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La herencia de Yabrán

Ilustración de nota: Hugo Horita
Ilustración de nota: Hugo Horita

Después del suicidio de “Don Alfredo” por las acusaciones de la autoría intelectual del crimen de Cabezas, la familia del empresario se radicó en Uruguay y recicló su fortuna en distintas compañías.

Algunos arriesgan que se trata de miles de millones de dólares. Pero como todo en la historia del apellido Yabrán, es algo que está rodeado de misterio. Aunque hay un dato que es indiscutible: los multimillonarios recursos que Yabrán cosechó en su vida no desaparecieron con él. Lejos de eso, están presentes, sólo que reciclados y administrados de otra manera. Y con sus herederos manejando todo. La fortuna acumulada fue estimada en su momento en unos cuatro mil millones de dólares. Él lo negó. Como negó gran parte de las empresas que se sospechaban que eran suyas hasta que las vendió a fines de 1997 (por 608 millones de dólares) al Grupo Exxel, cuando su imagen entraba en un tobogán de desprestigio por las pruebas que iban apareciendo en la causa por el crimen de Cabezas. Finalmente, por distintas fuentes judiciales a partir del proceso de sucesión, se pudo reconstruir que la suma de dinero que los herederos de Yabrán habrían recibido tras su muerte alcanzaría a mil millones de dólares. Hablamos de su viuda, María Cristina Pérez, y de sus tres hijos, Pablo, Mariano y Melina. Los herederos decidieron afincarse en Uruguay. Y así dejar atrás aquellas sombras que los alcanzaban en la Argentina por llevar consigo semejante estigma.

VIDA DE HEREDEROS

Alejada de los negocios, su viuda transita los días entre su mansión en Montevideo y su residencia en Punta del Este. En la capital charrúa se instaló en el barrio Manantiales de Carrasco, en una elegante casona, frente a la rambla ribereña, valuada en cerca de 2,3 millones de dólares. Y en Punta Ballenas posee Mis Amores (replica el nombre de una de las estancias favoritas que “Don Alfredo” tenía en Entre Ríos), una residencia permanentemente vigilada por custodios.

El hijo mayor del matrimonio, Pablo Javier, decidió dar un giro en su vida y se lo conoce en el ambiente de las fiestas electrónicas como DJ Pilot. En las fotografías que publica en las redes sociales se lo suele ver con las bandejas de discos y un traje de piloto, su otra gran pasión. Es ingeniero electrónico y tras la muerte de su padre apareció en los directorios de varias de las empresas del emporio familiar. Particularmente, tuvo un rol importante en Lanolec, la compañía de taxis aéreos. También participó de otras de las firmas familiares, como Aylmer (negocios inmobiliarios) y Bosquemar (emprendimientos turísticos).

Recién llegado a Uruguay, Pablo se instaló junto a su esposa, Paula Traverso –hija del corredor automovilístico Juan María, íntimo amigo de Yabrán–, en una lujosa mansión en el mismo barrio que su madre, con un valor de 1,5 millones de dólares. Además de su rol como DJ, Pablo Yabrán aparece en los registros del Banco Central del Uruguay con el cien por ciento de las acciones de MPT Asset Management Corp, con oficinas en el World Trade Center (WTC) de Montevideo. La firma se dedica a la asesoría en inversiones.

Por su parte, su hermano Mariano Esteban Yabrán, abogado, volvió hace poco tiempo al ruedo de su padre en el rubro del correo. De hecho, se presenta como director ejecutivo de Sendit, compañía del rubro que promete una “solución logística integral” y se vende como “la mejor forma de realizar tus envíos”. Mariano Yabrán es el que más siguió vinculado con el mundo de los negocios. Algunos de ellos son el remanente de lo que quedó en la Argentina, en particular, los campos administrados por la empresa Yabito. En Montevideo, además, maneja los desarrollos inmobiliarios de la empresa Greenpol, a través de la que se comercializan proyectos urbanísticos.

El segundo hijo de Don Alfredo tiene su oficina en el corazón del WTC de la capital uruguaya, y desde allí supervisa emprendimientos en el país vecino, como también en la Argentina y los Estados Unidos. Antes de ocupar ese lugar en Greenpol, Mariano se desempeñó como gerente de ventas mayoristas de la agencia de negocios y turismo Xumec, también con sede en el WTC de Montevideo. Y antes de eso, no bien los Yabrán se afincaron en Uruguay, la primera compañía que crearon (1999) fue Grandals SA, con un abanico infinito de actividades habilitadas. Todas las oficinas en Uruguay de los herederos de Yabrán coinciden en el World Trade Center, a pocos metros unas de otras.

En tanto, Melina Vanesa se casó con Facundo Reggi y alterna entre la Argentina y Uruguay. Del otro lado del río compró una casa valuada en 1,3 millones de dólares en el barrio privado semicerrado Jardines de Carrasco. Pero suele regresar al país para residir parte del año en Nordelta y vacacionar en Pinamar, el balneario preferido de su padre. Ella prefiere que los negocios familiares los manejen sus hermanos.

Mientras tanto, los intereses económicos de la familia Yabrán no sólo se ubican a ambos lados del Río de la Plata, sino que incluso crecen en los Estados Unidos. Allí realizan inversiones inmobiliarias, como por ejemplo el lujoso departamento de 1,5 millones de dólares que compraron el 3 de diciembre de 2015 en Miami. Lo hicieron a través de la compañía Ocean Drive PH 07 Corp, donde figuran una tal María Cristina Pérez y un tal Pablo Javier Yabrán Pérez.

PUNTO Y APARTE

Cuando la familia Yabrán decidió “divorciarse” de todo el entorno que rodeó al magnate en los últimos años dejó varios “heridos”. Atrás quedaron el ex vocero Wenceslao Bunge y el abogado Pablo Argibay Molina. Y hasta la familia del “Cartero”. El único que sobrevivió a ese vínculo fue Héctor Colella, el famoso “HC” al que Yabrán encomendó el cuidado de su familia en su carta póstuma. Colella se convirtió en el confidente y consultor, junto a un minúsculo puñado de contadores que estuvieron cerca de ellos, antes y después de la muerte del empresario. Y que aparecieron por años en las distintas sociedades anónimas del Grupo. Los más importantes son Francisco Gazquez Molina y Oscar Roberto Javurek. En cuanto a la apoyatura jurídica, siguieron confiando en Pablo Medrano.

Pero, si bien en un principio, tras la partida del magnate, tanto su viuda como sus hijos se involucraron en los directorios de las empresas que heredaron, luego se fueron alejando de estas, dejando en la conducción a los contadores mencionados.

Como narro en el libro Cabezas. Un periodista. Un crimen. Un país (editorial Planeta), los herederos de Don Alfredo –en persona o a través de terceros– continuaron con las empresas que su padre reconocía como propias (Yabito, Aylmer, Lanolec y Bosquemar). Y hoy, la mayoría de esos emprendimientos están en manos de gente allegada, en especial, de sus históricos contadores. Pero el universo yabranista también sumó otras compañías en la Argentina: en transporte aéreo, Inversiones Aeronáuticas SA, Servicios Aeronáuticos SA y Milenium SA; en turismo, Bosquemar SRL, Bosquemar Inversora y Tres Lagos, y en inversiones financieras, Karden SA, Walabi SA, Emdela Inc. SA y Albrys SA (hoy disuelta).

Así, el imperio Yabrán no desapareció, como muchos creen. Se recicló en sus sucesores, que buscaron cómo articular, mutar y capitalizar aquella “herencia maldita”. La que tantos miran con sospecha.

Escrito por
Gabriel Michi
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