Desde una perspectiva histórica, la cuestión del cambio climático (CC) no se comprende sino como derivación del problema ambiental (entendido como consumo exponencial de recursos naturales renovables y no renovables, cuantiosa pérdida de biodiversidad y contaminación en todas sus formas) que irrumpe en el transcurso del siglo XVIII con la Revolución Industrial. Comienza el empleo de energías basadas en combustibles fósiles: primero el carbón, con la incorporación posterior del petróleo y el gas. La combustión de estos minerales produce la emisión de gases de efecto invernadero –principalmente, dióxido de carbono– que ocasionan el calentamiento global del planeta y el consiguiente CC, emergente directo del surgimiento del capitalismo industrial.
De todas maneras, la degradación ambiental y la crisis climática acaecidas desde entonces son independientes de las formas de organización y funcionamiento que se han dado en los sistemas económicos que han tenido vigencia hasta hoy y que incluyen todas las variantes del capitalismo más o menos regulado, el socialismo “real” de la URSS y países asociados, el llamado “socialismo de mercado” de la China actual y el que podríamos llamar “capitalismo regulador de Estado” de la Rusia actual. Por supuesto que el capitalismo, crecientemente hegemónico en estos últimos casi tres siglos, es el máximo responsable del CC.
QUIÉN PRODUCE
En todo sistema económico es relevante definir estas cuestiones: quién produce, qué, para quién y cómo. La caracterización de estas cuestiones identifica el origen y el contenido de las decisiones que directa o indirectamente afectan al ambiente y al clima. En el sistema capitalista en sus diferentes versiones, si bien la iniciativa privada juega un rol determinante, no es para nada menor el rol del Estado con el direccionamiento del gasto público o con la existencia de empresas públicas o mixtas. Por otro lado, en un sistema de economía centralizada/planificada, tal como la ex URSS, era el Estado planificador quien
concentraba las decisiones económicas.
El común denominador de los sistemas económicos descriptos ha sido y es una racionalidad instrumental productivista y maximizadora (cuánto se produce) con mecanismos de mercado, mixtos o de planificación indicativa o centralizada que provocan un creciente deterioro ambiental y climático (cómo se produce). En cuanto al qué y para quién se produce, en el capitalismo las decisiones económicas al respecto se originan mayormente en las empresas privadas, que tienen como fin la maximización de ingresos con el mayor beneficio posible, atendiendo asimismo a los requerimientos de consumo de la población. En el socialismo centralizado era el Estado el que ejercía el rol de asignador de recursos para definir el qué y el para quién se produce mediante el plan imperativo; mientras que en las variantes de socialismo de mercado (China) o de capitalismo regulador de Estado (Rusia), dichas definiciones resultan como producto de un acuerdo o negociación entre las parte involucradas.
La racionalidad económica instrumental es independiente de las formas históricas que adopten los sistemas económicos. Se trata de una racionalidad productivista donde impera la maximización de las ganancias, de la producción o de las metas cuantitativas del plan con base en el uso intensivo de combustibles fósiles. Su contracara es la extracción exponencial de recursos naturales no renovables, el creciente deterioro ambiental y, sobre todo, el CC.
EFECTO INVERNADERO
En el mundo de hoy, más allá de la relación entre el sistema económico (cualquiera que sea) y el CC, lo que importa es analizar la responsabilidad de los sectores sociales –residentes en cualquier país y bajo el sistema económico que sea– que emiten más gases de efecto invernadero que provocan el CC por el consumo de bienes y servicios según un cierto estilo de vida.
Un indicador serio, respetado y actualizado (noviembre de 2023) como el de Oxfam (el estudio más exhaustivo de la desigualdad climática global), nos dice que el uno por ciento más rico de la población mundial (77 millones de personas sobre una población de cerca de 8.000 millones) es responsable de más emisiones de dióxido de carbono –principal gas de efecto invernadero– que el 66 por ciento más pobre del planeta. No se calcula solo lo que esas personas emiten directamente por su estilo de vida, sino sobre todo por sus inversiones en industrias muy contaminantes que afectan directamente al clima.
Vale la pena recordar aquí que entre los países con mayor cantidad de multimillonarios, China ocupa el segundo puesto después de Estados Unidos, y Rusia, el quinto. Por otro lado, los sectores sociales más pobres y muchísimo menos responsables por el CC son los más perjudicados frente a los efectos del calentamiento global el CC. África, que alberga a cerca de uno de cada seis habitantes del mundo, es responsable de solo el cuatro por ciento de las emisiones globales de dióxido de carbono. Y Naciones Unidas informa que los países en desarrollo representan el 91 por ciento de las muertes relacionadas con el clima extremo.
SOBRAN LAS PALABRAS
La crisis climática se va agravando y los acuerdos internacionales de los países en su conjunto no proporcionan hasta hoy una respuesta efectiva a la mitigación y adaptación al CC. El año 2023 se vislumbra como el más caluroso de la historia registrada. Sobran las palabras al verificarse que en 1995, en la Conferencia entre las Partes de Naciones Unidas de Cambio Climático (COP1), el nivel de dióxido de carbono, principal gas de efecto invernadero en la atmósfera que provoca el calentamiento global y el consiguiente CC en la Tierra, era de 361 ppm (partes por millón), siendo que el límite estimado seguro es de 350 ppm (sin fenómenos climáticos destacables). Hacia finales de 2023, en que se desarrolla la COP 28 en Dubái, se registró un aumento significando de la temperatura global, de 1,2 °C por encima de los niveles anteriores a la Revolución Industrial que ya provoca, entre otros efectos, fenómenos generalizados de sequías, inundaciones, calor extremo, deshielos, aumento del nivel del mar y agravados temporales o huracanes. Jamás en los últimos 800 mil años el nivel de dióxido de carbono superó las 300 ppm.
