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Caras y Caretas

           

Desinflación demorada 

NOTICIAS ARGENTINAS BAIRES, JULIO 30:El presidente Javier Milei presentó hoy el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central para poner fin a “la estafa de imprimir” dinero que llevó a una “tasa de inflación acumulada de más de 12 trillones por ciento” desde 1935.FOTO NA:CAPTURA VIDEO

Lejos de lograr algo parecido a la estabilidad de precios, el gobierno sigue apostando al apretón monetario, mientras su fe libertaria lo lleva a descartar otros factores alcistas.

Algunos mensajes del entonces candidato a presidente de la Nación Javier Milei, difundidos en la red social X en abril de 2023 y reiterados luego en infinidad de reportajes, artículos y declaraciones públicas, antes y después de esa fecha, resumían esta idea:

“REPITAN CONMIGO:
La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario generado por un exceso de oferta de dinero, ya sea por aumento de la oferta y/o caída de la demanda. Lo cual hace caer el poder adquisitivo de la moneda. Esto es, los precios expresados en pesos suben.

Por lo tanto, si querés terminar con la estafa de la emisión monetaria para cubrir al fisco (falsificación y estafa) y acabar con la inflación, dado lo CHORRO del político argento, el único camino es cerrar el BCRA y al menos de inicio dolarizar (moneda elegida por argentinos)”.

Los dichos formulados desde el llano por el hoy presidente de la Nación deben cotejarse con los datos de la realidad desde que tiene a su cargo la conducción del Estado y el manejo de las distintas políticas públicas, en particular la fiscal-presupuestaria y la monetaria.

La realidad es que el tercer año de gestión del gobierno libertario concluirá con una inflación anual superior al 30 por ciento. En 2024 el índice de precios minoristas acumuló una suba de 117,8 por ciento y el año pasado se registró un alza de 31,5.

El panorama completo requiere contabilizar la evolución previa, correspondiente a la segunda mitad de la gestión de Alberto Fernández. En 2022 el costo de vida cerró con un incremento de 94,8 por ciento y en 2023 llegó a 211,4 por ciento.

En cuanto a lo que viene, el sendero actual es incierto. Mucho más de lo que reconocen los funcionarios. Pero todo parece indicar que quedó atrás el ritmo vertiginoso del trienio 2023.

De todos modos, Milei no tuvo apuro en corregir días atrás el pronóstico que él mismo había formulado al promediar el otoño, cuando vaticinó una “inflación de cero coma algo” para este mes de agosto.

Los cálculos privados anticipan que el registro efectivo, en vez del ansiado 0,9 o 0,8 por ciento, podría ser del doble. Frente a lo cual, el presidente buscó minimizar su yerro: “Yo siempre usé”, aclaró.

¿Cuánto tiempo más? De momento, la inflación, definida como un “aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios en una economía durante un período de tiempo”, sigue en pie.

Resultados

Es cierto que desde el gobierno se presenta la performance del último bienio, bien que forzando las comparaciones, como un relativo éxito que habilita a formular predicciones optimistas para los próximos meses.

La marcha de los precios, con todo, lejos de detenerse en este último período de fuerte apretón en lo que respecta a la emisión monetaria y equilibrio (o superávit) de las cuentas públicas, continuó tan campante.

Y como proyectar no cuesta nada, algunas consultoras predicen que en lo que queda de 2026 el Indec informará cada mes repuntes más cercanos al 1 que al 2 por ciento.

Las interpretaciones que circulan en Casa Rosada y en oficinas de asesores de grandes empresas aseguran que ya estamos en una inflación anualizada (de aquí a julio del año próximo) cercana al 20 por ciento.

Aun en este contexto presuntamente favorable para acabar con el flagelo, Milei volvió a responsabilizar las políticas del Banco Central y presentó un proyecto para limitar su actuación en la economía.

El presidente recordó que antes de la creación de la autoridad monetaria, en la década de 1930, la inflación promedio anual era del 1,03 por ciento.

Por supuesto, Milei no se refirió a las razones por las cuales fue creado en 1935 el BCRA, a instancias de Gran Bretaña. Una decisión dirigida a estabilizar el tipo de cambio y eliminar los controles, a fin de que se garantizara que las empresas inglesas radicadas en el país tuvieran acceso a las divisas.

El jefe de Estado tampoco abordó el hecho de que muchos otros países con bancos centrales en su estructura institucional y distintos grados de desarrollo no padecen inflación.

En su alocución por cadena nacional, se limitó a afirmar que la reforma de la carta orgánica del Banco Central “viene a poner fin con la estafa de falsificar dinero para financiar a la alta política, cuya manifestación más evidente es la tasa de inflación”.

El presidente sugirió, por otra parte, que la emisión irresponsable de moneda debería equipararse a la falsificación de dinero, tipificada en el Código Penal.

Razones

Milei argumentó en ese sentido que la Carta Orgánica vigente desde 2012 permitió “emitir bajo cualquier pretexto e impidió responsabilizar penalmente a los funcionarios que falsificaban el dinero de todos los argentinos”.

La nueva iniciativa oficialista, en rigor, va mucho más allá del objetivo declarado de preservar el valor de la moneda. Concretamente, se plantea la prohibición de modo taxativo de la financiación del Estado. “Esto vale tanto para el Tesoro nacional como para los Estados provinciales y los municipios, y toda compra de títulos públicos del Estado nacional en el mercado primario”, aclaró.

Del mismo modo, se propone “blindar al presidente del Banco Central y al directorio de los atropellos de la política”. Para lo cual se mantendrá el mecanismo de nombramiento existente, mientras la remoción será mucho más exigente, ya que requerirá de dos tercios no solo de la Cámara de Senadores, sino también de la Cámara de Diputados.

El proyecto que tratará el Parlamento, asimismo, contempla que los resultados asociados al manejo de la cartera del Banco Central solo podrán ser girados al Tesoro Nacional para la cancelación de deuda.

Ahora bien, si los legisladores convierten el proyecto en ley, habría que preguntarse en cuánto tiempo y a qué costos (desfinanciar el Tesoro nacional, las provincias y municipios afectará de modo indirecto a miles de empresas que verán resentida su actividad) se obtendrán los resultados perseguidos.

FOTO NA DANIEL VIDES

Precios

Pese a las reiteradas proclamas de que la inflación es “siempre y en todo lugar” un fenómeno monetario, el debate no está saldado.

(Digresión litúrgica: la muletilla del jefe libertario replica el prefacio I de Adviento. “Las dos venidas de Cristo, plegaria eucarística II”. “Adviento” significa “venida” y es el primer período del año litúrgico cristiano, que marca las cuatro semanas de preparación espiritual para celebrar el nacimiento de Jesús en Navidad y la espera de su segunda venida. El texto que se dice en las misas comienza así: “En verdad es justo y necesario, / es nuestro deber y salvación / darte gracias / siempre y en todo lugar, / Señor, Padre santo, / Dios todopoderoso y eterno, / por Cristo, Señor nuestro”.)

La intención gubernamental de ocultar los pobres resultados de su política antiinflacionaria choca con otras hipótesis, acaso igual o mejor fundamentadas que las del oficialismo actual.

Es cierto que prevalecen aún las teorías que resaltan la raíz puramente monetaria del fenómeno inflacionario, pero eso no elimina otras interpretaciones que ponen de relieve su multicausalidad.

Estas últimas mencionan diversos factores que influyen sobre las alzas sistemáticas que se reflejan en las mediciones del Indec. Por ejemplo, los amplios márgenes de decisión de los formadores de precios, la concentración empresarial, la intermediación especulativa en la cadena de distribución, la falta de controles gubernamentales, los shocks externos trasladados sin filtros a la plaza local, la evolución del tipo de cambio y la tasa de interés, etcétera.

Aquí es donde los ministros Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Pablo Quirno y otros recurren a sus fuentes inspiradoras (sin realizar citas explícitas) y exponen narrativas similares a las de notorios dirigentes neoliberales de actuación política en las últimas seis décadas.

Esas referencias corresponden a funcionarios activos en épocas de proscripción de las mayorías populares, después de 1955, o colaboradores directos durante las dictaduras cívico-militares iniciadas con los golpes de los generales Juan Carlos Onganía (1966) y Jorge Rafael Videla (1976).

En ese pasado no tan lejano, tales personajes de triste memoria y adscripción oligárquica merecieron los motes de “entreguistas”, “cipayos” o “vendepatria”, vocablos hoy en desuso aunque bien podrían aplicarse a figuras de las nuevas generaciones. Las mismas que hoy gobiernan con el legado que dejaron, entre otros, Álvaro Alsogaray, Adalbert Krieger Vasena, José Alfredo Martínez de Hoz…

Memorias

Por tomar una visión diferenciada, entre muchas de la cantera intelectual heterodoxa, véase el razonamiento del joven economista Juan Manuel Telechea.

Se trata (hay que decirlo, para que se constate que no es un opinante improvisado) del candidato a doctor en Desarrollo Económico por la Universidad Nacional de Quilmes, magíster en Desarrollo Económico por la de San Martín y profesor en las de Lomas de Zamora y Arturo Jauretche, y en la Provincial de Ezeiza.

Para explicar los rasgos característicos de la inflación argentina, su persistencia, sumada al hecho de que presente tendencias contrapuestas prácticamente mes a mes, “hay que incorporar un elemento adicional a los argumentos típicos que se encuentran en todos los manuales de economía”, sostiene.

Aquí aparece, según Telechea, la “memoria de la inflación”, entendida como “la capacidad de las empresas de ir adaptándose al entorno inflacionario”.

El comportamiento del fenómeno alcista, sostiene el economista, “no puede ser explicado solo por las circunstancias actuales, sino por todo el proceso acumulado en el tiempo”.

Así, agrega, “una inflación elevada, junto con una mayor volatilidad, llevan a que las empresas se vuelvan (cada vez más) sensibles a la hora de trasladar los aumentos del tipo de cambio a los precios, generando un efecto que se retroalimenta a sí mismo”.

Telechea remarca que esos comportamientos, completamente racionales desde el punto de vista individual, acrecientan el problema, dado que le imprimen una presión adicional al tipo de cambio y a los precios.

A medida que transcurre el tiempo, el proceso inflacionario no solo se consolida, sino que va mutando. Y esto es lo que lo hace tan difícil de combatir porque, para solucionarlo, no alcanza con aplicar políticas contractivas durante un breve período de tiempo, como si fuera un mero brote de aumentos de precios.

Esas mutaciones tardaron varios años en gestarse y necesitan un tiempo similar para ser desaprendidas. Dicho de otro modo, solucionar este problema va a llevar muchos años, sostiene Telechea.

Porque no se trata solo de lograr que la inflación se reduzca hasta un nivel “normal” (es decir, aquel en que deja de ser un problema para la economía), sino de evitar, por varios años, que vuelva a incrementarse, ya que rápidamente se (re)activaría la memoria del proceso, revirtiendo a foja cero todo el trabajo logrado.

Correcciones

El ministro Caputo, sin embargo, luego de casi un año de subas mensuales consecutivas, las atribuyó a una corrección de precios relativos. Es decir, a los aumentos de tarifas, a la subida de los combustibles por el conflicto en Medio Oriente, al salto del precio de la carne y al impacto estacional del inicio de clases.

Ahora bien, evalúa Telechea, cuando las tarifas de los servicios corren sistemáticamente por encima de los bienes, lo que suele aparecer no es un shock transitorio, sino algo bastante más persistente: contratos indexados, ajustes salariales en negociaciones paritarias, actualización de cuotas escolares y de prepagas, aumentos en los alquileres y una larga lista de precios que se ajustan mirando la inflación pasada.

Este sería el corazón del problema, una inercia que se resiste a bajar. Lo cual expone la ausencia de un ancla nominal clara, rol que históricamente le cupo al tipo de cambio.

“En una economía bimonetaria y con memoria inflacionaria, el dólar funciona como una referencia central para las empresas, los sindicatos y los hogares. Sirve para fijar precios, renegociar contratos y anclar las expectativas”, dice Telechea.

Habría que agregar que el aliento a la exportación de productos clave, como la carne vacuna y los hidrocarburos, traslada los elevados precios externos al mercado interno, cuya reacción es el menor consumo.

Por último, queda por evaluar el impacto de los episodios de incertidumbre política de los próximos quince meses que restan hasta el próximo comicio presidencial. El panorama podría ser mucho más frágil y bastante más riesgoso de lo que admite el discurso oficial.

Escrito por
Daniel Víctor Sosa
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