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Caras y Caretas

           

Elena, la mujer-máquina: memoria y futuro

Ricardo Piglia. Foto: Diego Paruelo

El autor analiza el papel de Elena de Obieta en La ciudad ausente, de Ricardo Piglia. La esposa de Macedonio Fernández, fallecida en 1920, es convertida en una máquina que perpetúa su propia existencia.

La ciudad ausente (LCA) también es una historia de amor. En su libro Crítica y ficción, en el capítulo “Primera persona”, Ricardo Piglia charla con la crítica de arte Graciela Speranza. La ensayista lo cuestiona sobre la idea narrativa de la mujer ausente como disparador en esa novela y el escritor responde: “Algo así. El héroe no soporta el mundo sin esa mujer y construir otra realidad. Digamos que he tratado de poner en relación cosas que a menudo parecen antagónicas, como puede ser cierta política conspirativa, cierta violencia clandestina y la obsesión por una mujer. En ese sentido, el núcleo básico de la historia es muy sencillo: un hombre ha perdido a una mujer y en su lugar arma un complot”.   

Para la construcción de la máquina de la LCA, Piglia se basó en la historia real de amor entre Macedonio Fernández y Elena de Obieta. Después de la muerte de su amada, en 1920, el autor de Museo de la novela eterna se entregó a la vida asceta y hasta se olvidó de sus hijos para dedicarse a la filosofía y a la escritura.  

El Macedonio de Piglia en la LCA construye una máquina para perpetuar la existencia de Elena porque nunca aceptó que la había perdido: “En eso fue como Dante, y como Dante construyó un mundo para vivir con ella. La máquina fue su mundo y fue su obra maestra. La sacó de la nada, la tuvo años en la parte de abajo de un ropero en una pieza de pensión cerca de Tribunales, tapada con una frazada. El sistema era sencillo y surgió por casualidad”.    

La máquina sería una metáfora de una mujer que produce relatos de una sociedad alternativa donde el pasado se confunde con el futuro. También podría considerarse un artilugio o un instrumento para mantener viva la memoria y la identidad de una cultura: “Macedonio siempre estaba recopilando historias ajenas… ‘Una historia tiene un corazón simple, igual que una mujer. O que un hombre. Pero prefiero decir igual que una mujer’, decía Macedonio, ‘porque pienso en Scheherezade'”. 

Para Neri Francisco Romero, en su análisis “Ciudad ausente de Ricardo Piglia: el imaginario futurista del ‘new order‘. La poética de la ficción paranoica”, la novela de Piglia es una prosopopeya de la literatura y de la política argentina, con Scheherezade y Eva como modelos políticos-culturales. La primera, explica el autor, utilizó el relato para salvar su vida, su cultura, su identidad; y la segunda, vinculada al destino del cuerpo –recordemos que el cuerpo de Evita desapareció y hubo una gran serie de versiones sobre ese suceso.  

Además, Romero explica un nexo más nacional de LCA que es el de Elena y Evita para tratar a ambas desde el concepto dual: cuerpo-mito. Roland Barthes, en su libro Mitologías, tiene un subtítulo “El mito como sistema semiológico”, donde explica que la semiología postula la relación entre dos términos: significado y significante, pero en el plano del análisis existen tres: ahí coloca como ejemplo un ramo de rosas y su pasión:  “Esas rosas cargadas de pasión; unas y otras existían antes de unirse y formar ese tercer objeto que es el signo. Así como es cierto que en el plano del análisis no puedo confundir las rosas como significante y las rosas como signo: el significante es hueco, el signo, es macizo, es un sentido”. 

En este caso, cuerpo-mito son dos términos diferentes que cuando se conjugan pueden existir varios sentidos, como en el caso de Elena y Evita, por ejemplo, como explica Romero: “Dos cuerpos rescatados de la muerte total por la pasión de dos hombres”.  

Este autor analiza la simbología de ambas mujeres con respecto a ese supuesto país del sur del siglo XXI que Piglia plantea en su novela. Sus dos cuerpos, según este ensayista, son la metáfora de la patria y su destino: “El cuerpo de la Argentina, entonces, sus verdades o secretos, metaforizados en el cuerpo de Evita, codiciado, venerado y vejado, escondido, secuestrado –desaparecido durante dos décadas–, productos de múltiples relatos; y asociado finalmente a Elena, la máquina de relatos, porque también a esta el Estado quiere sacarla de circulación para que puedan olvidarla”.   

Regresando al análisis de Barthes sobre la teoría de los tres términos en la mitología, en donde explica precisamente que el mito se basa en ese esquema tridimensional: “Pero el mito es un sistema particular por cuanto se edifica a partir de una cadena semiológica que existe previamente: es un sistema semiológico segundo. Lo que constituye el signo (es decir, el total asociativo de un concepto y de una imagen) en el primer sistema se vuelve simple significante en el segundo”. 

Elena (la máquina) es el mito de origen de la novela de Piglia. Para Romero constituye no solo una alegoría a los discursos de Eva Perón sino a los relatos de Scheherazade: “La mujer que mantiene a raya al poder, la que evita su propia muerte, y la de otros, a través de su río de relatos contados una y mil veces”.  

Para este autor, los relatos emitidos por la máquina son la comunión de la tradición de la novelística argentina con las historias sociales de la trama que circulan en la LCA, que es una novela río. 

Macedonio Fernández.

No inventa nada, solo deforma la realidad 

En el capítulo “Los nudos blancos”, Piglia narra la internación de Elena Fernández en una clínica de Belgrano y perfila las características de su personalidad y cómo los relatos se desbordaban a través de los delirios que tenía: “Era la alucinación de las anfetas, pensaba mucho más rápido y las ideas se transformaban en imágenes reales. No podía parar; salía de los sueños hacia otra realidad; se despertaba en cuarto distinto, en otra vida; estaba loca, no quería volver a dormir. Si pudiera vivir en el insomnio eterno”.   

Para Elena la clínica representaba una ciudad interna: los enfermeros, los doctores y los pacientes, sus ciudadanos. Su mente era como una cueva que tenía encerradas todas las historias que había experimentado durante su vida y también todas las que había escuchado, y ese sanatorio era esa urbe donde residía. Su mente era un caos e incluso cuando se veía en el espejo aparecía su madre en su casa de Olavarría.  

El doctor Arana, observando el estado de Elena, dictamina a sus enfermeros que tienen que actuar sobre la memoria, en “los nudos blancos”, más precisamente, que son como los mitos y definen la gramática de la experiencia. El médico postula la siguiente teoría: “Todo lo que los lingüistas nos han enseñado sobre el lenguaje está bien en el corazón de la materia viviente. El código genético y código verbal presentan las mismas características. A eso llamamos los nudos blancos”.   

Adán Medellín, en el ensayo “Los nudos paranóicos. La ciudad ausente de Ricardo Piglia”, explica que esta teoría planteada por Arana de los nudos blancos es una especie de red o de mapa de un lenguaje original que con el paso de tiempo se transformaría en un código y que produciría otras lenguas. Estos son comunes en todos los seres vivos e incluso están inscriptos en el hueso de los hombres o en el caparazón de las tortugas. Esta apreciación de Medellín nos remite al mito.  

Por otra parte, Pablo Molina Ahumada en “Nudos blancos. Acerca de la relación mito-memoria cultural en La ciudad ausente (1992) de Ricardo Piglia” explica que el mito es una “zona de condensación” del lenguaje que produce una colisión o un desplazamiento: “Traducir el mito implica, por lo tanto, la dilatación de un nudo de memoria que, paradojalmente, se reinventa en el momento en que es descifrado. Lotman y Uspenski afirman que ‘comprender la mitología es recordarse’. Los nudos blancos, aquellos que sustentan los relatos de la máquina en la novela de Piglia, nos demuestran que comprender la mitología también significa reinventarse”. 

Pero en LCA los relatos que salen de la memoria de Elena pueden ser considerados deformados por la historia, la política y la ficción. Tal vez se deba a una serie de traumas no superados y sea una alegoría a la dictadura militar.  

En el ensayo de Adelmar Ramírez “La memoria traumática como elemento estructurante en La ciudad ausente de Ricardo Piglia: “El narrador excluye la causalidad de las situaciones caóticas; expone únicamente las secuelas”, o sea, en el relato la realidad, lo verdadero, está escondido o dilatado por lo apócrifo: “En efecto, la máquina narra de manera compulsiva, incluso después de ser clausurada, cuando ya nadie la escucha. Aquí observamos eso que Macedonio esperaba demostrar con su Museo: la autoexistencia (autopoiesis) como respuesta al misterio del mundo”. 

En el ensayo “La urbe como huella: La ciudad ausente de Ricardo Piglia”, Javier Ignacio Alarcón indica que los nudos blancos tienen relación con el relato de La Nena, ya que la deformación de la realidad por la paranoia que sufre Elena en la clínica construye: “El discurso narrativo es capaz de seguir las elucubraciones paranoicas de la protagonista: la narración se hace confusa, los personajes cambian el papel que juegan en el mundo de la mujer, incluso alteran su propia identidad. El mundo, en resumen, pierde un referente fijo”. 

El escritor costarricense Carlos Fonseca, en su conferencia “El idioma privado de la novela según Ricardo Piglia” (2020), explica que los personajes de la obra pigliana deambulan por la obsesión y la idea fija: “A partir de sus delirios conceptuales los personajes de sus novelas se imaginan en torno a sus ideas fijas, otra historia de la novela, una historia subterránea en la que el pensamiento se convierte en el relato vital cuando un mundo huérfano adquiere sentido”.  

Elena, en LCA, es la matriz que genera los relatos de una urbe controlada por el Estado: “Estoy llena de historias, no puedo parar, las patrullas controlan la ciudad y los locales de la 9 de Julio están abandonados, hay que salir, cruzar, encontrar a Greta Müller que mira las fotos ampliadas de las figuras grabadas en el caparazón de las tortugas, las formas están ahí, las formas de la vida”. 

Escrito por
Andrés Lasso Ruales
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