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Caras y Caretas

           

Una respuesta al vaciamiento cultural

“El presente en disputa” es el lema del ciclo Doce Veinticuatro, un espacio de creación artística de danza y teatro, discusión y reflexión, cuyas obras se presentan en el Konex.

La sexta edición del ciclo Doce Veinticuatro, bajo el lema “El presente en disputa”, se está desarrollando desde el 8 de junio y hasta el 13 de agosto. Se trata de un espacio de creación artística de danza y teatro, discusión y reflexión, que presenta sus obras en la Ciudad Cultural Konex y tiene sus laboratorios en El Galpón de Guevara. Caras y Caretas conversó con su directora, curadora y productora general, Catalina Lescano y con los colectivos artísticos Pepo y Tom y Estudio QP, que presentarán sus obras Iteración N° 3 el 16 de julio y El suceso el 13 de agosto, respectivamente.

–¿Cómo y con qué objetivo surgió Doce Veinticuatro?

Catalina Lescano: –Doce Veinticuatro surge como respuesta al vaciamiento cultural del macrismo en 2016. Si bien ya gestionaban en CABA desde 2007, el hostigamiento a las propuestas culturales y la crisis económica se profundizaron cuando la derecha se impuso en territorio nacional y provincial. Nuestro primer gesto fue convocar a veinticuatro artistas durante doce semanas para hacer red, para visibilizar nuestras prácticas, para transferirnos estrategias creativas y pedagógicas, y también para tener el cuerpo entrenado para la escena y para la calle. Su objetivo siempre es el mismo: proponer a la escena local un espacio crítico y de práctica reflexiva. Arrancamos con seminarios intensivos, luego en la pandemia nos transformamos en un canal de podcast, luego en un programa de residencias en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (en aquel entonces acéfalo y desfinanciado, pero con un equipo de laburantes que lo sostenían y lo defendían mediante una organización asamblearia) y ahora en coproductores de estrenos. Y nos seguiremos transformando, porque lejos de querer fijar el formato, nuestro objetivo es proponer, provocar, incidir y abrir el juego. 

–¿Qué trae de particular esta edición? ¿Hay ya alguna idea para la próxima, cuando se cumplan diez años de Doce Veinticuatro?

Catalina Lescano.

C. L.: –Esta edición, igual que la primera, tienen de singular la urgencia y cero financiamiento público (hasta ahora). Tiene el ímpetu de hacerse a como dé lugar, es la edición más compacta y aun así logra –disputando el presente– crear espacio para ser muchas. Disputar el presente para nosotras hoy es disputar desde las estrategias colectivas. Invitamos a tres colectivos muy diferentes, que lo que tienen en común es elaborar el presente, tomar de lo que pasa hoy, ahora, ya, para repensar el pasado y el futuro, trascender la coyuntura y crear acontecimiento. También son tres los espacios en los que trabajamos: ensayamos en Teatro Empire (que me parece fundamental decir que está a una cuadra del Congreso, epicentro de las disputas actuales), compartimos laboratorios (espacio de intercambio y práctica) en el Galpón de Guevara y estrenamos en el Konex. Tenemos muchas fantasías y expectativas para el año que viene: estamos proyectando un festival, la edición de un libro y un documental. 

–¿Cómo fue el inicio de esta edición, con el estreno de Oratorio de guerra?

–C. L.: –¡Fue histórico! Fue la confirmación de que el teatro es un espacio fundamental de trinchera y que por eso quieren desfinanciarnos, para silenciarnos. Y por eso hay que defendernos y responder a cada ataque con más organización. Hubo sesenta artistas referentes de la escena local, organizadas para responder a la estupidez con contundencia, con desparpajo, con música clásica, con sintetizadores, con manifiestos, con danza, con teatro, con performance. Con mucha formación, mucha inteligencia y mucha poesía.

–¿Qué conceptos atraviesa Iteración Nº 3, que se estrena esta semana?

–Colectivo Pepo y Tom: –Una sensación relegada por otra, algo que se siente en paralelo a lo importante. Una cosa que dejamos de lado, pero que sigue en nosotros. Para seguir, para ir a laburar, para no pensar. Eso que algunos llaman sinestesia, podríamos decir que es un concepto pero también es un síntoma de cómo vivir hoy. El agachar la cabeza una vez más y tragar saliva, esos son los conceptos con los que trabajamos en este presente donde cualquier mamarracho te enseña a vivir. Lo perdimos todo y lo seguiremos perdiendo, eso lo sabemos, pero también sabemos que solo con una sonrisa podemos construir un lugar donde queramos estar.

–¿Cuál es la vinculación entre el laboratorio que se realizará y esta obra a estrenar?

–P. y T.: –El laboratorio tiene sus reglas, sus instrucciones y tubos de ensayo. Pero también su peligro. Esa es la diferencia fundamental entre la obra y el laboratorio. Nos gustaría que la diferencia no fuera tan grande, pero no somos tan buenos haciendo esto. Es así que el laboratorio tiene la intención de multiplicar los procedimientos que atraviesan a la obra. Y como la matemática no es exacta, es probable que esta multiplicación tenga más ceros y comas que números enteros. Esos dos, que son Pepo y Tom, develarán la farsa que montan en la obra. Porque en el llano no se puede mentir, y ya vimos cómo mienten en la montaña.

–¿Cuáles son los fundamentos de El suceso, que se estrena en agosto?

–Micaela Amaro (Estudio QP): –La memoria como un ejercicio colectivo y constante, algo que necesita actualizarse y volver a cristalizarse una y otra vez, deconstruir para volver a construir. La verdad como una carencia infinita e imposible de saldar y la memoria, otra vez, como aquello que viene a completar la foto. O una foto, la que podemos tener hoy, con la esperanza de tener una más completa en otro momento. Lo institucional como el andamiaje estructural necesario para proteger esa búsqueda (esa memoria) y también lo institucional como una estructura rígida que, muchas veces, no permite la evolución de la discusión y la reflexión. La búsqueda sin fin, tanto de esa verdad como de más y múltiples prismas para ver la historia. El discurso que sostiene esa búsqueda y las dificultades que se inseminan artificialmente en el inconsciente colectivo para evitar que podamos discernir entre, por ejemplo, una metáfora necesaria y una mentira (30.000 como cifra abierta versus 8.000 como un número que se grita –como si fuera menos grave– en pos de deslegitimar una construcción sociocultural y un pacto necesario para la reparación). Pero sobre todo, creo que se puede ver en la obra (que por tener una duración no puede desplegar todo lo anterior en detalle, entonces empieza con esas premisas dadas por sentado) estos conceptos: * la pregunta (imposible de responder y de soltar) arte para qué y quiénes. La práctica artística como una esfera de la vida humana susceptible de ser capturada por lo institucional y supeditada a fines que nada tienen que ver con la creación. En paralelo, la práctica artística como una plataforma apolítica que finge no hacerse preguntas y pretende existir como una mera fábrica de reproducción de imágenes bonitas o entretenidas, como si en ese hacer no hubiera mensaje. En este sentido, otro concepto que se despliega en la obra es la relación entre contenido y forma, la idea de que medio y mensaje son lo mismo y se retroalimentan entre sí. * El humor y sus límites o el vértigo que provoca decir algo fuera de lugar sobre estos temas siendo parte de una generación que no vivió en carne propia la dictadura. Como grupo, esto está presente en todas nuestras obras: la defensa de ese humor en un contexto donde la tragedia parece extinguir la humanidad. Dicho de otra forma, la risa como resistencia a la brutalidad. Y también, la necesidad de tirar del hilo haciéndonos preguntas que puedan ir en detrimento de los ya mencionados pactos colectivos. Descubrir cosas incómodas para finalmente aceptar que los grupos humanos muchas veces necesitamos crearnos una suerte de fe que nos lleve a la conciliación. Sumamente relacionado esto a nuestra forma de producir en grupo: a veces no estamos de acuerdo y hace falta indagar en ese desacuerdo por más que nos resulte incómodo para llegar a un sentido común nuevo. Así, también, se abre otra cuestión que plantea la obra: forma de producir y resultado de esa forma de producir como una dicotomía que no puede resolverse sino haciendo. * Por último, la ciencia ficción y la distopía como discursos estéticos que parecen no poder pisarle ni los talones a lo que estamos viviendo.

–¿Cuál es la vinculación entre la residencia del año pasado, el laboratorio de esta edición que se realizará y esta obra a estrenar?

M. A.: –La vinculación es absoluta. La residencia Doce Veinticuatro+Conti nos puso a producir bajo la provocación de “lo situado”: estar ahí, hacer ahí, pensar ahí. Todo eso en un contexto en el que ya se empezaba a respirar el desguace obsceno que iba a ejecutar meses más adelante este gobierno. A nosotros nos gusta mantenernos firmes en la convicción de que la obra habla por sí sola, dice por sí misma lo que nosotres pensamos, dado que somos nosotres quienes la produjimos, y nos sentamos a pensar y trabajar en cómo hacer esa traducción. Ni hablar del acompañamiento de Doce Veinticuatro: la obra no surgió de la nada sino que partió de una discusión y una búsqueda que ya tiene como mínimo seis años (esa es la cantidad de tiempo que Doce Veinticuatro lleva, bajo ese nombre, realizando sus ediciones, pero estoy segura de que también se suma la experiencia de cada unx de lxs miembrxs que confluyen en su organización). Segundo, que la obra puede sobrevivir más allá de la residencia (y en eso estamos trabajando, más allá del cambio de espacio físico, también es un cambio de contexto). Si estas dos cosas son así o no son así, no lo podemos afirmar a ciencia cierta, supongo que está el enfrentamiento con el público, con su subjetividad ante la obra, pero mantenernos firmes en esa idea es lo único que podemos hacer para al menos acercarnos a hacer una obra que realmente pueda plantar en el espectador todas las preguntas que nosotrxs como artistas nos hacemos sobre la realidad. En definitiva eso es lo que nos preocupa a todes les que formamos parte de Estudio QP y por eso elegimos trabajar juntes. Sobre el laboratorio, va a estar apuntado a lo que mencionaba antes sobre el medio y el mensaje. Nos pasa que nuestra forma de hacer se ve traducida en el contenido de las obras. Eso es de lo que nos gusta hablar. Y ese es el terreno en el que nos vemos con más herramientas para socializar. ¿Cómo escribir con otrxs sin matarse en el intento? La premisa es clara. Y el laboratorio se llama “De jaja a ahre” porque es en serio que la realidad superó a la ficción y en el scroll frenético, entre meme y meme, se asoma siempre una verdad perturbadora. Si una de las premisas de la residencia fue imaginar futuros posibles, la propuesta del laboratorio es volver a usar la imaginación. Y si vemos que cada pacto social, hasta el de la solidaridad más cotidiana, está roto, la propuesta es bancarse al otro.

Iteración N° 3, del colectivo Pepo y Tom, se presenta el miércoles 16 de julio a las 20. El suceso, de Estudio QP, se presenta el 13 de agosto a las 20. Ambas en Ciudad Cultural Konex (Sarmiento 3131, CABA).

Escrito por
Daniela Lozano
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