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Caras y Caretas

           

De Uruguay al mundo

La Comedia Nacional uruguaya es el único elenco estable que permanece vigente en Hispanoamérica. Fundado en 1947, lo dirige el argentino José Miguel Onaindia.

“Mientras que en el resto del mundo se le presta cada día más atención, muchos en Buenos Aires miran con cierto desdén al teatro uruguayo.” Esa es la respuesta que recibí en una cena informal cuando pregunté por el motivo de la escasa presencia de sus obras en nuestra ciudad. Hace varios años que la escena montevideana tiene interesantes trabajos, ya de teatristas consagrados internacionalmente, como producciones del teatro oficial o puestas de grupos independientes con décadas de trayectoria, además de obras de jóvenes dramaturgas que renuevan las estéticas. Por eso se hace poco comprensible que Buenos Aires no tenga lugar para esas producciones, ya que solo Sergio Blanco estrena sus puestas habitualmente en la ciudad porteña. 

El comienzo de la temporada oficial de la Comedia Nacional tuvo su lugar con el estreno de Dulce pájaro de juventud, la obra de Tennessee Williams cuya puesta estuvo a cargo de Alejandro Tantanian y el protagónico de Enzo Vogrincic, reconocido internacionalmente por su rol en la película La sociedad de la nieve. Junto a él se destaca el magnífico trabajo de Alejandra Wolff encarnando a la Princesa Kosmonopolis. 

Un elenco estable

A diferencia de muchas ciudades de la región, Montevideo tuvo una política consistente a lo largo del tiempo para sostener su Comedia Nacional. “Margarita Xirgu, convocada por Zavala Muniz, dirigente político esclarecido, es un poco inspiradora de la creación de la compañía”, contó José Miguel Onaindia a Caras y Caretas en Montevideo. “En este momento es un elenco de treinta actores, con becarios que pasan anualmente, alguno de los cuales luego se integran. Actualmente hacemos entre nueve y doce espectáculos, tanto de repertorio como experimentales y nuevas dramaturgias.” Onaindia, director de la Comedia Nacional, es abogado y gestor cultural y ha ocupado lugares de relevancia en la gestión pública tanto en la Argentina como Uruguay, donde vive desde 2011. 

El elenco de la Comedia Nacional junto con José Miguel Onaindia y Alejandro Tantanian.

La Argentina tuvo dos elencos estables, uno dependiente del Teatro Nacional Cervantes y otro del Teatro General San Martín, pero ambos fueron cancelados durante el gobierno de Carlos Menem.  

La continuidad es una de las claves con que Onaindia planifica su trabajo al frente del elenco uruguayo. “La frase que elegí para los tres años de gestión para los que fui electo es que la Comedia se expanda, y que eso no sea solamente dentro del territorio nacional y hacia el exterior, sino también se expanda simbólicamente en nuevos lenguajes, en nuevas propuestas y fundamentalmente en la creación de nuevos espectadores”, explicó. “Quiero que más gente tenga el ir al teatro en sus hábitos de vida. Las artes escénicas, en general, se están convirtiendo en un evento de nicho.” Si bien las funciones en las salas oficiales en Montevideo suelen estar colmadas, la rotación del público no es tanta como la esperada.  

Onaindia en el estreno de Dulce pájaro de juventud.

Aunque el estreno de Dulce pájaro de juventud fue la apertura de la primera temporada oficial con Onaindia como director, el proyecto surgió bajo la dirección de dramaturgo Gabriel Calderón, quien lo antecedió en el cargo. “Hace muchos años que estaba el proyecto de poder hacer algún trabajo junto a la Compañía Nacional”, relató Alejandro Tantanian, director argentino invitado para esta ocasión. Las conversaciones vienen desde antes de la pandemia y fue bajo la gestión de Calderón que se pudo avanzar para esta colaboración con el elenco uruguayo. “En principio iba a ser Ana Karenina, pero por cuestiones de tiempo, se transformó en este proyecto hermosísimo que es Dulce pájaro de juventud, con ese elenco único que es la Comedia Nacional y la figura de Enzo Vogrincic como actor invitado. Fue un proceso muy gozoso, de mucha felicidad.” 

Un clásico del siglo XX

Si bien el proyecto fue programado por la gestión anterior, Onaindia lo siente afín a su propio modelo de dirección. “Se discutió y se decidió cuando yo era parte del Consejo artístico. Incluso la propuesta de que se invitara a Enzo Vogrincic para el rol de Chance Wayne la realicé yo y fue aceptada por el elenco”, comentó. El popular actor cumple con algunas condiciones particulares importantes para el papel. Una de ellas es la edad, pues Wayne está dejando atrás la preciosa juventud, propicia para la seducción de mujeres de fortuna. Otra es su particular forma de belleza masculina, que coadyuva a jugar el rol en diálogo con el texto y las plateas. Vogrincic como actor capta perfectamente en su actuación lo clásico del realismo alla Tantanian, y se luce en los momentos en que lo dramático se expresa a través coreografías de distintos géneros.  

Tantanian, Vogrincic y Leandro Ibero Núñez en un ensayo.

Para Tantanian la obra es un alegato en contra de los regímenes totalitarios. “Hoy tiene una resonancia poderosísima ante estas nuevas derechas que asolan en el mundo, con los discursos revinculados con la religión, con lo místico, con el odio al migrante, con la idea de la sangre pura.” Los discursos del omnipotente Jefe Finley resuenan actualmente en esta obra estrenada en 1959. Por eso Tantanian destaca “la aventura de Chance Wayne de enfrentarse a ese poder omnímodo y horroroso que quiere destruir a los cuerpos deseantes, que tienen voluntad de amar. Estos regímenes que se oponen a lo humano disfrazados de tecnocracia y capitalismo están en el texto. Hay una temática profundamente contemporánea y por eso es un clásico del siglo XX”. 

El montaje se presenta en la sala principal del Teatro Solís, inaugurado en 1856. Tantanian elige disponer de diversos dispositivos propios del teatro del presente, para reponer un realismo que abreva en el cine clásico de Hollywood, del cual su personaje central fue una diva que ve llegar su decadencia junto con la pérdida de su juventud. En esa búsqueda confluyen el texto, traducido por el propio director, el trabajo de escenografía y vestuario de Oria Puppo y la tensión estética entre la brillante construcción de la melodramática Princesa, a cargo de Wolff, y el raro Wayne de Vogrincic, que trabaja distintos registros y una relación propia con la platea. 

El fin de semana de teatro oficial en Montevideo se completó con Carne viva, la desopilante comedia de Denise Despeyroux con dirección de André Hübener, que presenta un universo cerrado de personajes y una desaparición que ocurre en tres lugares distintos de un mismo edificio, una bizarra dependencia policial. Allí la autora, uruguaya viviendo en España, entrama el lenguaje local y la pintura de su país, contando habitantes capaces de encontrar tiempos diferentes en un mismo instante. Una obra que, estrenada en España, se pensó para ejecutarse simultáneamente en habitaciones diferentes con el público circulando para verlas en un orden azaroso. En la hermosa Sala Verdi, ya que el público no puede desplazarse, el escenario tradicional se modifica para incluir secuencialmente cada una de las escenas, que cada día se presenta en distinto orden. De este modo cada función es una experiencia diferente. 

Escrito por
Daniel Cholakian
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