Más de una vez Juan Manuel Fangio habrá repetido en sus pensamientos la frase que persigue a miles de civiles desde los tiempos de la dictadura: “Quemá esas fotos”. La tapa de la revista Gente (en aquel mayo de 1977 la revista semanal de más venta en la Argentina) muestra al quíntuple campeón mundial de automovilismo departiendo amablemente con el dictador junto al premio Nobel Luis Leloir.
La foto se tomó en Caracas, Venezuela, cuando una delegación elegida por la dictadura participó de un viaje de apoyo a Videla. Embarcados en un Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas iban Videla, su esposa, el ministro de Defensa y canci- ller interino, brigadier José María Klix, y algunas “celebridades” entre las que brillaban Leloir, Fangio, el golfista Roberto De Vicenzo, el cantante de tangos Edmundo Rivero, y empresarios y políticos que daban apoyo absoluto a los asesinos: José Gogna (Bolsa de Cereales de Buenos Aires), Enrique Eskenazi (Bunge & Born), José Antonio Romero Feris (El Litoral de Corrientes), Guillermo Alchouron (Asociación de Criadores de Holando Argentino), Guillermo María Yeatts (Massey-Ferguson) y Pascual Mastellone (La Serenísima).
¿Fue aquel episodio el que más compromete a Fangio en sus vínculos con la dictadura?
¿O existió responsabilidad del ex corredor cuando fue presidente de la Mercedes-Benz y se produjeron los secuestros de veinte trabajadores (catorce de ellos desaparecidos) durante el terrorismo de Estado 1976-1983?
Mucho de ello se develará en el próximo juicio oral que el Tribunal Oral Federal 2 de San Martín llevará adelante en unos meses para determinar la responsabilidad del gerente de Mercedes-Benz en 1977, Juan Rolando Tasselkaut, imputado por la desaparición forzada del obrero Diego Núñez y por la privación ilegal de libertad del obrero Héctor Ratto.
En un reportaje realizado por el sitio web La Retaguardia, Ernesto Fachal, ex delegado de los trabajadores de Mercedes-Benz, dijo que “cuando nosotros le fuimos a pedir a Fangio una entrevista para que intercediera por nuestros compañeros desaparecidos, no nos atendió; sin embargo viajó en el avión que Videla fletó para contrarrestar lo que la dictadura llamada ‘campaña antiargentina’. Yo no discuto que ha sido un gran corredor, evidentemente ha sido uno de los corredores más grandes que hasta ahora ha dado el automovilismo, pero como persona, y por lo poco que me tocó tratar, puedo decir otro montón de cosas de él en cuanto a que se preocupó por los que eran los gerentes y los que eran los altos funcionarios de la empresa, y nunca se preocupó por los trabajadores, entonces en ese sentido por mucho ídolo que haya sido en este país… La verdad, habrá sido un buen corredor pero como persona dejaba bastante que desear”.
El rol de los actores no militares en la dictadura fue y será materia de estudios diversos en la Argentina. Llevó un tiempo que la utilización del término “dictadura cívico-militar” se impusiera en la habitualidad de charlas, conversaciones, entrevistas y documentales sobre los años de plomo y muerte.
COLABORACIONISTAS
Muchos civiles que comprendieron el horrible papel que desempeñaron en el período 1976-1983 realizaron autocríticas diversas. Algunos de ellos, futbolistas de la Selección Nacional o su entrenador. En declaraciones al diario italiano Corriere della Sera, en 2008, César Luis Menotti, técnico campeón en 1978, admitió sobre sus fotos y saludos a Videla y Galtieri: “No las volvería a hacer. Aunque es fácil hablar ahora”.
No fue el caso de Fangio (fallecido en 1995), quien jamás tuvo la humildad sincera, al menos, para admitir las diferentes circunstancias de la época.
La planta de Mercedes-Benz militarizada con anuencia de la empresa, el estrecho vínculo comercial entre la empresa alemana y el aporte de centenares de vehículos y maquinaria al ejército de Videla-Viola-Galtieri, los avisos que Mercedes-Benz pagaba y publicaba en la revista Informaciones (el mensuario del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército, corazón del terrorismo de Estado en el país), la delación y persecución de la empresa a los activistas sindicales a partir del 24 de marzo de 1976, la designación de Luis Lavallén (apropiador de la menor Paula Lugones) como jefe de Seguridad de Mercedes-Benz en la dictadura, son solo algunos de los episodios que se han registrado en las diversas investigaciones realizadas por familiares, sobrevivientes y fiscales en los juzgados de instrucción del país.
¿Podía desconocer Fangio estas y otras actividades vinculantes de la empresa con la represión?
En casos similares, se cuenta con dictámenes y sentencias de fiscales y jueces y juezas del país que opinaron sobre integrantes del directorio de empresas en las que trabajadores fueron llevados de la misma planta o a razón de información brindada por personal de la empresa. Han dicho que debido a los diversos elementos que se ventilan en un juicio, los altos puestos jerárquicos de una empresa cometen al menos infracción de deber ya que no podían desconocer desde ningún concepto las circunstancias ocurridas en el ámbito de su fábrica y con sus trabajadores ya que un deber de ellos era la protección de la vida y seguridad de quienes estaban en la planta.
Héctor Ratto fue secuestrado en la fábrica de Mercedes-Benz en González Catán en agosto de 1977; primero fue llevado desde su puesto de tareas, con engaños, a la oficina del jefe de producción Tasselkraut, donde lo esperaba el grupo de tareas que lo trasladó en un camión en primer lugar a la comisaría de Ramos Mejía y finalmente a Campo de Mayo donde fue torturado, advirtiendo allí que estaban otros de sus compañeros secuestrados (que aún permanecen desaparecidos). Su testimonio lo dio por primera vez en el Juicio a las Juntas en 1985.
Cuarenta años después, llegó el tiempo de la verdad y muy pronto se ventilarán en un juicio oral las redes múltiples entre la empresa y los represores. Veremos entonces cuán cierta fue la frase de ese gerente Tasselkraut cuando en el documental de la periodista alemana Gaby Weber se muestra al directivo responder si el alza de producción de la fábrica después de 1978 se debió a que cesaron los conflictos internos. “Y… milagros no hay, doctor”, contesta con una sonrisa.
