“Esta vieja es peor que el tuerto” es la frase inolvidable de José “Pepe” Mujica que refiere a Cristina Fernández de Kirchner y a Néstor Kirchner. No se puede negar que la alusión señala una relación conflictiva, pero tampoco hay que dejarse llevar por los cantos de sirena de quienes están a la expectativa de todo aquello que desprestigie a la expresidenta. La frase es contundente, pero los gestos también. Hace pocas semanas, en su delicado estado de salud, Mujica la recibió en su casa. ¿Qué quedaría de los vínculos si los redujéramos a un exabrupto? Hay que pensarlos en su contexto e historia. Por eso, nos aproximaremos a la mirada de Mujica sobre América latina, a sus lazos con la Argentina y, por supuesto, con la expresidenta.

América latina, Rosas y Perón
Pepe Mujica tiene una visión de la integración regional latinoamericana estratégica, en el marco del desarrollo nacional. Esta mirada tiene raíces en su formación política: la influencia de Luis Alberto de Herrera, la prédica de Fidel Castro y la pertenencia tupamara. En los tres hay un adversario común: el imperialismo.
Durante la presidencia (2010-2015), Mujica apoyó los procesos de unión latinoamericana (Mercosur, Unasur, Celac), contrarios a la injerencia de Estados Unidos en la región. El sintagma “andar juntos”, que reiteró en foros latinoamericanos, sintetiza su representación de la integración. Por un lado, connota un “andar entre amigos”, que refleja el predominio de una “diplomacia presidencial”, ejercida en detrimento del fortalecimiento institucional de los organismos. Por el otro, contiene un sentido estratégico de defensa: “Para darle valor a lo nuestro, para ser, para defender nuestro oxígeno, nuestros recursos, tenemos que juntarnos. Y tenemos que andar juntos, pero estas ya no son las razones que soñaron los libertadores, son las razones de la supervivencia en el futuro”, declaró en la Unasur (2012). El argumento defensivo a favor de la unión, fundado en el poder económico y rapaz de multinacionales y de países “de dimensiones continentales”, buscó establecer una base de acuerdo amplia para persuadir a quienes no se identificaban con el discurso del sueño emancipatorio de la Patria Grande. Por otra parte, reclamó que los procesos tuvieran “calor de pueblo”, que hacía falta crear conciencia popular: “Nuestros pueblos no paralizan fábricas ni cortan carreteras por la integración” (XXXIX, Mercosur, 2010). A su vez, sostuvo que los latinoamericanos “hemos vivido demasiado tiempo mirando hacia el resto del mundo rico y sin mirarnos entre nosotros” (X, Mercosur, 2012).
En una de sus columnas radiales en M24, afirmó: “Nacimos en la misma placenta de los pueblos argentinos”. La mirada histórica de Mujica está anclada en el federalismo rioplatense de Artigas y en el “drama histórico” de los intereses portuarios que separaron a los países. Según Gerardo Caetano, en José Mujica. Otros mundos posibles (2024), la visión del pasado del expresidente se destaca por su “carácter regional” y su “perspectiva revisionista”. En este sentido, refiere las lecturas fundamentales de Manuel Ugarte, Jorge Abelardo Ramos, Vivian Trías y Alberto Methol Ferré. El enfoque revisionista le hizo apreciar figuras históricas como la de Juan Manuel de Rosas. Sobre él, dijo Mujica a María Esther Gilio (2005): “La figura de Rosas sirvió para mantener una Argentina que se hacía pedazos”. Valora la unidad que logró sostener, aunque también lo mira con reparo por asentar el poder en Buenos Aires, por lo que afirma que “su federalismo estaba bastante mitigado” y que en última instancia “era porteño”. Cuenta sobre Rosas en el libro Una oveja negra al poder, de Andrés Danza y Ernesto Tulbovitz (2015): “Juan Manuel de Rosas, que sabía mucho de política, estaba en el desierto y le escribe a su mujer, doña Encarnación, y le dice que no se olvide de atender a las mulatas y a las negras en sus necesidades. ‘Ayúdalas y socórrelas en todo lo que puedas porque ya verás de cuánto es capaz la fidelidad de los humildes’, le dice. Esa es la esencia del peronismo que vino después. Perón lo estudió todito a Rosas y construyó su poder ayudando a los cabecitas negras”.
Mujica aprecia los movimientos nacional populares, como el de Getúlio Vargas en Brasil o la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) de Perú. Del peronismo resalta la sensibilidad popular, que no tuvo la izquierda tradicional, y destaca que es un movimiento amplio en su ideología y policlasista. Para Mujica, el peronismo “no es muy entendible, pero es muy atendible”.
El vínculo con el peronismo tiene ribetes de historia personal. Declaró tener un tío materno, Angelito Cordano, “hincha de Perón”, por nacionalista y antiimperialista. Ha evocado de forma reiterada los veranos en el campo próximo a Carmelo de su abuelo, Antonio Cordano, durante los años 40 y 50. Allí se levantaba temprano y solía recorrer los viñedos con él y hacer trabajos rurales. En Carmelo, Pepe Mujica vio televisión por primera vez. En esa ocasión, en la confitería La Gloria, ubicada en la esquina de la plaza principal, en un televisor de lámpara gigante con pantalla pequeña, vio la figura de Perón. “No existen ni Perón, ni el televisor, ni La Gloria, ni nada. Pero como dice Borges, están ahí, porque yo lo tengo acá”, declaró Mujica.

Entrevero de los gobiernos
Durante el mandato de Pepe Mujica (2010-2015), Cristina Fernández gobernó la Argentina. La expresidenta afrontó una elección ejecutiva en 2011 y otra legislativa en 2013. Este contexto es insoslayable para pensar la intensidad de los vínculos en la gestión debido a los intereses locales en juego. Esto implicó una considerable cantidad de episodios que tornaron compleja la relación, al punto de desgastarla, más allá de las buenas intenciones o el carácter de cada mandatario.
Los primeros acercamientos fueron auspiciosos. Fernández apostó por el candidato Mujica en las elecciones de 2014 y se puso a disposición para lo que necesitara. Mujica declaró a Danza y Tulbovitz (2015): “Trajeron gente de distintos partes de Argentina, hicieron una pegatina grande en Buenos Aires para convocar y les dieron días de licencia a los que vinieron a votar. No nos dieron más porque no pedimos más”. Este gesto político tuvo una devolución inmediata. Ya presidente, Mujica posibilitó la asunción de Néstor Kirchner como secretario general de la Unasur, bloqueada hasta entonces por Tabaré Vázquez, debido al conflicto por la planta de celulosa UPM (ex Botnia).
Para el gobierno argentino, la victoria electoral de Mujica era una esperanza para resolver la controversia. Desde abril de 2010, Mujica y CFK negociaron un acuerdo para levantar el bloqueo del Puente Internacional San Martín, que se concretó a los pocos meses. Esta solución se vio favorecida por el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que determinó que no había necesidad de relocalizar la planta y que ambos países se debían comprometer con el monitoreo ambiental del río.
En el Mercosur, Mujica le dijo a Fernández de Kirchner que “no hay que temerles a los conflictos. Hay que temerle a la esterilidad de los conflictos (…) cuando son nada más que mera confrontación” (XXXIX, 2010). Dos años después, retomó el hecho: “Gastamos un platal (por llevar el reclamo a la Justicia), no arreglamos nada. Y después arreglamos con política, cuando el tribunal había fracasado” (Unasur, 2012). La confianza en la negociación política era plena y daba resultados.
El conflicto de la planta de celulosa resurgió porque la empresa le pidió al gobierno uruguayo que autorizara un aumento de la producción durante la campaña electoral legislativa de 2013 en la Argentina. La expresidenta le pidió a Mujica que no lo hiciera, dado el contexto, pero lo aprobó.
A estos y otros episodios se suman las políticas proteccionistas de la Argentina, complicaciones relacionadas con el dragado de canales y ríos y la aprobación de una normativa de la Argentina que impedía que ciertas embarcaciones descargaran sus mercaderías en el puerto de Montevideo. De forma próxima al conflicto por esta reglamentación, en diciembre de 2013, Uruguay vendió electricidad a la Argentina, debido a que estaba atravesando una crisis energética.
A diferencia de estas idas y vueltas coyunturales, sujetas a motivos singulares, Mujica fue constante en su apoyo a la Argentina en temas con sesgo imperialista. Durante su gobierno, Uruguay respaldó el reclamo argentino por el legítimo derecho de soberanía de las islas Malvinas en las instancias en que fue requerido. En septiembre de 2010, negó el permiso para que el buque británico HMS Gloucester D-96 recalara en Montevideo. Luego de este episodio, acompañó las declaraciones de los Estados Partes y Asociados del Mercosur y la Unasur que expresan el compromiso de impedir el ingreso a los puertos de los buques que enarbolen la bandera ilegal de las Islas Malvinas. Por otro lado, durante la gestión de Mujica, Uruguay propuso junto con Brasil una moción de respaldo a la Argentina para lograr un acuerdo “justo, equitativo y legal” con los llamados fondos buitre ante la Organización de Estados Americanos (OEA).

Cierre
En síntesis, la formación cultural, la experiencia política, la estratégica inserción regional, la perspectiva histórica revisionista, el peronismo y la memoria familiar son nudos de convicción y afecto que atan a Mujica con América latina y con la Argentina.
A dos semanas de la inolvidable frase de Mujica, Cristina Fernández tuiteó: “Aeroparque. Tango 01. Me está esperando Pepe p/ viajar a Lima. ¿Qué Pepe? Mujica, el presidente de Uruguay”; “Sí, soy medio terca, y además estoy vieja”. El entrevero de los gobiernos muestra tensiones de gestión por intereses locales, aunque también acuerdos y gestos políticos positivos. En el libro Una oveja negra al poder, Mujica confesó: “Gobernar Argentina es algo que me hubiera gustado”. No aclaró en qué movimiento político se habría postulado, pero podríamos imaginarlo.
