• Buscar

Caras y Caretas

           

Laura Avellaneda

La autora recuerda a María Seoane y destaca su profundo compromiso político y su tradición de militancia.

Escribo este texto con la urgencia de no olvidar aquello que con el paso del tiempo se disipa. Se nos fue María Seoane y el mundo perdió a una revolucionaria inclaudicable. La última vez que la vi, en el sanatorio, me tomó la mano con la fuerza con la que vivió. Como pude dibujé en mi memoria su rostro, sentía la historia y la experiencia que la habían hecho como era. Su vida era ese instante. Miramos un rato los cacerolazos, hablamos de política, y me dejó una misión que no puedo transcribir.

María fue una persona singular. La conocí hace unos años y fue muy generosa conmigo. La entrevisté para un trabajo sobre las mujeres en la lucha armada de los años 70. Luego me invitó a participar en este espacio, Caras y Caretas, donde encontramos un lugar de diálogo que no voy a olvidar.

Fue militante, exiliada política y perseguida. En cada reunión volvía a aquellos años de lucha con la mirada de una revolucionaria. Luego vinieron los encuentros en su casa, cenas y anécdotas infinitas, porque cuando María hablaba hacíamos silencio. Y no un silencio autoritario, sino que la experiencia de su vida nos convocaba a escuchar. Entre sus anécdotas, contaba con entusiasmo los días en que le enseñó a Lula a leer a Lenin en español, sus noches en Nicaragua, cruzar la frontera con el corazón en la mano, y entre las más recurrentes contaba con los ojos llenos de lágrimas el día que despidió a su papá en una escalera mecánica del subterráneo antes de pasar a la clandestinidad. A su infancia la recordaba con ternura y decía que sus padres eran peronistas más por obreros que por militantes. Una noche de verano me contó que el día que bombardearon la Plaza de Mayo en 1955 ella era muy chica pero supo quiénes serían sus enemigos.

Volver del exilio significaba escribir, visibilizar y no olvidar los años del terror. Sus libros de periodismo político son un legado extraordinario y despiertan el ánimo de cualquier distraído. Su mente inquieta y su temperamento contemplaban la avidez incontenible por vivir.

Nunca te voy a olvidar, compañera. ¡Hasta la victoria siempre!

Escrito por
Silvina Pachelo
Ver todos los artículos
Escrito por Silvina Pachelo

Descubre más desde Caras y Caretas

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo