El escritor y periodista cubano José Ernesto Novaes Guerrero es miembro de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y coordinadora del capítulo cubano de la Red en Defensa de la Humanidad REDH. Caras y Caretas lo entrevistó en Beijing, en el marco del Foro China-Celac.
–En el último encuentro China-Celac se percibe la importancia de China en Latinoamérica y el Caribe. ¿Qué representa para la hegemonía estadounidense?
–América latina ha sido, históricamente, un territorio en disputa por los grandes intereses geopolíticos que han confluido en la región. Sus recursos naturales, su posición geográfica privilegiada entre dos océanos, el hecho de poseer una población creciente, con niveles educativos en ascenso, a pesar de las profundas desigualdades existentes, la hacen un espacio sumamente atractivo para dichos actores. Desde la Doctrina Monroe, con el ascenso de sus apetencias imperialistas y el crecimiento de su poderío militar y económico, Estados Unidos la ha percibido y ha defendido su predominio sobre la región. A lo largo de la historia este predominio se ha sustentado de diversas formas, desde mecanismos políticos hasta invasiones o amenazas de invasión, pasando por la deuda y las dictaduras militares, todos ellos recursos en función de garantizar su predominio en una zona que perciben en Washington como de su influencia exclusiva. Sin embargo, esto no ha garantizado ese predominio indisputado. Y han surgido proyectos que confrontaban directa o indirectamente esa lógica de dominación y que se han articulado con potencias consolidadas o emergentes como forma de construir alternativas frente a las presiones de Washington, que, en el caso de Cuba, por ejemplo, se han configurado en la forma de un asfixiante bloqueo económico que ya dura más de seis décadas. Entonces, el hecho de la articulación de América latina como Celac con China marca un paso en una dirección que alarma profundamente a Estados Unidos. Por un lado, porque la actual administración percibe, considero que correctamente, que la principal amenaza a su hegemonía en el mundo contemporáneo proviene de China, país que lo ha ido desplazando como principal socio comercial de la mayor parte del mundo, incluyendo importantes economías regionales como Brasil. Y por el otro, porque la alianza con China puede representar para América latina romper con ciclos de dominación, dependencia e injerencia, encontrando oportunidades de negocio e inversión que no están políticamente condicionadas, además de sumarse a importantes iniciativas inversionistas, como la de la Franja y la Ruta de la Seda, que permitirían el desarrollo de infraestructuras críticas así como el acceso a un universo comercial con posibilidades de modificar los patrones dominantes en el mundo contemporáneo.
–¿Qué importancia tienen la Franja y la Ruta para nuestra región?
–La Franja y la Ruta es una iniciativa con el potencial de desbalancear la actual estructura comercial del mundo contemporáneo. Desbalancear en el sentido de cambiar los flujos y rutas predominantes y darles posibilidades de acceso comercial y desarrollo de infraestructuras a países que, históricamente, han quedado fuera de las grandes rutas que configuró el comercio capitalista en el mercado mundial desde el siglo XIX. En ese sentido, tienen el potencial de ser un motor de desarrollo interno para los países implicados en la iniciativa. Adicionalmente, tiene la ventaja de que China no interviene en la realidad política interna de los países, lo cual implica una ventaja con respecto a los vínculos que tradicionalmente han establecido con los países del sur global las viejas metrópolis europeas y los Estados Unidos, con un alto componente de intromisión en los asuntos soberanos y dependencia para los países sometidos. Sin embargo, a pesar de sus evidentes ventajas, la Franja y la Ruta no dejan de ser una iniciativa comercial, donde la participación y el beneficio de cada nación, además de las infraestructuras que se construyan, va a depender mucho de sus capacidades productivas y de cómo estas les permitan insertarse en un entorno mercantil competitivo. También las estructuras políticas internas juegan un papel. Las oportunidades para una clase o sector pueden no traducirse en mejoría para el conjunto de la sociedad. Entonces, la Franja y la Ruta es una iniciativa comercial con el potencial de contribuir al desarrollo de los países que participen, pero no es un programa de ayuda al desarrollo. Así, el grado de beneficios va a depender, en última instancia, de varios factores adicionales, no solo de los créditos y la inversión que provea China.
–El retorno de Trump a la Casa Blanca volvió recargado…
–Trump y su gobierno implican el retorno a la Casa Blanca de un sector del capital norteamericano con una visión mucho más conservadora y excluyente de la realidad norteamericana y latinoamericana, con políticas donde se combinan prácticas proteccionistas con muchos elementos del dogma neoliberal (por contradictorio que pueda parecer) y que combina elementos de mesianismo, típicos en una sociedad tan religiosa como la norteamericana, con una cruzada neoconservadora para proteger a Estados Unidos de la amenaza woke, del comunismo, de los migrantes, y, sobre todo, de la amenaza China. Y, al mismo tiempo, busca ampliar la influencia del país apelando incluso a estrategias de anexión directa de territorios, como la que acaricia con Groenlandia y el Canal de Panamá. Para América latina marca el inicio de una ofensiva que es, en primera instancia, contra las “terribles dictaduras” de Cuba, Venezuela o Nicaragua. Pero que es también en última instancia contra todos los latinoamericanos, vistos por esta élite blanca y anglosajona como narcotraficantes, delincuentes y agresores sexuales. No hay ningún elemento que impida comprender que la lógica que aplican contra los inmigrantes en Estados Unidos responde a una visión global de los pueblos no anglosajones y subdesarrollados. A esto súmale la pléyade de halcones que han llenado su administración y el actual secretario de Estado, Marcos Rubio, digno heredero del odio, el racismo y el conservadurismo madurado durante décadas por las oligarquías derrotadas en Cuba en 1959. Es de esperar entonces una ofensiva regional que busque debilitar o desmontar los proyectos de izquierda o progresistas, paralizar o desmontar mecanismos de integración como la Unasur y la Celac, revitalizar la OEA y obtener beneficios onerosos para el capital norteamericano a costa de nuestros pueblos.
–¿Cómo enfrenta China los ataques de Trump?
–China ha tenido una posición muy mesurada en materia de política internacional, que le ha permitido convertirse en mediador en procesos de diálogo geopolítico complejos a nivel global. Esta mesura, por supuesto, contrasta con la agudización de conflictos y contradicciones a escala planetaria. Incluso la propia China ha visto cómo el conflicto en torno a Taiwán se agudiza por la intromisión de actores externos. Probablemente en esta posición de China inciden factores tan diversos como las complejidades internas del país, que obligan a ser cautos en política internacional para no generar un efecto boomerang que pueda llegar hasta sus fronteras, la propia tradición de diplomacia china y el afán de no dejarse arrastrar en las numerosas pugnas abiertas ni, en general, de nada que desvíe al país del rumbo de desarrollo que se ha trazado. La reciente guerra comercial marca un capítulo interesante en la actitud de China. Hasta ahora, aunque había respondido, el país había buscado mecanismos de entendimiento con los Estados Unidos que, sin ceder, le permitiera retomar el rumbo de un intercambio mutuamente ventajoso para ambos. La retórica de Trump y su inesperada escalada arancelaria encontraron una respuesta firme de China, tan firme que los propios norteamericanos tuvieron que dar un paso atrás en la escalada. Frente a la clásica estrategia trumpista de presionar para obtener beneficios, China asumió una posición férrea, evidenciando una nueva actitud frente a las presiones norteamericanas. Los que entendemos la multipolaridad como una necesidad vital incluso para la supervivencia de la especie quisiéramos que China y bloques como los Brics jugaran un papel más decisivo en la desdolarización, la creación de mecanismos de ayuda al desarrollo y de mecanismos alternativos a la hegemonía de Occidente. Sin embargo el proceso es complejo, con muchos retos y la consolidación de un nuevo orden mundial nunca ha sido ni rápido ni indoloro.
Aunque no es perfecta, la existencia de China como una potencia geopolítica y su alianza con el bloque Brics abre puertas indispensables para la articulación de un futuro diferente. Le toca a América latina buscar su inserción en este proceso y lograr una coherencia política interna, que impida la llegada al poder en nuestros países de gobiernos neoliberales y entreguistas que, bajo el discurso de la libertad y el desarrollo, no hacen otra cosa que vender el presente de nuestros pueblos y endeudar brutalmente su futuro.
