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Un almuerzo argentino, la madre de todas las grietas

La obra de Bernardo Cappa recrea un almuerzo familiar en la Argentina de 1952. Los espectadores asisten también un domingo, y comparten la mesa mientras la acción discurre entre discusiones políticas en las que ayer parece hoy.

La escritura sobre una obra tiene que ser de algún modo armónica o estar en consonancia con la obra para poder transmitir un ápice de ella. En Un almuerzo argentino, de Bernardo Cappa, tal premisa representa un gran desafío. Porque cuando decimos “almuerzo familiar”, “grieta”, “peronistas”, “antiperonistas” pensamos “esto ya lo vi, qué plomazo, por favor, otra vez no”. Esta obra se presenta los domingos a las 13: los espectadores son convocados a un almuerzo familiar, comen junto con los actores.

Contrariamente a lo que uno puede asociar cuando escucha esos tópicos, ni bien se atraviesa la puerta de Hasta Trilce y se sienta a comer unas empanaditas de carne con una copa de vino, se empieza a sentir la vivencia de algo completamente nuevo escuchando las canciones que nos acompañaron en la infancia. Todo un universo emocional aflora cuando compartimos este almuerzo familiar.

Una mesa larga, fideos con salsa y vino, un brindis, un compromiso, dos familias y una deuda. Una llegada inesperada. Octubre de 1952. La grieta, la de antes y la de ahora. Los peronistas y los antiperonistas. Los adoradores de Evita y sus detractores. Ayer es hoy, sin piedad.

Actúan Rocío Ambrosoni, Trinidad Asensio, Gabriela Dey, Amílcar Ferrero, Pablo Fetis, Yamila Gallione, Franco Genovese, Federico Lozano, Melisa Omill, Guillermo Osuna, Horacio Pucheta y Lucía Rossi.

Caras y Caretas estuvo un domingo de sol en Hasta Trilce, que estallaba a las 13, compartiendo este gran almuerzo argentino, y conversando con el director de la obra, Bernardo Cappa.

–¿Cómo surge Un almuerzo argentino?

–La obra nace a partir de un taller de montaje en El Camarín de las Musas. Ahí nos planteamos trabajar sobre las películas argentinas de los años 50. Así surgió la idea de trabajar con un almuerzo familiar como convención y que en ese almuerzo los actores coman y tomen vino al mismo tiempo que la gente.

–¿Qué diferencia a esta obra de otras producciones suyas?

–Esta obra sigue una continuidad con otras obras que estrené y es el vínculo con lo popular, los lugares comunes. Es una materia que me convoca para producir lenguaje teatral y establecer una diferencia con el teatro que gusta más, de los procedimientos o de los temas, y se anuncia como renovador, y que sin embargo afirma el sentido.

–¿Qué fue lo que más lo atrajo del proceso de esta obra?

–En esta obra mi intención es hacer circular la emocionalidad que hace posible que el sentido siga produciendo campo de creencia. No está en los procedimientos la posibilidad de perforar el sentido, no está en los temas, está en la actuación y su expresividad, el misterio que hace que el teatro sea un arte irremplazable.

Escrito por
Daniela Lozano
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