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La L-gancia de Gardel

La temática de L-Gante es similar a la del primer tango. La autora analiza el fenómeno del trap local en el contexto de la música popular electrónica y en comparación con su antepasado rioplatense.

Veinte años de trabajo enseñando canto para la Música Popular –los últimos quince en la universidad pública– me han reportado una interesante deformación profesional ante las polémicas que suscitan las músicas nuevas que van apareciendo. No puedo evitar percibir por separado los elementos artísticos de los extra-artísticos y tampoco puedo evitar darle perspectiva histórica al asunto.

El caso de L-Gante, cuya obra conozco bastante porque es parte de lo que escucha mi hija adolescente y trato de que no use auriculares, se presenta en algunos intercambios facebookeros con colegas de la música combinando opinión política, objeción moral, rechazo estético y a veces también prejuicios de clase de un modo que me hizo pensar en el surgimiento del tango a principios del siglo XX y también en lo acontecido el 17 de octubre de 1945. Dejo esto último a estudiosos del peronismo/antiperonismo y sus discursos, pero cedo a las ganas de compartir algo de mi campo específico, el artístico. En particular, me interesa lo estético en el proceso-producto llamado música vocal, canto, o más precisamente en la performance vocal, ya que estamos ante un género que construye su expresión en las regiones de transición entre lo cantado y lo hablado.

Para empezar, pienso que ninguna consideración seria puede hacerse sin el dato gigante de que hablamos de música electrónica en tiempos de la web 2.0. En el campo musical, en general, vivimos una revolución semejante a la irrupción de aquello que Walter Benjamin llamó “reproductibilidad técnica de la obra de arte” en 1936, por casualidad el mismo año en que la BBC de Londres rechazó por sensibleros los primeros discos de Bing Crosby.

El canto acústico, sin micrófono, había desarrollado por siglos estéticas asociadas a la necesidad de que la voz se oiga. El micrófono eliminó esa necesidad: Bing descubrió que podía simplemente susurrar la canción, crear un clima de intimidad con su oyente, que fue percibido como maravilloso por algunos y como de mal gusto por otros. Desde entonces, los recursos tecnológicos y modos de circulación propios de la cultura de masas fueron abriendo universos de maneras nuevas de cantar, en riquísima mixtura con las ancestrales. El micrófono se empleó tanto para la mera amplificación de lo ya conocido como para la creación de cosas totalmente nuevas.

Músicas populares electrónicas

Hoy está sucediendo algo de dimensiones comparables en las formas de producción y circulación de la música. Internet, plataformas on demand, home studios, software y hardware cada vez más accesibles y todo el largo etcétera que ya sabemos promueven el desarrollo de músicas que son, en mayor o menor medida, electrónicas. Algunas buscan reemplazar lo conocido, otras, como esta, trabajan estéticamente con el sonido electrónico como principio y fin en sí mismo. Mucho de lo que se siente al escuchar cualquier tema de L-Gante es obra de artistas músicos que tal vez no cantan ni tocan lo que hasta ahora hemos llamado instrumentos musicales. Trabajan con él, junto a él, son quienes crean el “acompañamiento” o “base” o “pista”, quienes hacen durante/después el trabajo de estudio y “efectean” la parte vocal, creando toda una organización sonora cuya complejidad y elaboración artística no puede discutirse, sea que a uno le guste o no.

La música electrónica de baile y la infinidad de géneros más enfocados en la expresión vocal que integran el campo de las músicas populares electrónicas son un terreno con estética propia, que hay que conocer y experienciar para poder juzgar. Que la persona hable/cante parecido al ayudante de la verdulería o al delincuente que me asaltó la semana pasada no me da derecho a descalificarla como artista si no conozco ni disfruto el género.

Entrando en lo específicamente vocal, estos cantantes de electrónica son parte de la inmensa multitud que ha continuado el camino de Bing Crosby, usan sus voces + máquina en una zona transicional entre lo cantado y lo hablado, con infinidad de matices que demuestran elaboración artística y con el plus muy frecuente de improvisar sus textos en tiempo real.

En cuanto a las letras, vértigo indiscutiblemente lleno de aquello que algún francés definió como sonido y sentido, atrapan o repelen por la misma razón. La temática marginal, sexista, a menudo violenta y con exaltación de ciertos consumos, con algún condimento político, remite a una cuestión de época global y aparece en toda la gran familia del rap. Ocurre que cuando es en inglés/slang neoyorquino a mucha gente le resulta encantador simplemente porque no entiende el sentido, solo aprecia el sonido, y las groserías no aparecen como tales en su percepción (sucede dos por tres en mi aula que estudiantes desistan de un repertorio pop anglosajón elegido por ellos mismos, ni siquiera rap, cuando hacemos una traducción minuciosa de la letra).

Tango y trap

La temática de L-Gante es muy parecida a la del primer tango, el de burdel, con su mística de la noche y el poder del sexo, su lunfardo nacido en gayola según algunos, un género reivindicador de vagos pendencieros. Temática impregnada de orgullo de ser quien se es, como nos enseña cada junio la comunidad LGBT, y de conciencia de clase.

El trap argentino también tiene en común con su abuelo o bisabuelo rioplatense la vocación comercial internacionalizante, evidente en el management genial que el mismísimo Carlos Gardel hizo de su propia carrera.

¿Si me gusta? Soy del siglo XX, encima del palo acústico, disfruto de cantar sin cables, con instrumentos de madera. A veces me dan ganas de bailar una e-cumbia de L-Gante con mi hija, y lo hago hasta que me echan (me abstengo si hay amigues) . A veces les suplico que por favor apaguen esa marcha o les pregunto si están entendiendo la letra o les grito que saquen esa música porno. Como docente, me gusta ser auténtica igual que a los traperos, y al igual que ellos vivo con orgullo ser la artista que soy. Trato de enseñar lo que sé y compartir las cosas que conozco y amo sin levantar el dedito, escuchando con respeto a mis estudiantes.

Dice L-Gante que cualquier día de estos se toma vacaciones y estudia tres carreras juntas para demostrar su bravura intelectual a la gilada clasista que comentó la nota que le hicieron en un diario. Si alguien lo ve, por favor avísele que lo esperamos con mucho gusto en esta aula de la universidad pública.


Manuela Reyes es coordinadora de la Licenciatura en Interpretación Vocal con orientación en Música Popular (a distancia), de la Universidad Nacional de Villa María
interpretacionvocal@unvm.edu.ar

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