“Esta canción puede recorrer el mundo”, le vaticinó Onildo Gieco a su hijo León, de 27 años, en Cañada Rosquín, Santa Fe, en 1978. El padre del cantautor era el primero en escucharlo entonar, con su guitarra y su armónica, “Solo le pido a Dios”, que en plena dictadura se convertiría en un himno por la paz y contra la represión, y que años después sería un símbolo de memoria, verdad y justicia. Una plegaria colectiva y universal.
¿Cuál fue el germen del tema? “La letra refleja cosas que iban pasando en el momento”, dijo León Gieco sobre “Solo le pido a Dios”, que había compuesto en 1978 siguiendo un ritmo de huayno. Lo primero es el pedido de empatía y compromiso: “Solo le pido a Dios / que el dolor no me sea indiferente / que la reseca muerte no me encuentre / vacío y solo sin haber hecho lo suficiente”. Ya las líneas siguientes –“que lo injusto no me sea indiferente / que no me abofeteen la otra mejilla”– discuten al catolicismo y a la propia opresión dictatorial.
Y la otra clave política está en la tercera estrofa: “Solo le pido a Dios / que la guerra no me sea indiferente. / Es un monstruo grande y pisa fuerte / toda la pobre inocencia de la gente”. Estaba latente, en 1978, el conflicto entre la dictadura argentina y la chilena –de Pinochet– por el canal del Beagle, que pudo haber terminado en guerra. Y también León había pensado en el exilio europeo de Mercedes Sosa cuando escribió: “Desahuciado está el que tiene que marchar / a vivir una cultura diferente”.

Pero el tema le parecía “aburrido” y “monótono”, aunque lo grabó en el invierno de 1978, para su disco 4° LP, con la genial improvisación del bandoneonista Dino Saluzzi. Y fue Charly García, caído de sorpresa en el estudio, quien lo convenció de que lo incluyera en el álbum: iba a ir como bonus track, pero en la compañía vieron el potencial de “Solo le pido a Dios” y lo ubicaron como primer tema del lado A. Ya en diciembre del 78, León lo presentó en vivo en el miniestadio de Vélez Sarsfield, ante un público extasiado.
¿Qué ocurrió? León –a quien le habían prohibido varios temas– comenzó a recibir amenazas telefónicas y a sentirse cada vez más inseguro. Así que terminó yéndose a Los Angeles. Aunque no soportó demasiado el desarraigo. Ya cuando volvió a la Argentina, en 1980, se dedicó a dar conciertos en pequeños pueblos del interior. Siempre cerraba con “Solo le pido a Dios” y se lo dedicaba a las Madres de Plaza de Mayo.
Un himno por la paz
En febrero de 1982, Mercedes Sosa también regresó del exilio e invitó a León a cantar “Solo le pido a Dios” en sus históricos conciertos en el Teatro Ópera. Y la obra se consagró definitivamente. Pero a los dos meses ocurrió el sinsentido: el 2 de abril estalló la guerra de Malvinas y los militares comenzaron, cínicamente, a promover el rock argentino, al que antes habían rechazado. Y “Solo le pido a Dios” se tornó un himno por la paz.
El 16 de mayo de 1982 se organizó el Festival de la Solidaridad Americana, en Obras Sanitarias, con el que los militares en guerra utilizaron a los rockeros para ensalzar a la opinión pública. “Me llamaron para cantar ‘Solo le pido a Dios’, un tema que los colimbas cantaban en las Malvinas. Solamente por eso fui”, dijo León en el libro Crónica de un sueño, de Oscar Finkelstein, de 1994. “Es algo muy desagradable –amplió–. Esa canción estuvo prohibida durante la dictadura y después, en la guerra de Malvinas, la declararon de interés nacional por la paz. Era algo repugnante. A mí me dio mucha vergüenza y estuve tres años sin cantarla.”
Pudo salir de la depresión gracias al proyecto De Ushuaia a la Quiaca, cuando grabó una versión de “Solo le pido a Dios” en quechua con Elpidio Herrera y Bernardino Coronel. Ya corría la recuperación democrática y la canción había devenido un manifiesto antirrepresivo: resonaba en marchas y causas populares. ¿Qué dijo León? “Cuando yo la canto, y la gente la canta, estamos mancomunados. Estamos pidiendo que el dolor no nos sea indiferente, que la guerra no nos sea indiferente, que la traición no nos sea indiferente, que el futuro no nos sea indiferente, que la injusticia no nos sea indiferente. Es una plegaria.”
“‘Solo le pido a Dios’ se resignifica cada vez que León la canta en un acto por los derechos humanos, por las Madres o por las Abuelas de Plaza de Mayo. O con los trabajadores de una fábrica recuperada”, señaló Finkelstein. En abril de 2024, cuando las Madres le entregaron a León el pañuelo blanco en el Espacio Cultural Nuestros Hijos (Ecunhi), él recordó que cuando cantaban el tema con Mercedes Sosa en Europa también se lo dedicaban a las Madres. “Este tema servía para nombrar lo que no se podía decir”, explicó Gieco.
Pero “Solo le pido a Dios” no solo abrazó las causas de memoria, verdad y justicia en la Argentina. En Europa se convirtió en un himno de las marchas contra el armamentismo nuclear. En 2010, por el terremoto de Haití, la obra fue cantada en el evento “Unidos por Haití” y en la campaña solidaria “Chile ayuda a Chile”. Gracias a sus incontables versiones, su letra se volvió universal.
Durante la invasión de Rusia a Ucrania, en 2022, León señaló: “A ‘Solo le pido a Dios’ la están cantando en ruso” porque “el mundo está permanentemente en guerra”. Y hasta grabó en noviembre de 2023 una versión en castellano, árabe y hebreo por la paz en Medio Oriente. “‘Solo le pido a Dios’ es un pedido por la paz, que está bastante maltratada”, dijo León. Y volvió a entonar esta plegaria contra el dolor y la injusticia que había dado la vuelta al mundo.
