“Un grito de corazón: ¡viva Perón, viva Perón!”. Las estrofas de la marcha peronista, acompasadas por un bombo, se entremezclaban con el ruido del despliegue de las fuerzas de seguridad que se abrían camino por la avenida Costanera, frente al Aeroparque Metropolitano. Sobre una de las veredas, un cordón policial contenía a los manifestantes que habían ido a recibir los restos de Eva Perón, repatriados desde España después de 19 años de robo, persecución y ausencia. Un puñado de banderas argentinas flameaba entre las voces: “Por ese gran argentino que se supo conquistar a la gran masa del pueblo combatiendo al capital”. Era la mañana del domingo 17 de noviembre de 1974.
Los patrulleros, las motos policiales y los carros de asalto no terminaban de pasar. Fotógrafos y camarógrafos captaban ese movimiento. Uno de los trabajadores de prensa que filmaba imágenes pertenecía a la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP). En YouTube se puede ver un registro de 3 minutos 18 segundos. Esa compilación de fragmentos ordenados en forma cronológica es quizás el único testimonio del acontecimiento histórico, junto con el que guarda el Archivo Histórico RTA (Radio y Televisión Argentina), de 2 minutos 21 segundos.
El operativo de la repatriación se manejó en total secreto. La presidenta Isabel Perón había encomendado la misión al ministro José López Rega. Los detalles estaban acordados con el dictador español Francisco Franco.
López Rega debía ir a Madrid y retirar el cadáver de Evita de la Quinta 17 de Octubre, ubicada en Navalmanzano 6, en Puerta de Hierro; luego, en vuelo de Aerolíneas Argentinas, partir hacia la base militar de Morón y desde allí, en un Fokker de la Fuerza Aérea, llegar al Aeroparque.
El sábado 16, a las 21, la sociedad se sorprendió con el anuncio de Isabel por cadena radiotelevisiva: “En mi carácter de presidente de la Nación y en nombre del Gobierno nacional, bajo el amparo de la Divina Providencia, tengo el emocionado privilegio de anunciar al pueblo argentino la fausta nueva de que en estos momentos vienen en viaje de retorno a su patria los sagrados restos mortales de la señora María Eva Duarte de Perón, jefa espiritual de la Nación”.
Al mismo tiempo que la multitud esperaba el regreso de Evita afuera del Aeroparque, la organización Montoneros restituía el cuerpo del dictador Pedro Eugenio Aramburu, que había robado un mes antes del cementerio de la Recoleta. El féretro apareció dentro de una camioneta estacionada a un costado del Parque Las Heras.

Es el pueblo que te aclama
“¡Perón, Evita, la patria peronista!”, gritaba un grupo de manifestantes en una de las veredas de la avenida Costanera, custodiados por una hilera de policías. El estruendo que acentuaba el cantito nacía de la maza que Carlos Tula hacía rebotar contra el parche. El “bombo mayor” del peronismo –según el bautismo del líder del movimiento– esperaba la llegada del cuerpo de Evita desde la 6 de la mañana.
El instrumento que ejecutaba el jefe de la hinchada de Rosario Central lucía una inscripción un poco borroneada: “Isabelita presidente”. Y los golpes resonaban con dos palabras que se repetían ante la mirada de los policías federales: “¡Gracias, Isabel!”.
El camarógrafo de AP también registró a un grupo de mujeres que entonaba aquella marcha popularizada por Nelly Omar: “Es el pueblo que te aclama, Eva Perón”.
Pero ese pueblo vivía tiempos violentos. Unos días antes, el 6 de noviembre, Isabel había firmado el decreto para instaurar el estado de sitio en todo el país “para que los elementos de la subversión depongan su actitud”.
Al año siguiente, el Poder Ejecutivo emitió otro decreto para prorrogar la medida. Luego, la dictadura cívico-militar la extendió hasta el día previo a las elecciones del 30 de octubre de 1983.

Un breve reposo en Olivos
En el Aeroparque, Isabel presidió la breve ceremonia de recibimiento del cuerpo de la segunda esposa de Perón acompañada por las hermanas de Eva –Erminda y Blanca Duarte–, sus ministros y varios funcionarios y autoridades.
La cámara de AP muestra el aterrizaje del Fokker y el traslado del féretro envuelto con una bandera argentina y un crespón negro. Esa imagen aún provoca escalofríos: los restos de Evita sobre un Rambler Classic 660 negro, rodeado por una decena de hombres de civil armados con ametralladoras y algunos con handies. López Rega y sus guardianes de la Triple A no dejaron ningún detalle del operativo librado al azar.
Entre sirenas y frenadas, la multitud saludaba tumultuosa la salida de la comitiva hacia la residencia presidencial de Olivos. La gente corría detrás de los vehículos, mientras los policías intentaban despejar la calle para dejar paso al cortejo.
De pronto, el camarógrafo se detuvo, giró la cámara y mostró a las personas de frente, que trotaban hacia el séquito fúnebre. Un manifestante aprovechó para saludar.
AP conserva otro archivo: breve, sin sonido, en blanco y negro. Son 35 segundos filmados en diciembre de 1974 en la cripta de la capilla Nuestra Señora de Luján en Olivos. Allí descansaban los cuerpos de Perón –a la izquierda, en cajón cerrado– y Evita –a la derecha, con las mutilaciones expuestas. En medio de ambos, una bandera argentina.
La tumba que no fue
El lugar previsto para el reposo definitivo no era Olivos, sino el “Altar de la Patria”, un panteón para “exaltar la memoria y rendir patriótico homenaje a quienes han merecido del pueblo argentino el título de glorias, héroes o benefactores de la Nación”, según la ley sancionada en junio de ese año y promulgada al mes siguiente.
López Rega contaba que la idea se le había ocurrido después de visitar con Perón e Isabel el mausoleo que guarda los restos de Napoleón en el majestuoso espacio arquitectónico Los Inválidos, en París.
El Altar de la Patria, de más de cincuenta metros de alto, estaría ubicado entre las vías del Ferrocarril Belgrano, la Facultad de Derecho de la UBA, la Avenida del Libertador y la calle Tagle. Un túnel conectaría la avenida Figueroa Alcorta por debajo de la construcción. En tres subsuelos estarían las criptas de personalidades antagónicas de la historia nacional. Allí reposarían Mariano Moreno, Cornelio Saavedra, José de San Martín, Manuel Belgrano, Bernardino Rivadavia, Manuel Dorrego, Juan Lavalle, Juan Manuel de Rosas, Justo José de Urquiza, Hipólito Yrigoyen, José Félix Uriburu, Perón, Evita, Eduardo Lonardi y Aramburu, entre otros.
Ya estaba definida la leyenda que figuraría en el frontispicio del panteón: “Hermanados en la gloria, vigilamos los destinos de la patria. Que nadie utilice nuestro recuerdo para desunir a los argentinos”.
Poco después de la repatriación de los restos de Evita, el sábado 23 de noviembre, el Gobierno inauguró las obras con la colocación de una plaqueta: “Se inició la construcción de este monumento erigido por los argentinos para venerar la memoria de sus muertos más ilustres que hoy transitan hermanados en la gloria, libres de toda pasión terrena. Apadrinaron la ceremonia la excelentísima señora presidente de la nación, doña María Estela Martínez de Perón, y el excelentísimo señor ministro de Bienestar Social, don José López Rega”.
El golpe de Estado de 1976 dejó trunco ese proyecto descomunal y controvertido. En parte del espacio elegido, la dictadura construyó el edificio de Argentina Televisora Color (ATC), donde hoy funciona la TV Pública. Y decidió que los cuerpos de Perón y Evita descansaran separados fuera de Olivos: uno en la Chacarita y el otro en la Recoleta. Dos sepulturas alejadas, dos sepulturas sin sosiego.
