El cambio de escenario político que vive el país desde el 10 de diciembre puso una vez más al campo en el centro de la escena, un ámbito en el que entran desde la producción agrícola, especialmente cerealera-oleaginosa; el sector ganadero y las llamadas carnes sustitutas, como la carne aviar y la porcina; hasta la agroindustria, la producción de alimentos, las economías regionales y los biocombustibles.
Ya desde la campaña electoral, el entonces candidato de La Libertad Avanza, Javier Milei, había insistido en la necesidad de “sacarle la pata de la cabeza” al campo para que produzca y exporte.
Claramente, el sector agroindustrial es la verdadera “fábrica de dólares” de la Argentina. Según datos de la Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina (Ciara) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC), “el complejo oleaginoso-cerealero, incluyendo al biodiésel y sus derivados, aportó el año
pasado el 48 por ciento del total de las exportaciones de la Argentina”.
Con números del Indec en los primeros once meses del año, las exportaciones conjuntas de productos primarios y manufacturas de origen agropecuario (MOA) alcanzaron los 35.426 millones de dólares, casi el 58 por ciento del total.
Pero el sector agroalimentario tiene otras particularidades. Una es que se trata de una actividad altamente superavitaria en términos de balanza comercial, porque si bien requiere importaciones de insumos, fertilizantes y herbicidas y de algunos equipos, el volumen de exportaciones y las divisas
generadas superan holgadamente los valores importados.
Por otra parte, es un sector que por sus propias características reacciona muy rápidamente a los estímulos para exportar. El mayor volumen responde a la mayor oferta de commodities, por lo que los mercados están naturalmente abiertos. No pasa lo mismo en el sector industrial, donde abrir un mercado requiere de autorizaciones, trabas burocráticas, normativas técnicas, etc.

Cuestión de impuestos
En esta lógica, hasta su asunción el nuevo gobierno se disponía a bajar drásticamente y en algunos casos eliminar los derechos de exportación o retenciones, que dejaría solo para la soja y los derivados, pero en un nivel mucho más bajo.
Esto generó entusiasmo en el sector al conocerse el triunfo de Milei en el balotaje. Por eso la sorpresa fue mayor cuando el secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Fernando Vilella, anunció en diálogo con periodistas que los derechos de exportación irían al alza, y solo caerían a cero para las economías regionales.
Este esquema de nuevas retenciones responde claramente a la necesidad de sostener la recaudación, y al diferencial cambiario que se estableció tras la devaluación del 12 de diciembre, cuando el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, dispuso la suba del tipo de cambio mayorista de 367 pesos a 800, con un
ajuste mensual del 2 por ciento.
Según datos de la AFIP, en los primeros nueve meses del año las retenciones sumaron 1.131.836 millones de pesos, es decir, algo más de 1,13 billones de pesos, pero apenas el 3 por ciento de la recaudación total. No es poco, pero tampoco es decisivo al momento de contabilizar los recursos para gastar.
El proyecto de ley ómnibus que el Gobierno envió al Congreso el pasado miércoles 27, incluye en la sección V del Capítulo Cuatro, referido a normas fiscales, el detalle de las alícuotas que tendrán las retenciones a partir de la sanción de la ley y qué bienes están alcanzados.
Lo primero que se ve es que se cumple una vez más el viejo teorema que hiciera célebre el ex diputado radical Raúl Baglini, según el cual las posiciones políticas tienden a volverse más moderadas cuanto más cerca del poder se está. En este caso, la billetera necesaria para gestionar el día a día literalmente mató al
galán de la campaña electoral que prometía retenciones cero.
El poroto de soja quedará en 33 por ciento, pero subirán de 31 a 33 por ciento los derivados oleaginosos (harina, aceites, pellets). Para el resto de los bienes el arancel va al 15 por ciento, de modo que trigo, maíz, sorgo y cebada, que pagaban 12 por ciento, tendrán una suba de tres puntos, mientras que la carne, que tributaba el 9, irá al 15 por ciento. El complejo vitivinícola y el aceite esencial de limón quedan con 8 por ciento, pero tenían 4,5.
Quedaron exceptuadas un grupo de 18 economías regionales que tendrán cero retención. Más allá de este cambio y de que en el sector generó entusiasmo el salto del tipo de cambio, los productores y exportadores salieron a coro a quejarse de la suba de retenciones en lugar de su eliminación. Un inesperado frente abierto con el campo.

La cruda realidad
“Queríamos ir a retenciones cero, pero también es cierto que el tipo de cambio iba a ser 650 pesos y al final fue de 800”, señaló Vilella, a modo de justificación del cambio en las retenciones.
En la visión del Gobierno, la devaluación del tipo de cambio oficial y la fuerte reducción de la brecha cambiaria, que llegó a estar en 180 por ciento durante la campaña electoral y hoy está por debajo del 24 por ciento, es suficiente incentivo para que los productores agropecuarios produzcan y exporten.
Según datos de la Bolsa de Comercio de Rosario, la campaña 2023/2024 podría llegar a 137 millones de toneladas de granos, un 65 por ciento más que la campaña anterior, diezmada por la sequía que afectó a vastas regiones del país.
Hay que aclarar que la campaña fina de invierno (trigo y cebada, especialmente) fue muy afectada por la falta de agua en el momento de la siembra. Luego eso fue mejorando y los perfiles de humedad se recompusieron a partir de octubre, con lo que la siembra de soja y maíz viene bien.
En el caso de la soja se lleva implantado un 78 por ciento de la superficie estimada y en maíz llega al 70 por ciento, con muy elevados porcentajes de cultivos en condición óptima y muy buena. Además, ahora hay bastante certeza de que el clima acompañará, y será vital al menos en el primer tramo de la presidencia de Javier Milei.
Así, los economistas coinciden en que “hay que pasar el verano” hasta que lleguen los dólares de la cosecha gruesa a partir de marzo-abril, que sumado a que no hará falta importar energía gracias al Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK), configuran un escenario cambiario muy distinto al de este año. Solo basta recordar que este invierno se importó gas natural licuado por unos 10.000 millones de dólares.
“Por trigo se proyecta una producción cercana a las 14,50 millones de toneladas (Mt), lo que implica una recuperación de unas 2,50 Mt en comparación con el ciclo precedente”, anticipa Eugenio Irazuegui, analista de mercados de la corredora de granos Zeni. Y agrega: “Resulta algo temprano poder contar con números precisos para la campaña gruesa, dado que aún no se ha culminado la siembra y resta transitar el ciclo de cultivo. Sin embargo, no se descarta la posibilidad de que la soja y el maíz aporten 50 y 55 Mt respectivamente”.
