• Buscar

Caras y Caretas

           

Estaciones de poetas

Los poetas y docentes Mario Nosotti y Carlos Battilana revelan las características de la Colección Estaciones de Miño y Dávila, de antologías críticas de autoras y autores argentinos contemporáneos.

Poesía, en cierto sentido, es lo chueco del discurso, dice el poeta brasileño Paulo Leminski. Discurso chueco para ir en “busca de una incógnita”, se atreve. “El resultado debe ser extraño, los ingredientes simples.” Pero, además, advierte el autor de Catatau nacido en Curitiba, una ciudad ecológica y prolija, “tiene que tener el derecho a ser difícil”. 

Lo chueco, la incógnita, lo extraño, lo difícil. Son alternativas posibles e indiscutiblemente acertadas. Si apuntamos a la zona erógena del lenguaje, la poesía está cerca de lo inconcebible y nunca de lo esperado, de lo resuelto, de lo laxo. 

Encajar no es conveniente. Y desencajar pone en jaque la estabilidad emocional de los y las poetas. Pero aquí lo que cuenta es el poema y la decantación de su propuesta. Por eso vengo a rescatar enfáticamente la Colección Estaciones de la Editorial Miño y Dávila, porque propone desviación y “excentricidad”. Porque arriesga hacia lo chueco, la incógnita, lo extraño, lo difícil. 

Empezó en 2022 y ya van cinco títulos de autoras y autores argentinos contemporáneos: La luminosidad de los sábalos muertos, de Mario Arteca; Fauna del nuevo milenio, de Roxana Páez; Un millón de veranos, de Teresa Arijón; Cómo se inventa una orfandad, de Ariel Williams, y el más reciente, Licor de mandarinas, de Mónica Sifrim. 

Se trata de antologías críticas en las que otro u otra poeta o escritor/a hace una selección de textos tanto publicados como inéditos, y elabora un prólogo exhaustivo y de considerable extensión, que habilita caminos de lectura y justifica, de alguna manera, la propuesta estética de esa voz. Y cierra, a su vez, con una extensa entrevista a la poeta o al poeta en cuestión, donde desnuda cierta intimidad vinculada con la escritura y abre espacios de reflexión alrededor de la poesía y la propia obra. Este formato (prólogo más entrevista) singulariza la colección y alerta sobre una necesidad crucial: pensar y discutir alrededor de voces que vienen haciendo camino al andar por regiones rocosas y periféricas pero que proponen una salida definitiva de los lugares comunes de cierta lírica gastada que insiste en derramarse, empalagar y anquilosarse en el contagio. Este corrimiento resulta necesario para abrigar las búsquedas de las nuevas generaciones y para accionar lecturas que interpelen, enseñen y agilicen la dirección de la mirada. 

Los hacedores

Esta colección tiene padres gestores: el editor Gerardo Miño, que es quien avala con su sello que desde la década del 80 se aboca fundamentalmente a las ciencias sociales, y los directores de la colección, los poetas y docentes Mario Nosotti y Carlos Battilana. 

–Apenas abrimos cada libro, aparece una nota que dice: “La Colección Estaciones surge como el intento de poner en primer plano el trabajo de una serie de poetas argentinos de primera línea, que a pesar de tener una obra consolidada siguen siendo difíciles de asimilar. Se trata de poéticas excéntricas respecto de cierto consenso –siempre cambiante y coyuntural por otra parte– y de la expectativa de lo que se sobreentiende como poético”. Considerando que ambos se manejan desde una idoneidad muy específica y afinada, ¿cómo se determina, en un momento como este en el que hay tanta difusión y también tanta confusión, qué es un autor o autora de primera línea? 

Carlos Battilana: –Intentamos armar un catálogo con poetas que tienen una escritura, entendiendo por esto una visión, una poética, una perspectiva que se traduce en una mirada sobre lo real y sobre la propia escritura. Los libros nos tienen que gustar como lectores en primer lugar. Propusimos armar antologías. Esta tarea supone una labor de artesanado y un nuevo libro. La selección de poemas realizada por la/el antologador/a, en la que el propio autor interviene muchas veces, la entrevista, la inclusión de poemas inéditos, todos esos elementos fueron enriqueciendo la propuesta. Pero más allá de leer en términos de “panorama”, en mi caso leo cada libro publicado como un libro autónomo, ya que se trata de una intervención que supone una edición, una organización. Elijo leer de esa manera. Ese es un criterio fundamental en mi experiencia de lectura. No necesariamente los autores seleccionados tienen una obra extensa, pero sí una consistencia en su propuesta en la que se reconocen ciertos rasgos particulares. 

–¿Cómo intervienen sus gustos personales, sus subjetividades, a la hora de tomar una decisión sobre a quién publicar? 

M. N.: –Esto fue y sigue siendo un gran tema de conversación con Carlos. Somos conscientes de que apostar a cierta perspectiva de algún modo nos limita y que, como seguramente sucederá, habrá elecciones que no se ajusten del todo a esa intención inaugural. Pero también resulta interesante correr algún tipo de riesgo, no encarar una serie de poetas atados solamente a nuestro gusto personal, sino apostar por cierta perspectiva crítica. Y ojo, no pretendemos que sea la más válida ni la más atendible, pero le aporta otro valor y otra razón de ser a empresas como esta. Las charlas que tenemos para determinar a quién elegimos son muy ricas y reveladoras para nosotros mismos, porque además Carlos y yo tenemos gustos diferentes, y hay que poder fundamentar medianamente las elecciones. Además, solo podemos publicar un par de nombres por año, lo que nos limita bastante porque hay muchos poetas que nos gustaría publicar.  

C. B.: –No me interesa la exploración de una sola tendencia poética, ni tampoco necesariamente la que comparte cierta afinidad con mi propia escritura. La poesía reconoce diversas sensibilidades, y me conmueve ver cómo acontece lo poético en la forma de la diversidad. Con Mario compartimos esta visión. En ese sentido, la curiosidad y la experiencia de la exploración funcionan como una orientación en la construcción del catálogo. La noción de “valor literario o poético” es un tema crucial. Siempre se ponen en juego valores de distinta índole en la circulación de los textos. Valores estéticos, ideológicos, políticos. Esos valores, que siempre son relativos y mutables a lo largo del tiempo en distintos contextos culturales, se manifiestan no solo en los libros; con la escritura de un solo poema ya sucede. En nuestro caso, barajamos una serie de autores, y en ese primer índice consideramos ciertos rasgos que nos interesan de determinadas escrituras. Desde ya que lo subjetivo no está exento de esas decisiones, pero el diálogo que tenemos también ayuda a ver aspectos que a lo mejor no podíamos observar, ya sea porque no conocíamos en su totalidad la obra de determinado autor/a, ya sea porque simplemente teníamos una visión que al releer sus libros se modifica. En ese sentido, ese diálogo (lo que supone también inclusiones y exclusiones, improntas y matices en nuestras historias como lectores) lo considero sumamente enriquecedor. 

Escrito por
María Malusardi
Ver todos los artículos
Escrito por María Malusardi

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo