Dentro de la amplísima producción escrita de Domingo Faustino Sarmiento, Argirópolis ocupó un destacado lugar por lo original y curioso de sus planteos. En líneas generales, el libro, publicado por primera vez en 1850 bajo el título Arjirópolis o la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata,
proponía proyecciones dirigidas a superar las conflictividades políticas atravesadas por la Argentina, Uruguay y Paraguay luego de las respectivas independencias. La piedra basal del proyecto radicaba en el llamado a un congreso representativo de los distintos Estados.
Asimismo, el Congreso debía establecer las pautas para el desarrollo de esos territorios, basado principalmente en la libre navegación de los ríos y la consiguiente liberación del comercio para que las provincias pudieran comprar y vender productos sin la intermediación de Buenos Aires. Coronarían el plan de gobierno, la llegada de inmigración europea y el crecimiento de la agricultura y la industria. Conjuntamente, todo favorecería la consolidación de un sistema republicano y federal. No obstante, vale apuntar, estas ideas ya estaban a la vista del lector en otras publicaciones sarmientinas, como Facundo y La Crónica. ¿Dónde residen entonces las particularidades de Argirópolis? La principal de ellas consistía, precisamente, en el lugar pensado para situar la futura capital de los Estados Confederados: la isla Martín García.
Para Sarmiento, la ubicación de la isla tenía las características suficientes para consagrarla como capital, pues Martín García o Argirópolis –neologismo configurado por el sanjuanino y cuyo significado era “ciudad del Plata”– representaba un punto equidistante y de fácil acceso fluvial para los diferentes territorios que iban a integrar los Estados Confederados. Escrito al estilo de la época, decía: “La situación jeográfica de las Provincias de la Confederación Arjentina hace de esta isla no solo el centro administrativo i comercial sino la aduana jeneral para la percepción dé los derechos de exportación e
importación”. Por ese motivo, el proyecto de Sarmiento procuraba hacer de Martín García la residencia de las autoridades e instituciones del futuro gobierno: “El Congreso, el Presidente de la Union, el tribunal Supremo de Justicia, una sede arzobispal, el Departamento Topográfico, la administración de los vapores, la escuela náutica, la Universidad, una escuela politécnica, otra de artes i oficios i otra Normal para maestros de escuela, el arsenal de marina, los astilleros, i mil otros establecimientos administrativos i preparativos que supone la capital de un estado civilizado servirían de núcleos de población suficiente para formar una ciudad. ¡A cuántas aplicaciones útiles se ofrece el laberinto de canales e islas que forman la delta del Paraná!”.
El extenso párrafo citado condensa el modo en que el autor pensó y ofreció al público lector la transformación de Martín García en Argirópolis. Otro rol clave de la isla consistía en convertirse en el granero de Entre Ríos, provincia destinada a pasar de la ganadería a la producción agrícola masiva con el objetivo de satisfacer el consumo interno y la demanda de los mercados externos. Martín García, de ese modo, constituiría el nexo en la paulatina integración a la división internacional del trabajo.
Según expresaban las líneas de Argirópolis, era posible dotar a Martín García de todas las particularidades asignadas pues no faltaban ejemplos históricos de ciudades levantadas en territorios desolados: “Es un hecho conquistado que la grandeza de los pueblos ha estado siempre en proporción de las dificultades que han tenido que vencer. Los climas frios enjendran hombres industriosos, las costas tempestuosas crean marinos osados. Venecia fué libre i grande por sus lagunas”. Ahora, ¿hasta qué punto Sarmiento creyó en las posibilidades reales del proyecto?
LA TRAMA HISTÓRICA DETRÁS DEL PROYECTO
Si bien Argirópolis atrajo a lectores contemporáneos y póstumos a Sarmiento por el carácter utópico, el mismo autor procuró en el periódico Sud-América descartar esa clave interpretativa: “Cuántos lectores a la vista de este título van a imajinarse que se trata de alguna república de Utopia (…) Error! Arjirópolis es el título de una obra mui práctica; es el nombre significativo de la capital de los Estados-Unidos del Rio de la Plata”. Sin intención de discutir este aspecto, vale apuntar, el sanjuanino daba tono de certeza al texto, puesto que el plan tenía un trasfondo político estratégico para la coyuntura de su publicación.
Atendiendo la otra gran curiosidad de Argirópolis, consistente en la creación de un Estado confederado entre Argentina, Paraguay y Uruguay, resulta factible pensar que la propuesta del cuyano anhelaba aunar fuerzas para derrocar a Juan Manuel de Rosas –gobernador de Buenos Aires y encargado del manejo de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina–. Por ello no es casual el empeño del escrito por centrar el interés en el litoral, lugar de perennes enfrentamientos debido a las disputas por la navegación de los ríos.
Además, la elección de Martín García permitía sumar a Francia en la búsqueda de aliados, pues el país galo por entonces continuaba con la toma de la isla fruto del bloqueo conjunto efectuado con Gran Bretaña al Río de la Plata. Dentro de esa lógica, Argirópolis tiene un tono conciliatorio, Sarmiento dedicaba la publicación a Justo José de Urquiza –político y militar cada vez en más abierta oposición al Restaurador de las Leyes– y decidía no figurar como autor, dando a entender que las señaladas ideas en realidad pertenecían a todos los preocupados en el progreso del Plata.
Por tales motivos, en los inicios de la década de 1850, Argirópolis –con nueva tirada al año siguiente junto a Emigración alemana y dos traducciones al francés– representó para Sarmiento el primordial título de referencia. El sanjuanino, orgulloso, manifestaba que Thiers tenía su ejemplar y lo utilizaría para exponer en la asamblea francesa el peligro encarnado por Rosas. Asimismo, en la portada de la edición del Facundo, de 1851, aparecía la leyenda: “Por el autor de Arjiropolis”. Y aunque el proyecto vertido en dichas páginas no prosperó, es apropiado destacar que Martín García transformada en Argirópolis significó, en una coyuntura particular, la principal esperanza para Sarmiento. Sobre la isla, el futuro presidente de la Argentina hizo recaer la misión histórica de cerrar los conflictos emergidos de las luchas posindependencia y facilitar la integración al demandante mercado capitalista en gestación.
