Estela Canto fue el gran amor de Borges. Al menos fue la mujer de la que se enamoró, que presentaba como su novia y a quien le pidió casarse. Fueron amigos hasta los últimos días de su vida, incluso hablaron apenas unos días antes de que él emprendiera su último viaje, para morir en Ginebra. Fue escritora, tuvo cercanía política con el comunismo, pero por sobre todo fue una mujer libre y de gran cultura general. Para rechazar la propuesta de matrimonio le dijo a Borges que antes de casarse deberían tener relaciones sexuales, sabiendo que él no lo aceptaría. Lo erótico en la relación es un tema que retomaría en Borges a contraluz, la biografía que escribió a partir de las experiencias compartidas y que Ricardo Piglia afirmó que es el mejor texto sobre el escritor.
Aníbal Jarkowski es novelista, ensayista, licenciado en Letras y especialista en la obra de Borges. Su novela Si es una ficción sobre datos reales de la vida del creador de El Aleph. Allí un relator recorre la historia de “B” –así lo nombra– poniendo el foco en el momento en que es trasladado de su cargo como bibliotecario a un puesto como “Inspector de aves de corral”. La novela propone pensar qué hubiera pasado si “B” hubiera aceptado hacer ese trabajo y ponerse en contacto con un sector de la sociedad que, a diferencia de Estela Canto, él desconocía. Sobre el cierre de la novela le da la palabra a anto, también como personaje de ficción. Ella, a diferencia de lo que ocurre en el resto de la novela, sí nombra a Borges por su nombre. “Me parecía que contando ella la última parte de la novela, tenía el derecho a llamarlo por su nombre, porque lo conocía de verdad. Para mí ella efectivamente podía hablar de Borges”, puntualiza Jarkowski a Caras y Caretas.
–¿Qué mirada propone Estela Canto en Borges a contraluz?
–Ella escribe el libro después de la muerte de Borges. Se acercaba el centenario del nacimiento y creo que ella se sintió habilitada a intervenir en la discusión en torno de si Borges había querido o no morir en Ginebra. De hecho, organizó un poco la cuestión, porque ella avala la relación con Kodama más allá de algunas crueldades que puede tener ese libro. Es una mujer muy inteligente que tiene una mirada no solamente sobre Borges, sino sobre la cultura argentina. En relación con él da como sobreentendido algo muy discutible: la idea de que lo que uno vive aparece en lo que uno escribe, y lo que uno escribe transparenta lo que uno vivió. Sin embargo, me parece que lo más interesante son algunas observaciones sobre la relación compleja que tiene con el propio Borges. Aunque no me parece que el libro fuera tan especulativo, cuando ella usa el testimonio del psiquiatra reveló algo que traiciona un poco el secreto profesional y avanza sobre cosas suyas que no tendría que haber comentado. Sin embargo, es interesante cómo utiliza esa hipótesis para hablar de la cultura machista en la relación de Borges con su padre (N. de la R.: Canto en su libro cuenta una particular interpretación del psicólogo Cohen Miller sobre una supuesta impotencia de carácter edípico). Es muy severa con la madre de Borges, algo que muchas biografías también hacen en relación con el papel castrador que tuvo. Respecto de Borges y Canto, son dos personas muy distintas ideológicamente y también en los gustos literarios. Ella viene de una familia en decadencia y se las tuvo que arreglar como pudo. Por eso me parece interesante pensar en las experiencias intensas que tuvo Borges con Estela Canto, que probablemente no habría tenido encerrado en ese círculo endogámico donde parecía estar como prisionero.
–¿Tenía Estela Canto alguna mirada sobre el Borges escritor?
–Ella tenía el mérito de ser una mujer que tiene una cultura sólida, sin haber hecho ningún estudio formal. Cuando sale El Aleph, escribe en la revista Sur una reseña muy extensa, proponiendo una lectura muy inteligente. Sostiene que Borges es el escritor más popular entre nosotros. ¿En qué sentido? Porque se ocupa de las cosas que nos preocupan a la mayoría de los argentinos, que sus preocupaciones son las de todos, y detecta un vínculo entre los problemas argentinos y Borges. Tiene una argentinidad, digamos, muy sensible. Más allá de esos mundos fantásticos, la inquietud por los problemas de la identidad y las contradicciones son problemas que efectivamente hacen que Borges no sea un escritor exótico para nosotros. Su interés por la milonga, por el criollismo, sus preocupaciones por este destino contradictorio, muchas veces incierto que tenemos, han hecho efectivamente que el escritor más popular sea Borges. Canto deja en claro en ese ensayo que al leer a Borges sentimos que efectivamente es el escritor de nuestro país, de nuestra sociedad, de nuestros problemas, de nuestras incertidumbres, dudas y de la sensación de irrealidad. Es el que dice no sé si esto es sueño, si es real o si es una pesadilla. En esa misma reseña propone que su literatura viene de dos líneas, la criollista y la cosmopolita, por el lado de las literaturas europeas. Esa descripción es exactamente la misma que hace Piglia casi 30 años después, en un ensayo brillante que se llama “Los dos linajes”. Esa hipótesis está formulada por Estela Canto en 1949.
–El período de relación más intensa entre Borges y Estela tiene una coincidencia temporal con el primer peronismo. ¿Cómo vivieron ese tiempo juntos?
–En eso también tuvieron diferencias. Borges piensa al peronismo como una pesadilla, como algo que es irreal. Y produce de lo mejor de su literatura en esa tensión, y hay ciertos relatos que tienen que ser pensados desde esa cuestión. Se pueden ver meramente como una crítica, o al contrario, se pueden ver como un tiempo que lo interpela, de un otro mundo desconocido, que surge del corazón de esta sociedad tensionada. Estela, en cambio, era políticamente más inteligente, y ella ve que con el peronismo se visibiliza mejor un enorme sector de la sociedad que hasta ese momento había sido ignorado y despreciado. No es que ella de alguna manera lea en clave peronista, pero le presta atención a esa cuestión. Ella se da cuenta de todo lo que había sido negado por torpeza ideológica, incluso del propio PC con el que ella tenía cercanía. Entonces, reconoce méritos en esa clase que se hace visible, ve una sociedad más viva, más intensa y también más conflictiva. Percibe una sociedad mucho más compleja y más diversa que ese mundo monótono de una clase que pensaba que todo iba a seguir siempre igual.
