“Tenía la expectativa de entender y poner un ejemplo claro de lo que sucede en el río Paraná y cómo se llevan las riquezas de nuestra tierra. Intuía que se podía narrar cómo un capital nacional, que recibió ayuda desde el Estado durante años, puede llegar a quedar en manos extranjeras. En definitiva, quería indagar en el saqueo que se realiza y en la pérdida de soberanía”, prologa Andrés Cedrón, director del documental Cuellos blancos. El caso Vicentin, que se viene exhibiendo de manera independiente y autogestiva por todor el país (suma setenta funciones con más de siete mil espectadores) ante el desinterés del Incaa por programarlo en la pantalla del emblemático Cine Gaumont, donde se estrenan las películas argentinas producidas por el organismo.
Pero el documental del joven Cedrón es mucho más que una denuncia o un alegato por un episodio específico, sino que inquiere, razona y auspicia una toma de conciencia respecto de varias asignaturas pendientes.
Las primeras imágenes constituyen un perfecto preámbulo. Remiten a la sorpresiva conferencia de prensa del 8 de junio de 2020, cuando el presidente Alberto Fernández anticipaba la decisión de intervenir el grupo Vicentin, a propósito de su crítica situación financiera, que involucraba deudas millonarias a privados y al propio Estado nacional.
Flanqueado por el ministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, y la senadora mendocina Anabel Fernández Sagasti, el por entonces primer mandatario anunciaba una serie de medidas tendientes a rescatar la empresa líder en el mercado cerealero y nombraba como interventor a Gabriel Delgado, con experiencia en el cargo de secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (2013-2015), durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.
El anuncio disparó una operación mediática que atacó y demonizó la medida, y volcó manifestaciones en contra a las calles de muchas ciudades del país, con epicentro en la localidad de Avellaneda (Santa Fe), enclave productivo de la empresa. Un remedo del boicot patronal a la Resolución 125 (2008), que en este caso concluyó con un retiro sigiloso de la propuesta original y una posibilidad perdida de orientar ciertas políticas de Estado hacia el sector.

Una mirada analítica
“Del caso Vicentin se habló muchísimo desde los medios hegemónicos de comunicación, pero generalmente desde la opinión. Nuestro propósito al realizar las entrevistas que aparecen en el documental fue en base a la información y al conocimiento del concurso preventivo de acreedores y de la causa penal llevada a cargo por la Fiscalía de la Unidad Fiscal de Delitos Económicos de Rosario –precisa el realizador–. Para ello, consultamos respectivamente a veedores del concurso y al fiscal Miguel Moreno, por la causa penal.”
El registro se abre a otras miradas. “También consultamos a aquellas y aquellos que siguieron desde el comienzo el caso, desde distintas corrientes de pensamiento pero sin temer al poder que se estaban enfrentando. Por último, pero no menos importante, escuchamos a especialistas de universidades públicas nacionales, que estudian desde hace años las actividades del sector o investigan sobre las aristas de este caso, como por ejemplo la cuestión social representada en el apoyo que hubo a la empresa bajo el lema ‘Todos somos Vicentin'”, agrega Cedrón.
–El concepto “cuellos blancos” excede el caso Vicentin.
–En las distintas instancias de la investigación y en la audiencia pública realizada en la Legislatura de Santa Fe por el caso Vicentin, se nombraba este concepto de delitos de “cuellos blancos”. El acercamiento a esta idea nos permite analizar por qué el poderoso disfruta de impunidad, por qué la opinión pública no señala a estos empresarios como delincuentes, por qué no se lo persigue desde las instituciones del Estado o no se los condena desde la Justicia. Vino a traernos luz ante el desafío de reflexionar sobre qué llevó a la población a salir a apoyar a la empresa, cuando era acusada de delitos tan serios, tras haber dejado un tendal de acreedores, incluidos préstamos impagos al Banco Nación por más de 300 millones de dólares.
–Con “la nuestra”…
–Cuando frecuentemente hay indignación y se utiliza la frase “con la plata de todos”, en este caso, no se observa que se llevaron dinero de una banca pública de todos los argentinos. Para entender mejor las causas de la impunidad de los poderosos, fue fundamental el aporte desde la sociología, de Juan Pegoraro, de Victoria Rangugni y de toda la cátedra de Delito y Sociedad de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

De tal palo, tal astilla
Con un sólido background en el rubro audiovisual, que incluye ficción, documental y trabajos institucionales, Cedrón fue amigo y colaborador cercano de Coco Blaustein, productor asociado de su primera película, La Caracas, que obtuvo numerosos reconocimientos internacionales. Con Blaustein también codirigió el documental Se va a acabar y fue su asistente de dirección en la serie Oíd el ruido.
La experiencia con Pino Solanas fue más breve pero intensa y llegó a compartir la edición de algunas escenas de Viaje a los pueblos fumigados.
“No solo fue un aprendizaje ver el material bruto y entender cómo grababa, sino también tener acceso a una base teórica en cada decisión estética que se tomaba”, apunta.
De ambos, “con sus claras diferencias, me llevé la pasión por el cine y la política, y la urgencia que existe para contar los graves problemas de la Argentina”, sintetiza.
“La convocatoria y la alta participación del público en las charlas-debate que damos después de cada función creo que revitalizaron el cine documental político y que para muchas y muchos se corresponde claramente con el legado de quienes nos antecedieron”, acota Cedrón.
–El documental tiene un inteligente manejo de tomas aéreas y manejo de drones, que contribuyen a dar perspectiva geográfica y edilicia.
–Quizá la utilización de drones en Cuellos blancos y en Se va a acabar está vinculada en primera instancia con mostrar mejor la escala de las empresas. No siempre se tiene acceso a esas imágenes y por ende a tener conciencia de la dimensión de ese capital o de esos recursos. En el caso de Se va a acabar, mostramos, por ejemplo, grandes edificios abandonados, vestigio de una industria nacional que existió en un pasado en nuestro país. En Cuellos blancos, pudimos, a través del río y por tierra, observar la calidad y la dimensión que tienen los puertos y las plantas de este tipo de empresa. En el proceso de montaje, es un desafío que la utilización del dron sume narrativamente y que esté integrada a la propuesta estética general de la película.
–¿Qué es lo último del caso Vicentin, que no llegó a aparecer en el documental?
–El documental está terminado como figura en sus placas finales, en diciembre de 2023. Más allá de que hay novedades diarias en torno al caso, no se han resuelto ni el concurso preventivo de acreedores ni se ha desarrollado el juicio por la causa penal en la Unidad de Delitos Económicos de Rosario.
–¿Qué aprendizaje podemos hacer del episodio y de la película?
–El documental trata de reflexionar sobre un saqueo más, realizado en la Argentina y sobre la identificación que parte del pueblo tiene con el poder económico. Al punto de defender a aquellos que son empobrecedores y que generan repetidamente en la historia los grandes males de este país.
