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El escandaloso mandato de ser hombre

Una obra de teatro cuestiona los mandatos de la masculinidad que desde hace siglos construyen una hombría violenta y machista. Se trata de 23344, de Lautaro Vilo, dirigida por Francisco Civit. En esta entrevista, el director y los actores cuentan los pormenores de esta pieza que aporta a la reflexión.

El teatro continúa cuestionándose el machismo desde diferentes lugares. En esta oportunidad, la voz la tienen los hombres. El sábado 5 de marzo se estrena 23344, escrita por Lautaro Vilo, dirigida por Francisco Civit y protagonizada por Julián Vilar, José María Barrios Hermosa y Juan Pablo Maicas. Se trata de una obra donde se observan los excesos y las aberraciones de lo que se identificó y se identifica, incluso hoy, en muchos espacios como hombría.

Es que aún convivimos con obsoletas arquitecturas patriarcales. Julián Vilar protagoniza una escena que pone en acto o recuerda de alguna manera la violación en grupo ocurrida hace unos días en Palermo. De todo esto habla 23344. Los protagonistas tienen cuarenti y están con esos corsés que les hicieron colocar y que no sólo lastiman a las mujeres sino a ellos mismos, con un vacío muy grande porque lo que debe llenarse con tabaco, alcohol, sexo, piñas, golpes y pija nunca alcanza, nunca termina, nunca provoca la tan ansiada y prometida felicidad. “¿Pero cómo? Si eso es lo que nos dijeron había que hacer”, parecen murmurar las mentes y los cuerpos de estos tres personajes.

Es una experiencia ver a estos hombres retorcerse en esa masculinidad totalmente desvirtuada y desconectada no sólo de la mujer sino de sí mismos, seres lamentables reproducidos por un sistema y una educación perversos.

Caras y Caretas presenció el preestreno de la obra, en diciembre de 2021, asistió a un ensayo en febrero de 2022 y conversó con los protagonistas y el director.

–¿Por qué la elección de este texto de Lautaro Vilo?

Francisco Civit: –Lautaro Vilo escribe esta obra siendo muy joven, recién llegado de Tandil, adonde se mudó para formarse como persona de teatro en esa universidad. Su infancia y adolescencia la desarrolló en Plottier, Neuquén. Estos datos parecen algo meramente biográfico, pero para esta pieza, 23344, tienen un peso particular. Y creo entenderlo ya que soy oriundo de Corrientes, pasé una gran parte de mi infancia y adolescencia en un pueblito, empedrado. Allí intentaron inculcarme la hombría, cosa esquiva y misteriosa, que parecería generarse espontáneamente a partir de la repetición de ciertos rituales que se llevan a cabo durante toda la etapa de crecimiento y repercuten en la fisionomía a través del gesto o la pose, la sonoridad, la “templanza”, lo “resolutivo”, el impulso proveedor, el “liderazgo”, la “fuerza de los que valen”, y tantas otras pelotudeces más. Para Vilo, en ese momento, el recuerdo de estos rituales era cercano, este universo que los futuros “hombres” deberíamos atravesar. Tanto en pueblos y ciudades estas prácticas parecían habituales, aunque lamentablemente lo siguen siendo y es fácil caer en la trampa. Salvo que tengas la suerte o la sapiencia para despabilarte y rebelarte, cosa que suele salir cara. En 23344 Lautaro nos muestra a tres personajes que son el éxito de este experimento, estos “hombres divertidos, hechos y derechos” que nos van a guiar por los placeres y frustraciones de la vida. Hablo de Lautaro pero creo que hablo más de mí que de él. Esta pieza es violenta, descarnada y presenta lo peor de lo “masculino”, su falta de empatía envuelta en una lógica difícil de derribar, universo lleno de contradicciones y mandatos que se anulan unos a otros. Tuve la oportunidad hace unos años de interpretar a 2 (personaje que hoy interpreta José). Sigo sintiendo que hay algo pendiente con este material, conmigo, con nuestra sociedad y con el escandaloso mandato de ser hombre, que lamentablemente hace apenas unos años empezamos a discutir con seriedad y hoy está puesto sobre la mesa. Creo que en este momento es mi responsabilidad volver a acercarme a esta pieza dramática, pero desde el rol de dirección.

–¿Cómo fue el proceso de ensayos y gestación de la obra?

F. C.: –Empezamos a ensayar la obra en marzo de 2020 y no es una novedad que tuvimos que detenernos a los quince días. Como todos, pensamos que era por dos semanas y no más, creíamos que era la NH1, pero no, era el covid-19 y esperamos. Yo trabajo como director sobre texto sabido, es decir, el primer día de ensayo los actores se sabían casi toda la obra. Pasaban los meses. ¿Qué hacer con ese panorama, con esa información memorizada? Hablábamos, nadie se quería arriesgar, ni yo mismo. Estaban desanimados algunos, no sabíamos cuándo volveríamos a la actividad, hasta que logramos convencerlos. En octubre de 2020 empezaron tibiamente a hablarme. Lore Daufí, asistente de dirección, fue fundamental en este proceso, en el que debíamos seguir cuerpo a cuerpo a los actores: darles ánimos, acompañarlos, insistir  sin presionar. Vivíamos momentos extraordinarios. Lentamente mandaban material, grababan monólogos con el celu y los enviaban en privado. Era genial, podíamos entrar en sus cabezas y ver qué pensaban. Al grabar uno elige, pasa varias veces y elige lo mejor. Los envíos no eran constantes, algunos mandaban más, otros menos. Evitábamos que hablaran entre ellos para que no se contaminaran el pesimismo pandémico. Hasta que la cosa se empezó a despejar y en septiembre de 2021, un año y medio después, empezamos con los ensayos presenciales. ¡Y fue una fiesta! Estábamos al palo y con ganas. Los pibes veían lo que pelaban sus compañeros y se re copaban y levantaban el pañuelo aceptando el reto. Cada ensayo era mejor, Lore de repente era un pibe más y la obra en todo su esplendoroso horror tomó cuerpo. Lo pienso y me emociona. Un día antes de empezar los ensayos presenciales me separé de mi pareja, después de varios años de convivencia, después de una pandemia, en plena depresión, en duelo, en tristeza y decepción, en bronca, amargura y culpa. Tenía enfrente una obra que hablaba sobre lo masculino, lo triste de lo masculino y eso me rescató, ese diálogo con el pasado que busca mejorar el futuro. El teatro volvió y volvió ese lugar en donde uno vuelca toda la vida, la propia, la de los amigxs, la de la tribu, la familia y lo que pudo ser, pero no es.

Fotos: Ximena Ambrosioni.

–¿ Qué te pasó cuando leíste la obra por primera vez?

José María Barrios Hermosa: –Cuando terminé de leer por primera vez la obra pensé automáticamente que era un texto que presentaba un desafío importante en tanto y en cuanto la manera en que se la iba a encarar. Claro, fue escrita hace ya varios años y el contexto social ha cambiado. Por eso el abordaje debía estar a la altura de los tiempos que corren. 23344 es una obra que presenta de manera clara varios puntos de enfoque. Y justamente por eso me resultó interesante reponer este texto varios años después. Me pareció una buena oportunidad para, a través del teatro, replantearse esa masculinidad bastante mal entendida con la que hemos crecido.

–¿Cómo es el proceso que atraviesa tu personaje?

J. M. B. H.: –Fue un proceso largo. La empezamos a ensayar unas semanas antes de que empezara la pandemia. Después vino todo ese tiempo que ya conocemos: aislamiento, distanciamiento, restricciones, el teatro se cortó, los ensayos también. Durante varios meses de 2020 y 2021 ensayamos de manera virtual. Por momentos fue difícil y lleno de incertidumbres. Pero conforme se fueron dando las condiciones, empezamos a tener certezas. Hasta que llegó la ansiada noticia de que en diciembre de 2021 podríamos hacer un preestreno. Casi después de un año y algo me reuniría a ensayar con gente que no veía pero que sabía que andaba ensayando igual que yo. Fue muy emotivo volver a ensayar, y ni hablar presentarnos en público. Realmente muy emotivo para nosotros, porque por momentos el proyecto podía naufragar y hubo que sostenerlo y no soltarlo. Por eso en diciembre, cuando  mostramos el proceso, fue realmente emocionante. En el caso de mi personaje, me presentó desafíos interesantes ya que construimos un personaje que se ubica en el medio de los otros dos, con características bien marcadas, cuyos conflictos son con él mismo y con sus vivencias.

–¿Qué sentiste al leer la obra por primera vez?

Juan Pablo Maicas: –La primera vez que leí la obra me resultó muy graciosa por momentos, como también chocante. Y más chocante aun cuando pensaba que iba a representarla. Releyéndola, intercambiando opiniones con el grupo, fui dándome cuenta de que la obra me parecía cada vez más interesante. Tanto fue así que más tarde, ensayando y comprendiendo el enfoque que iba ajustando Francisco Civit, nuestro director, comenzó a parecerme un texto excelente. De una pluma precisa y concreta, con un lenguaje cercano y definido. Creo que en parte todo eso invita indirectamente a la reflexión y a la comprensión psicológica de mentes guiadas bajo códigos, mandatos, que hace no tanto son puestos en tela de juicio.

–¿Cómo es tu personaje?

J. P. M.: –Mi personaje tiene similitudes con los otros dos, y pienso que eso contribuye a la potencia de la obra. Sin embargo tiene su singularidad, y no son precisamente características muy virtuosas ni nobles. Este personaje fue, y sigue, atravesado por procesos; con el trabajo su personalidad toma más definición, como veo que sucede a los personajes que interpretan José y Julián. Son unos muchachos entradores, con calle e historia. Con confusión inconsciente y ruido personal mal canalizado. Y a mi entender, en la naturalidad de su crudeza aparece el infantilismo de los que no saben abandonar nunca la idiotez.

–¿Cómo te impactó el texto?

Julián Vilar: –Ya había tenido la posibilidad de ver la obra que dirigió Lautaro Vilo, donde actuaban Francisco Civit y Paul Mauch, y me había parecido interesante, pero encontrarme con el material nuevamente en la mano para trabajarlo yo, leyéndolo y con mi personaje asignado, reafirmó lo que me había pasado cuando la vi, me pareció un texto muy potente, muy actual. Me identifiqué mucho con los tres personajes. Es una obra que habla de la educación que recibimos los varones en nuestra infancia y adolescencia en cuanto a la educación sexual, en cuanto al modo de vincularnos con nuestros compañeros y compañeras de colegio. Es una obra que habla mucho de principios, de principios que no están buenos. Habla de la masculinidad mal comprendida, sobre todo de la masculinidad heterosexual tan mal entendida, con tan poco acceso. La obra plantea un escenario donde reconocemos perfectamente a esos tres personajes, donde cualquiera de nosotros puede haber sido protagonista o espectador de alguna de esas historias. Nos llega muy de cerca porque son situaciones que todos en algún momento hemos vivido o hemos sido parte de algún grupo de esa índole. Es un material muy potente, muy actual y que da para hablar muchísimo acerca de cómo hoy estamos planteando sobre todo la heterosexualidad en los jóvenes adolescentes.

–Tu personaje relata una historia que resuena con la violación en grupo de Palermo, ocurrida esta semana.

J. V.: –Estos actos de violencia y violación a los derechos de las mujeres y de las personas vienen sucediendo desde siempre y justamente la obra plantea un escenario donde a través de estos tres personajes se cuenta cómo han sido educados en una sociedad donde desde las instituciones educativas y desde los grupos de pertenencia, estas personas han sido educadas y sometidas a situaciones basadas en creencias, en hechos que llevan a la violencia, a la desigualdad. Lo que sucedió esta semana y lo que viene sucediendo es un reflejo de décadas y siglos de un modelo educativo y un modelo pensante hacia una sociedad entera de hombres y mujeres que hoy por hoy ya denotan una tremenda caducidad en cuanto a los derechos de cada uno de nosotros. De lo que ocurrió esta semana, así como de tantos otros casos, nos enteramos por la prensa, pero hay millones y millones y millones de casos de los que no nos enteramos, que no salen a la luz, que siguen ocultos incluso en las mismas familias, en los mismos grupos familiares, personas aceptando algo tremendo como normal. La obra plantea y planta una pequeña semillita para pensar en cómo estamos educando a nuestros hijos y cómo de una vez dejamos de delegar la responsabilidad afuera y nos hacemos cargo, deconstruyéndonos, sacándonos todo ese lastre que no sirve para nada y encontrando un nuevo empoderamiento, no ese poder antiguo, obsoleto, patriarcal y vetusto sino el maravilloso poder de transformarnos y ser cada uno de nosotros un verdadero ejemplo a seguir, ese es el desafío que se nos presenta hoy.

23344 se presentará en el Teatro Crisol (Malabia 611, CABA) desde el sábado 5 de marzo.

Escrito por
Daniela Lozano
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