La inteligencia artificial (IA) está entre nosotros. Se la lleva en el bolsillo, en los celulares que las personas miran cientos de veces por día. Se la usa cada vez que se abre una aplicación. Son hábitos que hoy resultan cotidianos, como el uso del GPS para que indique el camino hacia un destino.
La IA pone sobre la mesa algunas de las preguntas y debates más básicos de la condición humana. ¿Sirve el progreso tecnológico? ¿El ser humano vive en un mundo más justo, con menos dolor provocado por la propia humanidad con estas herramientas? ¿Es más feliz la vida humana ahora? Son temas que fueron abordados por la literatura profunda de Isaac Asimov y por películas taquilleras como Terminator. En 1865 Julio Verne escribió De la Tierra a la Luna y cien años después el ser humano llegó al satélite natural de nuestro planeta. Hoy, lo que hace cuarenta o cincuenta años parecía ciencia ficción se ha vuelto realidad.
Sobre de estos interrogantes y otros, Caras y Caretas conversó con Sebastián Lorenzo, presidente de la Fundación Sociedades Digitales, una organización que se dedica a analizar y difundir los alcances, las oportunidades y los riesgos de la IA.
–¿Cuál es el alcance que tiene hoy la IA en la vida cotidiana?
–Está en todos los aspectos de la vida cotidiana. Desde el Chat GPT hasta los asistentes en la mayoría de las aplicaciones y las redes sociales, que perfilan nuestros gustos. En la velocidad que está teniendo el desarrollo científico, también. Con la IA se están logrando en pocos minutos avances que llevarían años. Está metida en todos lados y se está expandiendo cada vez más.
–¿En qué ámbitos clave de la vida diaria está presente, sin que las personas se den cuenta?
–En los diagnósticos médicos por imágenes, por ejemplo, donde además de producir las imágenes, las interpreta. Hay sistemas de logística y distribución que utilizan los barcos y los aviones. Hay sistemas de administración que utilizan varios gobiernos.
–¿Qué se puede esperar en el corto plazo? ¿Qué tareas que hoy nos parece imposible que realice una máquina serán hechas por la IA?
–Lo que se viene es la posibilidad de que las máquinas realicen tareas cognitivas más complejas. Las máquinas cada vez serán más parecidas a la forma en que procesamos la información los seres humanos, pero lo harán a una velocidad mucho mayor. Esta tecnología además se unirá a otras tecnologías. Es lo que se viene: conectada al auto, a la heladera, al lavarropas. Las casas comenzarán a tener centrales para hacer más eficiente el consumo energético y el agua, por ejemplo.

–¿Qué riesgos implica para la vida humana como la conocemos?
–Uno muy actual es la posibilidad que tiene esta tecnología de multiplicar fake news. Es uno de los mayores riesgos que veo hacia adelante. Es mucho más rápido que antes. Otro problema es que puede tener errores y que las personas puedan tomar como verdad absoluta lo que está diciendo. Los errores vienen de la mano de dos formatos. Unos se producen con los algoritmos iniciales, que luego generan patrones. Por ejemplo: hace un año se desarrolló un sistema en Estados Unidos para que colabore con el Poder Judicial. Ese programa no daba los mismos resultados si se trataba de personas blancas o de afroamericanas.
–¿Por qué ocurría eso?
–Porque el sistema fue cargado con años de expedientes de una justicia que no es ecuánime. El algoritmo empezó a aconsejar con las herramientas que tenía para pensar. Otro problema que tiene es el procesamiento de la información. A veces el Chat GPT da respuestas absurdas, solo cambia si se le repregunta. Eso ocurre porque, al procesar la información, puede tener errores. En la jerga informática a esas fallas se las llama “alucinaciones”. Las alucinaciones y los sesgos son dos cosas que hacen muy peligrosa a la IA.
–¿Se pueden prevenir esos errores?
–Lo primero que habría que pensar es que este tipo de tecnología no debería ser utilizada para cuestiones sensibles, como la carrera armamentística, por ejemplo. No sería bueno que en algún momento sea una máquina la que decida si se utiliza un arma. La IA no es ni buena ni mala. Es muy potente. Si la dejamos crecer sin controles es muy riesgosa. Lo mismo ocurre si este instrumento cae en malas manos, si se lo maneja sin escrúpulos. Podemos terminar pensando que lo mejor hubiera sido que jamás existiera. Por el contrario, si la humanidad logra regular la herramienta y llevarla a favor de la democracia, de las cosas que la humanidad necesita, posiblemente tengamos un montón de avances positivos para mejorar muchas cosas del mundo: cambio climático, vacunas, desarrollo científico, reducir el hambre. Es una herramienta muy potente y llegó para quedarse.
–¿Cuál es el principal dilema filosófico que plantea?
–Uno de ellos es cómo se sostiene ambientalmente esta tecnología. Consume minerales que están en distintos rincones del planeta, cuya extracción produce contaminación. Los aparatos como pantallas, satélites, consumen energía. Una vez que funciona, la IA también necesita energía, tanto para entrenar los algoritmos como después. Eso calienta servidores que es necesario enfriar y que necesitan grandes cantidades de agua. Al mismo tiempo, esta tecnología puede ayudar a la humanidad a preservar el planeta, a tener un uso más eficaz de la energía, a salvar especies. La incógnita es si lo que consume por un lado lo puede reponer por otro. Lo sabremos con el tiempo.

–Pero además del impacto ambiental, hay un impacto social…
–Es una tecnología que reemplazará puestos de trabajo, que puede llegar a reemplazar profesiones enteras. Seguramente hará más rentables a las empresas y a partir de ahí habrá que ver cuál es la discusión para ver qué pasa con esos trabajadores y con ese tiempo disponible. Si miramos lo que ha ocurrido con la llegada de internet, quizá no podamos ser muy optimistas. En los últimos 25 años cada vez hay menos personas que concentran más riqueza y del otro lado cientos de millones que no pueden consumir las proteínas mínimas para sobrevivir.
–¿Se corre el riesgo de que el ser humano deje de desarrollar sus propias capacidades porque la IA empiece a resolver casi todo?
–El riesgo está, pero creo en la capacidad de la humanidad de usar esta herramienta para el bien y distribuir mejor sus beneficios. Es importante que las personas le pierdan el miedo, la usen. Una vez que aprendemos a utilizar la herramienta podemos hacer valer nuestros derechos, reclamando cómo debe funcionar, pidiendo a los Estados que actúen. Son herramientas que ya entraron y son difíciles de controlar, pero son peleas que hay que dar. Tenemos que lograr que sirvan para el bien.
