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Los muchachos anarquistas

Frente a la apropiación por parte de algunos sectores de la extrema derecha del término “libertario”, es justo volver a las raíces de ese concepto que, filosóficamente, se encuentra en las antípodas.

Un equívoco descomunal e interesado, nada casual, atraviesa el espinel sociopolítico argentino actual. Sus protagonistas son los denominados (por los medios) y (auto) proclamados “libertarios”.

Invocando vagas consignas de defensa de las libertades individuales a ultranza y prescindencia absoluta del Estado, las huestes de Milei y compañía se apropiaron del concepto “libertario”, basados en una prédica economicista, en verdad más afín al neoliberalismo, y en las antípodas filosóficas de las ideas libertarias y/o anarquistas. Agrupaciones de base como la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) o la Federación Libertaria Argentina (FLA), con décadas de lucha y resistencia, tienen mucho para cuestionar al respecto.

“El surgimiento de ciertos grupúsculos conservadores con aliento mediático que, apelando a estrategias demagógicas liberales, buscan usufructuar la palabra ‘libertad’ y se autodenominan ‘libertarios’, no es más que una expresión de la coyuntura especial de crisis de representatividad política, ruptura de lazos sociales, predominio del capital financiero y atomización que se está viviendo”, responden dogmáticamente desde la FLA.

“No le corresponde a la FORA entrar en el debate político entre dirigentes que pretenden representar una imaginaria voluntad popular y desplazar al pueblo de la toma de decisiones vinculadas con la organización social –toman distancia desde la central obrera más antigua del país, fundada en 1905–. Las difamaciones y la manipulación del lenguaje obrero en general, y anarquista en particular, han sido sistemáticas e históricas.”

En cualquier caso, conviene citar textualmente que “el anarquismo es una corriente del pensamiento social que promueve una asociación basada en la libertad y la solidaridad, factores de desarrollo y bienestar para la sociedad en su conjunto”.

El objetivo último de los libertarios es fomentar un “comunismo anárquico”, caracterizado por la defensa de una sociedad horizontal sin jerarquías, antiparlamentaria, anticapitalista y sin existencia de propiedad privada.

Votantes de Milei, abstenerse.

Hechas las aclaraciones pertinentes, vale preguntarse: ¿qué expresa y a quiénes representa el auténtico pensamiento libertario o anarquista hoy en día?

Fundada en 1935 por obreros del calzado vinculados al anarquismo, la Biblioteca Popular José Ingenieros, situada en Villa Crespo, es un ámbito propicio para encontrar ciertas respuestas aggiornadas, o no tanto. “Desde su fundación hasta la actualidad mantenemos el mismo objetivo: estar presentes en las luchas del pueblo; en este sentido giran nuestras actividades, siempre libres y gratuitas, difundiendo y solidarizándonos con conflictos sociales y sobre todo dando espacio a las nuevas camadas de militantes que activen en las luchas del pueblo”, prologan desde el espacio, depositario de uno de los archivos de publicaciones del rubro más importantes y nutridos del país.

“En la BPJI hacemos talleres de formación política/ideológica con lecturas de clásicos como Bakunin y Malatesta, como así también actividades donde compañeros relatan su experiencia militante, como los que militaron en los 70 o compas que tienen una militancia en la actualidad en algún sindicato, en lo territorial en lo ambiental, en el feminismo, en lo estudiantil, etc.”, ilustran.

Ligada a Ediciones Tupac, que publica tanto clásicos como nuevas miradas, la José Ingenieros también alberga presentaciones de libros, ciclos de poesía y “cuando se puede, algún festival con músicos, y siempre nos van a encontrar invitando a salir a las calles, sea para un 24 de marzo, para un 1 de mayo o para pedir justicia por Santiago Maldonado, en solidaridad y defensa de los derechos conquistados por y para los de abajo, y por tantos compañeros y compañeras que con toda honestidad luchan por un mundo mejor”, manifiestan.

Desde la Federación, que mantiene su propio espacio de reunión, en el linde de Barracas y la Boca, donde se organizan juntadas y los típicos ciclos de cine-debate, se declama las diferencias metodológicas con la política convencional. Palabras más, palabras menos, dicen: “La FLA no se plantea generar una organización a la caza de agrupaciones y militantes, sino que su intención es poder transmitir experiencias de lucha, incentivar espacio de sociabilidad, apoyar proyectos autogestivos y motivar para que se relacionen y se potencien federativamente”.

En tanto, en la vereda forista, se agrupan “organizaciones obreras adheridas, de modo tal que su actividad es la que cada organización o sus miembros desarrolle en su propio ámbito. Actualmente, las organizaciones adheridas son sociedades de oficios varios, es decir, organizaciones intersindicales cuya actividad principal es la participación de sus miembros en la vida sindical y el activismo por la organización libertaria en defensa de los intereses de les trabajadores, con la perspectiva de crear organizaciones por oficio y promover el activismo sindical”.

Todo preso es político

La historia del anarquismo en el país se remonta al arribo de las corrientes inmigratorias europeas, ya desde fines del siglo XIX, con la formación de las primeras agrupaciones sindicales (panaderos y zapateros) impulsadas por el italiano Errico Malatesta, un novelesco personaje de la vida real, que partió hacia la Patagonia en busca de oro para financiar su cruzada ideológica y terminó su agitada vida prisionero en la Italia fascista hacia los años 30.

Para entonces, la versión más radicalizada del anarquismo individualista se había expresado en otros personajes no menos legendarios como Simon Radowitzky, el vengador de los obreros reprimidos y muertos por el primer jefe de policía porteño, el coronel Ramón Falcón, o Kurt Wilckens, quien hizo lo propio con el máximo responsable directo de los fusilamientos de la Patagonia Trágica, el teniente coronel Héctor Benigno Varela.

Aunque probablemente nadie agitó tanto la imaginación de la sociedad en su conjunto como Severino Di Giovanni, el “idealista de la violencia”, según lo bautizó su biógrafo Osvaldo Bayer.

El inmigrante italiano Di Giovanni fue juzgado de manera sumaria por la dictadura de Uriburu y fusilado en 1931, en la penitenciaría de avenida Las Heras, acusado de varios delitos y atentados que causaron más de una víctima, mientras reclamaba por el arresto y enjuiciamiento de sus camaradas de ideales, Sacco y Vanzetti, luego llevados a la silla eléctrica en los Estados Unidos, por un presunto asesinato jamás comprobado (la Justicia revocó la sentencia décadas más tarde).

El fusilamiento de Di Giovanni tuvo un cronista de lujo en Roberto Arlt, que le dedicó uno de sus mejores textos de las aguafuertes porteñas, “He visto morir”, y registró sus últimas palabras antes de caer acribillado de ocho balazos.

“Evviva l’anarchia!” (Viva la anarquía), escuchó y escribió Arlt.

Mucho más cercano en el tiempo, un atentado contra el mausoleo que resguarda los restos de Falcón derivó en un dramático blooper cuando el artefacto de fabricación casera le explotó en las manos a una joven mujer causándole graves heridas. Como consecuencia de la investigación policial, fueron detenidas no menos de catorce personas vinculadas con la acción planificada en una fecha simbólica. Era el 14 de noviembre de 2018 y se cumplía un nuevo aniversario del ataque al represor.

Los medios tradicionales subrayaron y condenaron el carácter “anarquista” de la acción, pero la vinculación efectiva con espacios militantes de base era por lo menos caprichosa.

Durante el preestreno del documental El camino de Santiago, realizado por Tristán Bauer para rebatir la versión oficial de la muerte del artesano Santiago Maldonado en el sur, presuntos anarquistas apedrearon los vidrios de la sala. Tampoco se supo si estaban a favor o en contra.

“La acción directa, el pacifismo e incluso la violencia han formado parte de la historia del anarquismo desde sus orígenes como respuesta a la violencia que ejerce el Estado a través de la perpetuación de un sistema injusto. No renegamos de esa historia. Sin embargo, como organización nos hemos centrado en la creación, difusión y conservación de material anarquista y en fomentar el modelo federativo como organización”, se desmarcan desde la FLA.

Militantes de la vida

Lugar de encuentro de distintos grupos y generaciones, desde la José Ingenieros abogan por un camino de unidad con un lenguaje inclusivo, una señal de los nuevos tiempos y nuevas formas de inserción, vinculadas con aspectos cotidianos y domésticos, sin renunciar a los grandes ideales.

“Mientras existan las injusticias siempre van a surgir la rebeldía, decían les compañeres. Hoy se nos acerca mucha juventud, como así también muches militantes que vienen desencantados de otras corrientes políticas. Hay nuevas camadas que encuentran en el anarquismo su trinchera de lucha en el feminismo, en los barrios populares y en los sindicatos, con mucha humildad y sin caer en posiciones sectarias”, puntualizan.

“Los proyectos de la FLA funcionan como espacios de posibilidades y de potenciación de quienes se sienten refractarios al poder y a la explotación –complementan–. En suma, se trata de la construcción de experiencias y aprendizajes hacia una transformación revolucionaria de nuestros mundos.”

Escrito por
Oscar Muñoz
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