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Cuchi Leguizamón

Tuve la suerte de compartir unas empanadas con Cuchi Leguizamón, allá por el inicio de los años 70.

Fue en el restaurante del viejo edificio del Sindicato de Músicos, en la calle Paraguay.

Yo admiraba sus canciones, sus bellas melodías enriquecidas más aún por la poesía de su gran amigo Manuel J. Castilla.

El Cuchi era muy inquieto, casi un duende. Una idea cayendo tras la otra, un torrente apasionado tratando de compartir vivencias.

Siempre fue muy respetado por los jóvenes, por su carácter intrépido y también por la novedosa riqueza de su composición.

“La pomeña”, escrita en 1969, es quizás el punto de partida de un extenso catálogo de obras que enriquecen nuestra música popular.

Una sola vez actué en vivo con él. Fue durante 1984, cuando Mario Luna, organizador en ese tiempo del Festival de Rock de La Falda, lo invita a Cuchi en calidad de artista ilustre de la ciudad, durante ese fin de semana en que el rock argentino invadía el lugar.

Era muy raro y emocionante. Ibas caminando por el centro de La Falda y te lo encontrabas a Cuchi tomando algo, mirando vidrieras… Algo inimaginable.

Una de las noches le ofrecieron tocar algo, y lógicamente hubo que rentar un piano media cola, ya que el escenario de La Falda era al aire libre y no disponía del instrumento. Entonces tocó dos o tres de sus obras, de manera instrumental, cerrando con “La pomeña”, cantada por mí.

Es un recuerdo muy noble que guardo en mi memoria. Sin saber que unos años más adelante me volvería a encontrar con Cuchi. Compartiendo otra aventura.

Esto fue en 1990, cuando nos convoca Rolando Pardo, director del film La redada. Una película basada en un cuento del Teuco Castilla, uno de los hijos del gran Manuel J. Castilla. Todos salteños.

En esta película, el Cuchi aparece encarnando a un gendarme mientras que yo ando todo el tiempo personificando a un ángel en bicicleta, que de alguna manera es testigo crítico de tantas injusticias que suceden por esa tierra.

La banda sonora es de Cuchi. Yo la produje y luego la publicamos en nuestro sello independiente, Melopea Discos. Toda la música del film la sumamos rescatando una actuación en vivo de Cuchi solo con el piano, durante 1983 en Rosario.

Esto sí que era una hazaña, porque la grabación (que nos la había traído Manolo Juárez) era una humilde copia en casete.

Finalmente quedó un CD antológico, con un registro sonoro muy bien equilibrado.

Cuchi Leguizamón es un compositor con gran conocimiento de nuestras raíces. Pero también es un artista con una alta capacidad intelectual, en lo poético y lo musical.

Sus obras hablan de nuestra tierra, de nuestros sentimientos, pero con una visión amplia, enriquecida por el conocimiento de tantas otras culturas que se mezclan en el arte.

Por eso muchas veces, desde un espacio ortodoxo, se lo ha acusado de no hacer “folklore”.

Sin querer comparar, es de alguna manera lo que durante mucho tiempo le sucedió a Astor Piazzolla.

Sin temor, las canciones de Cuchi Leguizamón son para enamorar a cualquiera, y gracias a Dios representan una parte de nuestra idiosincrasia.

Otra satisfacción que tenemos en Melopea Discos es que, además de haber publicado el CD antes mencionado, también realizamos dos álbumes CD tributo a Cuchi Leguizamón.

Estos dos discos contienen versiones de sus temas realizados por un manojo de grandes artistas que lo aman, y van matizados con fragmentos del propio Cuchi, hablándonos.

Todo extraído de una jugosa entrevista que le realizó la periodista Marta Rodríguez, de la cual conseguimos los derechos.

Cuchi nació el 29 de septiembre de 1917 en Salta y nos dejó el 27 de septiembre de 2000, siempre en Salta.

Viva la música, querido.

Escrito por
Litto Nebia
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