humano que habita, y el proyecto Mundo Alas, que León Gieco motorizó en 2007, nació para demostrarlo. Una road movie, un disco, un libro, recitales, una serie pensada para Canal Encuentro, todo recostado sobre el talento de un grupo de jóvenes con diferentes discapacidades, unidos por la inspiración artística que escribe los sueños.

“¿Para qué quiero los pies sobre la tierra si tengo alas?”, un leitmotiv que iba a la perfección con una iniciativa que surgió del encuentro de León con diferentes artistas, durante más de quince años de giras por el país. Chicos y chicas que bailaban a pesar de estar en sillas de ruedas, o habían perdido la visión pero no las ganas de cantar maravillosamente bien; cineastas, fotógrafas, guitarristas, pintores sin manos, artistas enormes que no habían tenido la posibilidad de mostrar quiénes eran por fuera de su pueblo, de su ciudad, de su comunidad. Y ahí estuvo el proyecto de Mundo Alas, para brindarles el reconocimiento y los aplausos con los que soñaban, los que merecían.

Así lo resumía León Gieco en el inicio del proyecto audiovisual: “En los últimos quince años fui conociendo a un grupo de artistas increíbles. Ellos se fueron acercando a mí para mostrarme su arte. Entonces, los reuní a todos por primera vez e hicimos un concierto”.

Mundo Alas fue una aventura multiplataforma: una película (que hoy puede verse completa en YouTube), dirigida por Gieco junto a Sebastián Schindel y Fernando Molnar; el libro Cuento con alas, de las escritoras y musicoterapeutas Silvina Mansilla y Patricia Knopf; la serie Una gira diferente, emitida por Canal Encuentro, y presentaciones en diversos escenarios del país. Algunos más pequeños, otros tan imponentes como el Luna Park, y un debut en el Salón Blanco de la Casa Rosada.

La esencia de Mundo Alas está en el compromiso, en la unión, en el encuentro de una gran cantidad de almas que vibran al unísono, y en la importancia de León Gieco como elemento aglutinador de todo. Un ejemplo –uno de tantos– es la comunión creativa entre el cantautor y el joven Alejandro Davio, que el film registra con notable sensibilidad. Davio había compuesto una melodía hermosa y, entre viaje y viaje, León le ofreció escribirle una letra. Así nació “Cabalgando en las profundidades”, tema principal del disco, que se convirtió en un himno que capturó la esencia de lo vivido: “Tus ojos, la misma flor. Tu risa, el mismo azul del cielo. Que hoy me deja ver, que el horizonte no es tan lejos para sentir, el latido del corazón”.

Pasado y presente de una familia rodante
Una experiencia musical, la posibilidad de un grupo de artistas de todo el país de darse a conocer, un proyecto de vida del que nadie salió igual que como entró. Mundo Alas fue y es muchas cosas, porque aquel sueño del que ya pasaron casi veinte años se transformó en un presente que abrió caminos profesionales y personales a cada uno de aquellos chicos y chicas. Y también, como contaba Gieco en el momento de su estreno, un “pararse de manos” contra toda forma de discriminación: “Nosotros dentro de la película estamos hablando mucho respecto de la discriminación que recibe la gente discapacitada. Eso lo estamos mostrando con el arte. Al trabajar con todos estos artistas discapacitados estamos luchando contra la discriminación. Eso es lo que hacemos. No tenemos un discurso de lo que habría que hacer. Lo mostramos. Y me parece que es la forma más eficiente de mostrarlo. Cuando ven el espectáculo que hacemos con Mundo Alas, la misma gente se siente, por ejemplo, discapacitada de subir al escenario. Es algo parecido a lo que dijo alguien cuando señaló: ‘Todos al final somos discapacitados para volar’. O sea, todos tenemos problemas. A veces, se les dice a los chicos discapacitados ‘chicos con otras capacidades’. Claro, ellos indefectiblemente tienen que crear otras capacidades. Por ejemplo, Carlos Sosa no puede pintar con las manos. Entonces, tiene que pintar con la boca. Y bueno, entonces, yo soy un discapacitado para pintar con la boca. Es más, soy discapacitado con las manos porque no sé pintar. Y él es una persona que creó pintar con la boca porque no podía pintar con las manos. Y los cuadros que hace son impresionantes, muy importantes y maravillosos”.

Mundo Alas fue el punto de partida para esta veintena de creadores, que en la actualidad siguen en plena actividad. Hoy, un rápido repaso por sus vidas encuentra a Pancho Chévez, todavía tocando la armónica, cantando y componiendo; a Demián Frontera, sumando su arte para el baile en diversos proyectos; a Anto Semaán desplegando su sensibilidad artística, sea en cuadros, tarjetas o calendarios. También la Asociación AMAR –donde se formó el excelente grupo de tango que baila en el film– sigue ahí, con sus talleres, con sus actividades, con su presencia y acompañamiento permanente a gente con discapacidad.

Pasaron varios años, sí, pero Mundo Alas todavía late en los corazones de todos los que formaron parte, como también de aquellos que disfrutaron con cada una de sus presentaciones. El sueño de León Gieco fue una iniciativa única que germinó y seguirá creciendo, conquistando y conmoviendo a nuevas generaciones. Fueron los primeros, pero no cabe duda de que no serán los únicos. La familia rodante está en camino, más viva que nunca.

Escrito por
Guillermo Courau
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