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Caras y Caretas

           

Los primeros habitantes

Los pueblos autóctonos de Martín García sufrieron la invasión española y sucesivas tomas de las grandes potencias por su ubicación estratégica. En plena “Campaña al Desierto” se la transformó en un campo de concentración de indígenas.

La isla Martín García siempre estuvo ahí. Ubicada en un lugar estratégico (en la confluencia del río Uruguay con el Río de la Plata), supo ser cuarentenario, un espacio de luchas, un campo de concentración indígena. Todo eso y mucho más. Pero la historia tuvo un principio.

Sus primeros habitantes fueron los guaraníes, los charrúas y los querandíes. Hasta que llegó el español Juan Díaz de Solís en 1516. Entre la tripulación (compuesta por 60 hombres y tres naves) viajaba su despensero, que falleció en la costa. Solís bautizó a la isla con su nombre: Martín García. Se convertía así, además, en el primer sitio argentino que alcanzaron los españoles.

Debido a su posición estratégica, la isla fue disputada entre España y Portugal durante siglos, hasta el XIX. La isla también vivió tiempos compulsivos en los años de la revolución. Recién en 1814 la tropa comandada por el almirante Guillermo Brown logró expulsar a los realistas, quedando en manos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, que aún tenían a Uruguay entre sus filas. En 1825, Brasil les declaró la guerra, bloqueó el Río de la Plata y tomó Martín García. De nuevo apareció Brown, que la recuperó entre 1826 y 1827. La soberanía duraría poco. Primero fueron los franceses, que en octubre de 1838 invadieron la isla en el marco del bloqueo del puerto de Buenos Aires y todo el litoral del Río de la Plata. Unos 110 soldados argentinos (liderados por el jefe del Regimiento de Patricios, Jerónimo Costa) estaban en la isla, sin haber podido terminar las trincheras ni montado todos los cañones. Soportaron heroicos la artillería de las naves francesas, que transportaban 550 soldados. Hasta que la diferencia fue imposible de revertir. Los detenidos fueron trasladados a Buenos Aires y el comandante francés solicitó una tregua para desembarcarlos: “No deben ser retenidos por su heroico comportamiento”.

En 1840 se levantó el bloqueo y devolvieron la isla y los barcos capturados. Luego los ingleses entrarían en escena, en la misma saga de batallas de Vuelta de Obligado. La tuvieron de 1845 a 1850. Hasta que fue devuelta en 1852 a la Confederación Argentina.

Un par de años antes –basado en la ubicación estratégica e inspirado en el modelo federal de Estados Unidos–, Sarmiento la propuso como capital de los Estados Unidos del Río de la Plata, que reuniría a lo que había sido el Virreinato: se llamaría Argirópolis (“Ciudad de la Plata”). Pero su devenir sería menos rutilante y decididamente oscuro: en poco tiempo pasaría a ser un campo de concentración indígena.

CAUTIVOS Y DESTERRADOS

En 1879, durante la mal llamada “Campaña al Desierto”, el Ejército llevó detenidos a mapuches, tobas y tehuelches, entre muchos otros. “Hubo caciques muy representativos. Estuvo Pincén, Manuel Grande, Epumer Rosas, Catriel, incluidas mujeres cautivas.” Quien lo relata es María Elena, la guía por excelencia de la isla, que vive allí desde hace 40 años.

En los últimos años, el Gobierno bonaerense busca revalorizar la isla, lo que incluye una reivindicación a los pueblos originarios. En agosto de 2022 realizaron por primera vez la Ceremonia de la Pachamama en Martín García. Ahí estuvo Zulema Enríquez, directora de Diversidad y Prácticas Identitarias del Instituto Cultural de la Provincia: “La isla tiene una historia muy importante y muy fuerte. Fue un centro de detención en el marco del Estado-nación que se estaba construyendo, que incluyó ocupación territorial y el fortalecimiento de la identidad nacional argentina. A Martín García llevaban prisioneros, eran depositados, y eran cremados allí los que morían”.

“Es el momento donde se consolida esta idea de que todos los argentinos y argentinas somos producto del crisol de razas, eliminando toda identidad que fuese diferente o atentara a esa construcción. La Campaña es fundamental para entender el racismo estructural que existe en la Argentina. Y la isla Martín García se convierte en un punto para trabajar desde este lugar”, acota Enríquez, docente de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

La puesta en valor incluyó la señalización de los sitios de memoria de los pueblos originarios en la isla y la realización de actividades culturales y recreativas. Algo inédito para una isla que se acostumbró a vivir al costado de las grandes luces.

En los últimos años, equipos de antropólogos y personal del Ministerio de Ambiente hallaron piezas de cerámica antigua y también restos óseos. La investigación continúa, en diálogo con las comunidades, para que el trabajo científico sea cuidadoso y consensuado. “Tiene que haber respeto hacia los muertos, hacia tanta historia que ha sido tan colonizada desde muchas maneras, no solamente con la llegada de los españoles, sino también con las miradas propias de la ciencia y de las políticas, a veces desde ópticas
colonialistas o asistencialistas”, resalta Enríquez, de origen quechua.

INVESTIGACIONES EN CURSO

Alexis Papazian es doctor en Antropología, docente de Historia, investigador del Conicet (Unipe) e integrante de la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena. Hace más de quince años, junto a otros colegas, comenzó a estudiar la isla a través del Archivo General de la Armada y el de los curas vicentinos, los encargados de la evangelización, bautismos, actas e defunción y matrimonios en Martín García.

Para tener una idea de a cuántos llegaban, el 19 de febrero de 1879, el jefe superior de la isla, coronel Donato Álvarez, que se encontraba en Buenos Aires, le escribe a su segundo (Máximo Matoso) que iban a llegar en el vapor Santa Rosa “98 indios, hombres, 120 mujeres, 120 ‘chinas’ y 131 de chusma”. El doble que la población actual de la isla. El 12 de marzo de 1879, el mismo Donato Álvarez recibe un pedido con firma de Luis María Campos: el señor don Gregorio Torres (un juez correccional de Buenos Aires) quería que le mandaran “once indios con sus respectivas mujeres e hijos”.

En uno de sus trabajos (publicado hace ya once años), Papazian analizó cómo a lo largo de las últimas décadas del siglo XX se fue convirtiendo a Martín García en “un recreo para el turismo; silenciando a la isla como campo de concentración de indígenas, rol que ocupó de manera sistemática durante los años 1870-1890”.

“Había situaciones particulares, como los intentos de cortar el pelo a las niñas y los niños recluidos. Estaba vinculado con las políticas higienistas de la época. Hubo una rebelión de la población e impidieron que el médico llevara adelante esta acción –relata Papazian–. También hubo fugas de lonkos y capitanejos en botes, que en esa época no era fácil.”

¿Cómo lograron escapar? El bote era custodiado por un soldado, que era indígena. “Se escapan todos juntos, no saben maniobrarlo, terminan llegando a las costas uruguayas, donde son capturados. Luego de tratativas entre los dos Estados, son devueltos a la isla y quedan todos engrillados. Incluidos otros lonkos conocidos, como Catriel, que nunca se fugaron.”

Para Enríquez, “pocas veces se conoce a la isla por todo lo que fue y lo que tiene. Si nosotros no sabemos de nuestra historia, no podemos dar cuenta de nuestra identidad en el presente, y menos construir un futuro”.

Como lo venden agencias turísticas que hoy organizan excursiones a la isla, Martín García “es un atractivo destino que combina historia, naturaleza y misterio”. Pero algunos trabajan para que muchos de esos misterios sean develados.

Escrito por
Gustavo Sarmiento
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