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Caras y Caretas

           

Los cofrades

La Cofradía de la Flor Solar fue el antecedente directo de la formación de Los Redondos. Nacida en La Plata, era mucho más que una banda: era una expresión contracultural de rebeldía juvenil.

A fines de los 60, en La Plata, nació La Cofradía de la Flor Solar, una experiencia musical única, parte de una movida cultural y artística que se desarrolló en plena dictadura militar de Juan Carlos Onganía; una era de rígida censura a expresiones culturales que disentían con los postulados del régimen de facto.

Ricardo “Mono” Cohen, artista plástico y profesor de Bellas Artes, alias Rocambole, fue protagonista capital de aquel fenómeno, y comandó la difusión, fue mánager y artífice de la estética de La Cofradía. Cohen definió esos días fundacionales con la expresión alemana zeitgeist: el espíritu de la época. “En La Plata había una gran efervescencia. Los jóvenes sentíamos la necesidad de cambiar algo y la conciencia de estar en el centro de la cosa. Re-accionábamos contra un tipo de instrucción moral y ética que te ordenaba hasta la manera de vestir. Apuntábamos a recuperar el espíritu festivo, contra una moral amarga, triste, asexuada”, recuerda.

En ese momento, el rock estaba fuertemente asociado con la contracultura, un cambio de paradigmas existenciales compartido por una parte importante de la joven generación de los 60, que iba en contra del materialismo extremo, y marchaba para abolir las armas nucleares y el belicismo de las grandes potencias. Propugnaba la libertad sexual, la libre elección de carreras y oficios, y quería tomar el control de sus vidas. Esos jóvenes consideraban que nadie podía arrogarse el derecho de escribirles el libreto de sus días terrenales.

El rock argentino despegaba tras el éxito de “La balsa” de Los Gatos y nacían nuevas bandas en todo el país. La Cofradía de la Flor Solar surgió de Los Grillos, grupo de Nogoyá, Entre Ríos, donde tocaban Morcy Requena, Kubero Díaz y Manija Paz, quienes luego se mudaron a La Plata para continuar sus estudios y seguir haciendo música.

EN LA CIUDAD DE LAS DIAGONALES

En la Facultad de Bellas Artes encontraron espíritus afines como Cohen, la Negra Poli y un elenco fluctuante de músicos que integrarían diferentes encarnaciones de La Cofradía, como Hugo “Pas-cua” García, Néstor Candi, Quique Gornatti, Nés-tor Paul y Rubén “Tzocneh” Lezcano.

Corto de fondos, el colectivo de músicos, pintores, escritores y demás artistas alquiló una casa vieja y fundó una comunidad. Recuerda Cohen: “En ese momento era un escándalo: chicos y chicas de 19 o 20 años viviendo bajo un mismo techo. Los vecinos imaginaban cualquier cosa”.

La Cofradía de la Flor Solar debutó en público en septiembre de 1968. Luego, Isabel Vivanco, integrante de la comunidad, les presentó a Miguel Grinberg, primer periodista que apoyó al rock nacional, quien costeó la grabación de un demo gracias al cual RCA Victor los contrató, en 1969, para registrar un simple, con “La mufa” y “Sombra fugaz por la ciudad”. Lo hicieron Morcy Reque-na en voz, Kubero Díaz en guitarra y voz, Néstor Paul en bajo y Manija Paz en batería.

El simple no vendió, pero La Cofradía siguió adelante. Participaron en el evento platense “Las 24 Horas de Rock” y también actuaron en Buenos Aires en varios teatros y en las dos primeras ediciones del Fes-tival B.A.Rock, en 1970 y 1971.

El paso lógico era editar un álbum. Proba-ron en Mandioca, pero grabaron “Juana”, una bella melodía de Mani-ja Paz, en el compilado Pidamos Peras a Mandio-ca. Por fortuna, Billy Bond –líder de La Pesada y productor discográfico de Microfón– tenía treinta horas de estudio libres y así La Cofradía de la Flor Solar grabó su LP debut, con Requena, Kubero y Manija, y aportes de Quique Gornatti y un joven Skay Beilinson, quien venía de Diplodocum Red & Brown, otra banda germinal del rock platense.

El álbum La Cofradía de la Flor Solar salió en 1971, con arte de tapa de Rocambole. Contenía una mezcla de rock and roll, baladas, psicodelia y letras sutiles poblando temas como “Quiero ser una luciérnaga”, “Fiesta de amor en el cielo”, “Todo mi mal” y “Se ama o no se ama”. Dijo Morcy Reque-na: “Abordamos muchos estilos sin problemas. La libertad y variedad del disco obedece a que llevába-mos años tocando. Teníamos una formación musical muy sólida y mucho oficio.”

Cohen dice que La Cofradía tocó mucho más de lo que la gente cree, sobre todo en la provincia de Buenos Aires: Junín, Tres Arroyos, 9 de Julio y otras ciudades. “La poca plata que teníamos era para transportar los equipos. Los demás llegábamos como podíamos, incluso a dedo”, dice.

El álbum se presentó en Buenos Aires, con buena recepción, y la banda estaba como para dar el paso siguiente, pero en el verano de 1972 una serie de hechos funestos apuraron su desbande, incluyendo una gira desafortunada por la costa Atlántica –con promotor estafador incluido–, una “cama” policial en la base que tenían en Mar del Plata, y un allanamiento, con posterior desalojo, de la sede comunal de La Plata.

Pero siguieron tocando. Kubero integró La Pesada, Los Abuelos de la Nada y la banda de León Gieco, y grabó dos álbumes solistas, entre otros proyectos. Varios cofrades participaron en Conesa, el álbum de Pedro y Pablo de 1972, y en Apóstoles, grabado en 1975. En su posterior exilio europeo, Cantilo, Requena y Gor-natti sumaron otro músico platense pionero, Isa Portugheis, y al español Fernando Huici, para formar Miguel Cantilo y Punch y editar dos álbumes tras regresar a Argen-tina en 1980.

Una nueva encarnación de la banda, gatillada por Morcy Requena desde Mendoza, grabó tres nuevos álbumes: El Café de los Ciegos (1997), con Kubero; Kofrádica (1998) y Kundabuffer (2007). Requena supervisó la reedición 2009 del primer álbum en CD, más el simple de RCA y dos temas inéditos de esa sesión, “Oda al abuelo mufado” y “Te deslizaste en mi costado”. Morcy también lanzó una recopilación de rarezas e inéditos, Histórico, en 2007, que incluye el “demo Grinberg” y otras delicias cofrádicas de diversas épocas.

Escrito por
Alfredo Rosso
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