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Las guitarras de Gardel

Ilustración: Juan José Olivieri
Ilustración: Juan José Olivieri

Primero fue una sola, después un dúo, luego un trío, para pasar, finalmente, al cuarteto. Las características de los instrumentistas y los arreglos forjaron un marco ideal para que el Zorzal desarrollara su enorme caudal expresivo.

Nunca sabremos si efectivamente José Ricardo se ataba un diente de ajo humedecido al pulgar derecho para endurecer la yema del dedo y así poder pulsar con fuerza la bordona. Forma parte del mito. Como también los rumores sobre por qué se produjeron las diferentes desvinculaciones de los guitarristas de Carlos Gardel.

Lo que sí sabemos es que el cantor tenía una enorme habilidad para elegir a sus guitarristas, el primero de todos, el Negro Ricardo. Y que esa habilidad mucho tiene que ver con que haya pasado a la posteridad de la manera en que pasó. Antes de a la posteridad de la manera en que pasó. Antes de Gardel ningún cantor había sido acompañado por guitarristas de esa manera.

Rodrigo Albornoz, guitarrista catamarqueño especializado en tango, investigó en profundidad el tema y afirma que las guitarras son las que identifican el sonido final de Gardel. Es decir, el Zorzal Criollo llegó a ser lo que fue porque contaba con ese acompañamiento, complejo y sobrio a la vez.

Primero fue una sola guitarra. Después un dúo. Luego un trío, para pasar, finalmente, al cuarteto, donde el acompañamiento y los arreglos se desplegaron en todo su esplendor.

Puede decirse que el cuarteto de guitarras en el tango tal como lo conocemos hoy, con sus modelos rítmicos de acompañamiento, sus melodías ligadas o articuladas, sus rellenos y contramelodías y sus introducciones, es un invento de Gardel y de sus guitarristas.

¿Pero por qué el cantor tuvo esta debilidad por las guitarras? “Gardel tenía una relación con la guitarra y con lo criollo, con lo autóctono, muy cercana. Era admirador de los payadores y tenía en su repertorio cosas de [Ángel] Villoldo y de [José] Betinotti”, explica Albornoz. “Recordemos que Gardel empieza a cantar tango en 1917 y hasta el 21 solo graba once composiciones. Grabó valses, estilos, vidalitas, otras cosas. Ya en el 26, 27, 28, la mayoría de las piezas corresponden al tango, pero sigue cantando algún foxtrot, valses criollos, estilos, alguna cifra, alguna chacarera. Entonces una orquesta, la de [Francisco] Canaro, por ejemplo, no le daba la facilidad para incluir todo este cúmulo de géneros y de ritmos.”

A FAVOR

Otro factor a favor era la facilidad para el transporte. “Tengamos en cuenta que Gardel hacía giras y viajaba mucho y necesitaba tener esta instrumentación que fuera fácil de transportar”, añade Albornoz. Y hay otra razón fundamental: “Gardel logra tener una relación con los guitarristas y una cuestión intuitiva que no se la escuché con otra instrumentación, salvo con [el director de orquesta] Terig Tucci. La guitarra le daba una base firme, pero también la posibilidad de expresar todo lo que tenía para expresar.”

Cuando Gardel aún cantaba a dúo con José Razzano, primero se acompañaban ellos mismos. Ahí fue que pasó a tocar con ellos José Ricardo, compositor e intérprete de origen africano, que acompañó a Gardel (también ya como solista) de 1915 a 1929. Era un hombre de mucha personalidad, que puede ser considerado el nexo entre los géneros criollos y el tango.

En 1917 grabaron “Mi noche triste”, que pasó a la historia como el primer tango canción. En 1921, a Ricardo se le sumó como segunda guitarra Guillermo Desiderio Barbieri (el abuelo de Carmen Barbieri). Fue el que más tiempo estuvo con Gardel y quizá su guitarrista más importante. Nunca se separó de él y falleció en Medellín junto a Gardel.

En julio de 1928, pocos meses antes de que renunciara Ricardo, se sumó como tercer guitarrista José María Aguilar, el primer músico de conservatorio que acompañó a Gardel. Ya de a tres eran más las cosas que se podían hacer. Ya había tres texturas al servicio del arreglo.

Tras el alejamiento de Ricardo, se incorporó Domingo Riverol, que estuvo hasta el final y que sobrevivió apenas dos días al fatídico accidente.

EN DETALLE

En 1930 se grabaron los famosos videoclips de Eduardo Morera, en los que se puede ver en detalle cómo tocaban los guitarristas. Después de eso, en 1931, Julio Vivas sustituye a Aguilar. Y en 1933, finalmente, se suma Horacio Pettorossi. Y ya se consuma el cuarteto. Después, Aguilar volvió poco antes del accidente, al que de hecho sobrevivió (falleció en 1951).

De todos estos guitarristas, para Albornoz el más importante fue Barbieri: “Por la inteligencia y la calidad adaptativa. Barbieri fue además el compositor de don Carlos. Fue un gran guitarrista, sí, pero no hacía alarde de su virtuosismo, sino más bien de su inteligencia para estar atento a los momentos que la música requería. Él puso el marcato en el conjunto de guitarras, la síncopa a tierra. Son elementos técnicos muy importantes en esos tiempos. Además, Gardel le grabó 37 títulos, todos clásicos inmortales que hasta el día de hoy están presentes en los repertorios: ‘Rosa de otoño’, ‘Alicia’, ‘Viejo smoking’, ‘Anclao en París’. Todos muy distintos. Componía muy bien valses, tangos nostalgiosos, tangos que le cantan al barrio, tangos románticos, tangos criollos”.

Pero cada uno aportó lo suyo. Aguilar fue el primero en tocar con púa y lograba un sonido muy delicado. Pettorossi tenía mucho oficio y una mano muy fina para los arreglos.

“No inventaron recursos nuevos, lo que sí hicieron fue innovar hacia el conjunto de guitarras y fueron introduciendo elementos que ya en la orquesta típica se venían dando desde hacía mucho tiempo, compositivos y después arreglísticos. Es muy difícil decir quién inventó el marcato, la síncopa a tierra, la melodía articulada en el tango. Desde 1916 venían escuchándose ese tipo de cosas. Ellos tomaron muy acertadamente esos recursos y los pusieron al servicio de la necesidad expresiva de Gardel”, explica Albornoz.

“Otra cosa son los comienzos de frase, que se los dejaban servidos en bandeja, o sea, le daban una gran posibilidad de que se apropiara de ese comienzo de frase, que es muy importante, porque es donde al cantor lo dejás que sea”, añade. “Además, eran muy cuidadosos de la melodía. Y los finales también son característicos. Si uno piensa en un final de tango, lo primero que se le ocurre es el ‘chin pum’, pero la verdad es que en las guitarras de Gardel no está presente nunca ese final. Hay otro tipo de final, el mejor que encontraron para que él se expresara.”

En definitiva, lo que los guitarristas de Gardel hicieron fue crear una manera de arreglar y de acompañar que se mantiene hasta hoy: un acompañamiento justo, económico, equilibrado y claro. “No hacían alarde de virtuosismo, que sí lo tenían. Acompañaban al cantor para que sea el mejor posible. Y así fue.”

Escrito por
Claudia Regina Martínez
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