En la Buenos Aires de fines del siglo XIX, los carros del cuerpo de bomberos eran los únicos con permiso para hacer sonar una señal de alarma a su paso. Hasta que a instancias de Cecilia Grierson se logró la incorporación de campanas también en las ambulancias, para tratar de garantizar la atención médica lo más rápida posible. María Angélica Labiano relata esta anécdota –entre tantas otras– para dar cuenta de la incidencia de la primera médica argentina en múltiples aspectos cotidianos vinculados con la salud y la educación. Cuando suena la sirena de una ambulancia, hay que pensar en Cecilia Grierson.
Labiano comparte lazos familiares con la emblemática científica (fue nuera de una de sus sobrinas) y trabaja para mantener vigente su historia desde la Fundación Cecilia Grierson, dirigida por Anne Blanchard, sobrina bisnieta de la pionera sanitarista.
Al analizar el carácter pionero de Grierson, Labiano enumera de memoria un sinfín de aspectos. Es que fue una mujer que abrió caminos. Muchos. “Fue la primera promoción de maestras normales de Buenos Aires; fundó la primera escuela de enfermeras; creó el uniforme de enfermera copiado luego en varios países de la región; fue la primera médica argentina y latinoamericana”, recita y sigue.
Además de los hitos más célebres del trabajo de Grierson (entre ellos, que fundó la Asociación Obstétrica Argentina) señala otros menos conocidos. Como que escribió un libro de kinesioterapia. “Según un estudio que se publicó el año pasado, es el primer antecedente de la kinesiología en la Argentina”, cuenta la referenta de la Fundación. En ese espacio se brinda asesoramiento a quienes investigan a Grierson desde múltiples miradas. Porque en cada área en que se desempeñó, aseguran, dejó una huella que merece ser investigada y rescatada.
TAREAS DE CUIDADO
Grierson, recuerda Labiano, dejó un libro sobre la educación técnica de las mujeres (en 1902). “Ella sostenía que las mujeres que iban a la secundaria tenían que recibir nociones de puericultura, de cocina. Tenían que salir con otras habilidades. Si la mujer cuidaba al marido y a los hijos, había que capacitarla para que lo hiciera con cierto conocimiento”, era el planteo que defendía la científica.
Esa fusión entre hacer ciencia y valorizar las labores de cuidado de las mujeres fue la impronta de Grierson. Por eso fue pionera también en crear lo que hoy se conoce como salas de atención primaria de la salud. “Creó la asistencia pública, salas para que la gente fuera a atenderse como primera opción, antes de ir a un hospital. Por eso muchas salitas llevan su nombre”.
Atención primaria e higiene como conceptos claves para la salud: nociones que no existían por entonces. “Cuando ella estudia lo que ahora es la residencia –antes llamado practicante menor y practicante mayor– descubre que todo era muy sucio, que no había higiene. Ella inculca el lavado de manos”, remarca Labiano. “Los médicos iban de la sala de disección de cadáveres a atender partos. Las mujeres se infectaban y morían de septicemia. En esa época, lo que propone Grierson era de avanzada”, destaca. Y agrega más datos en el mismo sentido: “Tuvo mucho que ver en la educación de sordomudos a partir de lo que estudió en Londres (en este momento se está investigando sobre eso) y puso el primer consultorio psicopedagógico en Argentina. ¡En 1901!”.
Grierson compartía mucho de su mirada con sus pares y amigas en la primera Asociación de Mujeres Universitarias Argentinas, que fundó en 1904. Allí estuvieron otras mujeres de la ciencia que dejaron legado, como Sara Justo o Julieta Lanteri. “Este mismo grupo en 1910 arma el primer Congreso Femenino Internacional y de Ciencias Domésticas, para acompañar al centenario argentino. Eran todas feministas y en general socialistas”, describe Labiano.
SU LUGAR EN EL MUNDO
Si hay un sitio donde está presente la vida y la obra de Cecilia Grierson, es en la localidad cordobesa de Los Cocos, donde además la avenida principal lleva su nombre. Allí fundó, en 1913, la primera escuela primaria del lugar. Ella cedió el terreno, los materiales e inauguró la educación formal en esa zona serrana.
“Desde la Fundación acompañamos a esa escuela, que hoy tiene jardín, primaria y secundaria. Estamos por ir a ver a los chicos de quinto y sexto grado, para hablar sobre Cecilia con ellos. Fuera del bronce, quién era como mujer”, dice Labiano. Cuando divulga la obra de Grierson entre público infantil cuenta por caso que por haberse criado en Entre Ríos sabía andar a caballo, que tomaba mate, que “cuidaba mucho la naturaleza, cuidaba los árboles porque sabía que era una zona seca, se ocupaba de que no usaran gomeras ni rifles para cuidar a los pájaros”. Cuenta también que la primera vez que viajó a Los Cocos se enamoró de las sierras y se compró una casa, que la quiso donar como colonia de vacaciones en 1913 y no se la aceptaron. “Fue una mujer de avanzada. ¿Una colonia de vacaciones? Era algo impensable allí en el año 13”, resalta la divulgadora.
“Cuando vivió fue muy valorada, pero después su figura quedó dormida en el tiempo –cuestiona Labiano–. En los últimos años se puso un poco ‘de moda’, en un momento se la incluyó entre las estampillas de mujeres notables y después con el billete (de dos mil pesos, junto al médico Ramón Carrillo) y la vacuna (la primera de fabricación argentina contra el Covid-19) se la rescató en la búsqueda de mujeres notables. Ella lo fue a fuerza de estudio y remo. Trabajó desde los 13 años. Era la mayor de seis hermanos y viajó de Entre Ríos a Buenos Aires para trabajar de institutriz. Cuando se recibió de maestra y consiguió trabajo, se llevó a la familia con ella. Trabajaba como maestra nocturna para poder seguir estudiando. Es un mérito extraordinario”, elogia Labiano.
“Cecilia Grierson no era una feminista de barricada. No era como Julieta Lanteri. Pero ella decía que toda la vida apoyó el movimiento feminista porque las mujeres estaban en un estado de indefensión, sumergidas. Tenía ideas profundamente feministas y todas sus amigas eran del mismo patrón. Era una posición de avanzada”, insiste Labiano. Habla de la “explosión del feminismo” en el mundo y también en la Argentina, un contexto que se reflejó en Grierson y sus pares en el congreso que impulsaron en 1910. “Las conclusiones de ese encuentro son fantásticas. Hablaban del divorcio, de la trata de blancas, de la patria potestad, del estatus legal de la mujer, porque las casadas eran ‘incapaces’: el marido era el dueño de sus bienes, no podían manejar dinero. Lo que decían esas mujeres después dio lugar a leyes”.
