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Caras y Caretas

           

Donde se custodia a los libros

El escritor y bibliotecario Carlos Barbarito destaca la función social y cultural de las bibliotecas, pequeñas Babel donde los libros esperan ser descubiertos.

¿Qué es una biblioteca? Recuerdo mi primer contacto con los libros, ir una vez a la semana a buscar alguno a la biblioteca del colegio donde cursé la primaria. Esperaba con ansias poder devolver el libro leído y retirar más títulos, más autores codiciados a esa edad en que la magia envolvente de las historias iba creando los primeros sueños. Luego, en la adolescencia, agradezco a Silvia, mi hermana mayor, que me hizo leer a autores que despertaron sensaciones increíbles; fue un antes y un después. Si alguien me pidiera que me olvide de los libros, no podría hacerlo. ¿Recuerdan la primera vez que fueron a una biblioteca? 

La lectura es el motor interno que pone en funcionamiento el engranaje humano. Qué bueno sería que todas las personas descubrieran en el acto de leer la apertura hacia un mundo distinto, un viaje a nosotros mismos. 

La biblioteca no es un depósito de textos. Al recorrerla se descubren joyas preciosas en sus estanterías: libros olvidados o textos quizás desconocidos que destraban arquetipos. Sentir la pertenencia, formar parte de todo lo escrito en tiempos pasados o en la actualidad. Un libro representa la libertad, libertad real que difiere del término usado como eslogan. Por eso es tan necesario el acceso a los volúmenes, que no se los invisibilice.  

La existencia de una biblioteca representa un hecho histórico para la sociedad, es la llave al conocimiento y la investigación; representa el acto creativo. Se trata de un registro, un archivo, y hay que preservarlo. Debe celebrarse la apertura de nuevas bibliotecas y fomentar su valiosa existencia. Así como se debe repudiar el desmantelamiento de aquellas en cada barrio, provincia o a nivel nacional. 

Con respecto a este tema, Caras y Caretas conversó con el escritor y bibliotecario Carlos Barbarito. 

–¿Qué representa una biblioteca? 

–Como Borges, siento que es el paraíso. Aunque luego de tantos años y tantas visitas a las bibliotecas también puedo afirmar que con frecuencia descubrí zonas infernales. Así es imposible no sostener, por ejemplo, Mi lucha, de Hitler, sin sentir aquello de Kierkegaard: temor y temblor. No es el único caso, claro. Ahora regreso en el tiempo al momento en que entré por vez primera en una biblioteca. Mis padres nos llevaron a mi hermana y a mí, luego de asociarnos, a la biblioteca del Club Comunicaciones, en mi ciudad natal, Pergamino. Es imposible describir lo que experimenté al entrar a esa sala, la fragancia de las maderas, los anaqueles con, entre otros libros, la colección de Julio Verne, que fui, de a poco, llevando a mi casa de la calle Zeballos. Una casa que parecía venirse abajo con cada tormenta, lugar de luces y sombras que, ahora puedo afirmarlo, me hizo escritor años antes de escribir mi primer poema. Verne no fue el único autor. También Salgari, Bradbury, los libros de la colección Robin Hood… 

–¿Qué servicios ofrece una biblioteca? 

–Los servicios varían de acuerdo con el tipo de biblioteca. Hay algunas que solo permiten la labor en sala, como la situada en el Instituto D’Elía, en San Miguel, donde trabajé muchos años. Otras permiten el préstamo a domicilio. No me olvido de las actividades extrabibliotecarias, que son muchas: muestras de arte, puestas de teatro, invitaciones a autores para que presenten sus libros, reportajes públicos, etcétera. 

–¿Cómo cambió el trabajo del bibliotecario con las nuevas tecnologías? 

–Cambió dramáticamente. Cito mi experiencia como bibliotecario. De una sala repleta de estudiantes y público en general –había que dar turno y yo trabajaba desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la noche– a una sala casi vacía, abierta pocas horas, solo frecuentada por buscadores en Google. De más está hablar de mi nostalgia por aquellos momentos de sala llena, las conversaciones con los usuarios, las preguntas acerca de tal o cual libro. 

–¿Qué desafíos enfrentan actualmente las bibliotecas? 

–Soy optimista: siempre habrá lectores, navegantes de mares de tinta y papel. En mis viajes en tren y en subterráneo descubro a jóvenes con un libro en sus manos. El caso de la Feria del Libro es un ejemplo claro y potente. Lo digo: mi caso tal vez es algo aislado. Se siguen editando libros. No todas las bibliotecas cerraron sus puertas. Las librerías resisten. Gutenberg sigue vivo luego de tantos siglos. 

La biblioteca como plataforma hacia el mundo

El 2 de septiembre de 2019 se creó la Biblioteca de Microrrelatos Luisa Valenzuela, la “BibVal”, en la Biblioteca del Congreso de la Nación. La escritora Luisa Valenzuela donó sus libros de microrrelatos, microficciones y otros textos teóricos. Es importante recalcar la existencia de esta biblioteca dentro de una biblioteca parlamentaria y pública.  

Jorge Luis Borges dijo: “Que otros se jacten de las páginas que han escrito; yo me enorgullezco de las que he leído”. En su cuento “La biblioteca de Babel”, escrito en 1941: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores, interminablemente. La distribución de las galerías es invariable”. 

Isaac Asimov, escritor de obras de ciencia ficción, el 16 de marzo de 1971, ante la inauguración de una biblioteca escribió: “Enhorabuena por la nueva biblioteca, porque no es solo una biblioteca. Es una nave espacial que os llevará a los confines del universo, una máquina del tiempo que os llevará al lejano pasado y al lejano futuro, un maestro que sabe más que cualquier ser humano, un amigo que os divertirá y os consolará, y sobre todo, una puerta de entrada a una vida mejor y más feliz y más útil”. 

Carlos Barbarito.

Pearl S. Buck, escritora y novelista ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1938 cuya obra está dedicada a China y a su gente, fundó organizaciones de ayuda humanitaria y una agencia de adopción para niños asiáticos. Escribió en una carta: “Me alegro mucho de que vuestra ciudad vaya a tener una biblioteca. Los libros no solo os proporcionarán muchas horas de placer, sino que a través de ellos conoceréis a todas las grandes personas que han vivido en el pasado. Quizás algunos de ellos aún vivan. Los escritores plasman sus mejores pensamientos y sus sentimientos más profundos en sus libros. Aunque los conocieras cara a cara, les estrecharas la mano e incluso hablaras con ellos un rato, no podrías aprender tanto de ellos como de sus libros. Visita a menudo tu biblioteca. Allí aprenderás más que en ningún otro sitio, quizás incluso más que en la escuela”.  

Recordando a escritores relacionados con las bibliotecas nos encontramos con la poeta Gloria Fuertes (Madrid, 1917), quien creó la primera biblioteca infantil ambulante en España. Escribió en un poema de su libro Todo asusta: “Dios me hizo poeta y yo me hice bibliotecaria”. 

¿Sabían que obras maestras fueron redactadas dentro de bibliotecas públicas? Por ejemplo, Bram Stoker creó Drácula investigando en la Sala de Lectura de la Biblioteca del Museo Británico y la Biblioteca Pública de Whitby (Inglaterra). 

En esta nota los personajes principales son las bibliotecas y el rol que ocupan. Por eso me pregunto, ¿qué sucedió con la biblioteca ubicada en la planta baja de la Casa Rosada, dependiente de la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación? Ver viralizado un video en las redes sociales donde se muestra cómo el personal de la Casa Rosada descarta los libros de la biblioteca es demasiado fuerte. ¿Por qué el traslado? ¿Seguirá funcionando ahí o en otro lugar? ¿Cuál es la totalidad del material bibliográfico y su clasificación? ¿Habrá digitalización de ese material? ¿Cómo se realizará? Muchas preguntas… Hay que salvaguardar nuestro patrimonio histórico.

Sobre el entrevistado 

*arlos Barbarito nació en Pergamino en 1955. Editó Poesía quebrada (Mano de Obra, Buenos Aires, 1984), Teatro de lirios (Fundación Alejandro González Gattone, Pergamino, 1985), Éxodos y trenes (Último Reino, Buenos Aires, 1987), Páginas del poeta flaco (Filofalsía, Buenos Aires, 1988), Caballos y otros poemas (Hojas de Sudestada, La Plata, 1990), Parte de entrañas (Arché, Buenos Aires, 1991), Bestiario de amor (El primer siglo, Centro de Publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1992), Viga bajo el agua (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1992), Meninas/Desnudo y la máscara (Último Reino, Buenos Aires, 1992), El peso de los días (Ediciones Electrónicas Altamira, Buenos Aires, 1995), La luz y alguna cosa (Último Reino, Buenos Aires, 1998), Desnuda materia (Ediciones del Árbol, Buenos Aires, 1999), Puntos de fuga (Colectivo ZonAlta, Toluca, 2002), La orilla desierta (Andrómeda, San José de Costa Rica, 2003), Piedra encerrada en piedra (Hespérides, La Plata, 2005), Les minutes qui passent (Poietes, Foetz, 2005), Figuras de ojo y sombras (Bermingham Edit., Donostia, 2006), Música humana y de paramecio (Colección Manija, San José de Costa Rica, 2008), Un fuego bajo un cielo que huye (Baile del Sol, Tenerife, 2009), Cenizas del mediodía (Praxis, México D. F., 2010), Feu sous un ciel en fuite (Le Chasseur Abstrait Éditeur, 2010), Paracelso (Barcelona, Excodra, 2014), Falla en el instante puro (Botella al mar, Buenos Aires, 2016), Radiación de fondo (Abrace, Montevideo, 2018; Clinamen, Buenos Aires, 2018), Materia desnuda (Wolkcowicz Editores, Buenos Aires, 2020), Lugar de apariciones (con Sergio Bonzón, collages) (Wolkowicz Editores, Buenos Aires, 2021), A la espera de una danza (libro de artista, ejemplar único, con collages de Sergio Bonzón, 2022), Asilo de lo fugaz y Ese secreto desierto (tira de 15×15 cm., manuscritos y dibujos de Gabriela Aberastury, 2022), Eros (caja con tiras de poemas y dibujos de Gabriela Aberastury, 2024), entre otros.  

Escrito por
Claudia Ainchil
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