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Caras y Caretas

           

“Las mujeres siempre trabajaron, en tal caso no era remunerado”

Foto: Felipe Wymerszberg

La investigadora Graciela Queirolo analiza la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo profesional, un proceso del cual Cecilia Grierson fue pionera en la segunda mitad del siglo XIX.

Investigadora del Conicet, autora, editora y coautora de varios libros sobre la incorporación de las mujeres al mundo del trabajo remunerado –como Mujeres en la oficina, trabajo, género y clase en el sector administrativo–, Graciela Queirolo analiza, en esta entrevista con Caras y Caretas, la profesionalización de las mujeres, un proceso del que Cecilia Grierson, la primera mujer médica y universitaria de la Argentina, fue pionera.

–¿Cómo era el contexto para las mujeres que querían ser profesionales en la segunda mitad del siglo XIX, cuando se recibió Grierson?

–Recién se estaba conformando un mercado de trabajo, en centros urbanos como Buenos Aires. Había gran cantidad de mujeres trabajando como lavanderas, costureras. Grierson fue la primera mujer universitaria y marca el camino de la profesionalización que irán atravesando después las mujeres.

–¿Generaba rechazo social una mujer profesional en ese momento?

–Era bastante transgresor, poco común. Las mujeres –incluso Grierson– estaban vinculadas a las actividades de beneficencia y caridad. La Sociedad de Beneficencia era la que gestionaba la salud en la ciudad de Buenos Aires. Ella fue bastante original, innovadora.

–Hay un debate sobre si la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado y profesionalizado fue un proceso cultural o una necesidad del desarrollo capitalista.

–Tiene que quedar muy claro que las mujeres siempre trabajaron, en tal caso no era remunerado. El mercado se benefició ampliamente con la incorporación de mano de obra femenina porque era más barata. También había mujeres que buscaban el trabajo por distintos motivos. Por necesidad, por supuesto, pero también para tener una alternativa a la carrera matrimonial y a la dependencia económica de un marido. Grierson ingresó muy temprano a este proceso. Todo eso fue más fuerte en los inicios del siglo XX.

–Justamente a inicios del siglo pasado, el médico catalán Juan Bialet Massé elaboró el informe sobre el estado de la clase obrera que le había pedido el gobierno argentino y da cuenta del trabajo de las mujeres y las condiciones en que trabajaban.

–Bialet Massé recorrió el interior del país, sobre todo del mundo rural. Era aún más invisibilizada la presencia de las mujeres en el trabajo rural que en otras tareas. Y siempre iban a trabajar con los chicos, que eran parte de la mano de obra.

–¿En qué momento se produce el punto de inflexión y hay una incorporación más masiva de las mujeres a trabajos considerados profesionales?

–Para la llegada del Centenario de la Revolución de Mayo (1910) el trabajo profesional de las mujeres está muy avanzado. De hecho, en ese momento ya hay mucho debate sobre los beneficios y desventajas que trae la profesionalización de las mujeres. Hay mujeres ingenieras, abogadas. Y después, cuando termina la Primera Guerra Mundial, para 1918 o 1919, ya no cabe duda del lugar que ocupan las mujeres en la estructura productiva. En el censo de población de 1914 aparece una gran cantidad de ocupaciones en manos de mujeres. Tenían lugares en la industria, el comercio, la salud, el magisterio, la administración.

–La incorporación de las mujeres a la política, ¿es parte del mismo proceso?

–Las mujeres participaban en política desde bastante antes. Volvamos para atrás. Las mujeres de la Sociedad de Beneficencia, que eran de la elite, son políticas. Están disputando una pulseada dentro del Estado. Están peleando presupuesto. No tenían derechos políticos. No podían ni votar, pero tenían una gran participación en el mundo público. Y en los últimos años del siglo XIX ya aparecen las demandas por los derechos políticos de las mujeres. En 1910, cuando se hizo el Primer Congreso Femenino Internacional, una de las cláusulas que se acuerda es la de los derechos políticos de las mujeres, que puedan sufragar y ocupar cargos electivos.

–El ingreso de las mujeres a las actividades consideradas profesionales, ¿evitaba las desigualdades de género?

–El mercado de trabajo se conforma con una mejor remuneración para los trabajos que tienen detrás una formación. Eso no quiere decir que las mujeres profesionales perciban el mismo ingreso que los hombres por igual tarea. Las brechas salariales, los mecanismos de inequidad laboral, son constitutivos de este mercado de trabajo.

–La docencia es un ejemplo de una profesión muy feminizada. ¿Hay un corte ahí también, en que las mujeres tienen profesiones determinadas?

–Originalmente el magisterio se piensa como una profesión feminizada. Se parte de la base de que las mujeres van a ser más idóneas para ser maestras por dos motivos. Uno eran las supuestas virtudes maternales: si son capaces de educar a sus hijos en casa van a poder hacerlo en la escuela. El segundo motivo es económico. El propio Sarmiento decía que con el costo de cada maestro se puede tener dos maestras. Esto redunda en que el magisterio se va a feminizar desde el principio. Los varones lo hacían pensando más en lograr otras tareas, ingresar a estructuras municipales o tener un puesto en lugares de control.

–Este proceso de profesionalización de las mujeres, ¿se repetía en el resto de la región?

–En los países del Cono Sur hay procesos similares. Las temporalidades son muy parecidas.

–¿Qué cosas siguen vigentes de aquellas inequidades?

–Hoy está demostrado que las mujeres trabajan más y ganan menos. Y que todas las tareas reproductivas y de cuidado siguen recayendo mayormente en ellas.

–Hubo una declaración del G20 en julio pasado en la que todos los países se comprometieron a trabajar para reducir las desigualdades de género y reconocer los trabajos de cuidado. El gobierno argentino de Javier Milei fue el único que no la firmó.

–Es un enorme retroceso lo de la Argentina. Pero algo interesante ocurrió en los últimos años en distintos países. Los trabajos de cuidado ocuparon un lugar central en la agenda pública. Y quedó claro que son una actividad fundamental para permitir la continuidad de la vida misma. La posición del gobierno argentino es una negación absoluta de todo eso y un enorme retroceso. Se basa en escuelas económicas que parecen desconocer los estudios de la economía feminista que han mostrado la importancia de estos trabajos para explicar la reproducción social.

Escrito por
Demián Verduga
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