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Las sufragistas

Antes de que Eva Perón consagrara los derechos políticos de las mujeres, hubo luchadoras que, en solitario u organizadas, dieron la pelea por la posibilidad de expresarse en las urnas.

Pensar en las sufragistas argentinas es recordar algunas fotografías –unas más emblemáticas que otras–, es decir en voz alta el nombre de dos o tres mujeres y citar un manojo de alegatos feministas inquebrantables que aquellas mujeres y sus herederas sostuvieron durante años. Las convicciones no se disuelven en la espera.

Pensar en las sufragistas argentinas es reconocer que sabemos poco sobre quiénes fueron aquellas mujeres que salieron a conquistar los derechos negados desde el instante en el que la partera decía “es una nena”. Los fragmentos de esos años de lucha (fueron más de cuarenta) resisten diamantinos en la imprecisión de las sombras, comarca que la historia les destinó a las mujeres y a sus revoluciones. Felizmente, en los últimos tiempos empezaron la mudanza gracias al trabajo de algunxs historiadorxs y de algunas investigadoras, sobre todo.

En el álbum sufragista hasta ahora revelado, Evita vota desde la cama de un hospital y esa urna es la contracara poderosa del ataúd temido. Dos cajas frente al destino.

UNA GENERACIÓN DE LUCHADORAS

Mucho antes de esa foto estampita de 1951, antes de esa foto batalla entre el peronismo, la conveniencia electoral y la ininterrumpida acción feminista, Alfonsina Storni escribe en La Nación (5 de diciembre de 1920), con seudónimo (Tao Lao), un artículo crítico sobre un simulacro de voto femenino en el que se pregunta “si las mujeres no se organizarían para votar a otras mujeres, con listas e ideales propios”. Elvira Rawson, maestra, médica, afiliada a la UCR, preside la mesa de ese simulacro organizado por la Unión Feminista Nacional; la foto teatral muestra a ocho mujeres detrás de la mesa y a una adelante, más joven, ejerciendo su derecho cívico. Julieta Lanteri es la primera mujer incorporada al padrón electoral (se registra –con la astucia de una revolucionaria– cuando nota que en los requisitos para inscribirse no preguntaban el sexo) y la primera que vota en la Argentina y en Sudamérica. Lo hizo el 26 de noviembre de 1911 en una elección municipal en la mesa 1 de la segunda sección electoral de la ciudad de Buenos Aires, en el atrio de la iglesia de San Juan Evangelista de La Boca. Ocho años después, en 1919, Julieta, feminista, médica y política, se postula como candidata a diputada por su Partido Feminista Nacional. Pegó carteles por la ciudad, hizo campaña caminando por la calle y hasta se metió en el cine para contar sus propuestas durante el intervalo. Singularidad genial e imprescindible de una mujer en una época adversa (siempre lo es cuando la transformación emerge). Unos años antes de la irrupción de Lanteri, Alicia Moreau de Justo crea el Comité Pro Sufragio Femenino (1907). Son heroínas que saben multiplicarse en la persistencia. Son las heroínas que nos emocionan sin melodrama.

Se unen al elenco pionero Carolina Muzzilli y Salvadora Medina Onrubia. Carolina, militante socialista, nació en un conventillo, defendió a las obreras textiles explotadas en las fábricas, fundó, dirigió y financió con su sueldo de costurera el periódico Tribuna Femenina: “No queremos a la mujer esclava de sus prejuicios (…) Yo llamo feminismo de diletantes a aquel que sólo se interesa por la preocupación y el brillo de las mujeres intelectuales (…) Es hora de que ese feminismo deportivo deje paso al verdadero, que debe encuadrarse en la lucha de clases”. Murió en Bialet Massé, Córdoba, enferma de tuberculosis; tenía 27 años. Salvadora era maestra rural, madre soltera, escritora, anarquista, dramaturga, directora de Crítica (tras la muerte de su marido, Natalio Botana) y la mujer a la que el gobierno de Uriburu metió presa en 1931: “General Uriburu, guárdese sus magnanimidades junto a sus iras y sienta cómo, desde este rincón de miseria, le cruzo la cara con todo mi desprecio”. Suman seis, pero son más, muchas más las que se reúnen aportando diferentes ideologías y espíritu sufragista: María Teresa Basaldúa, Emma Day, Sara Justo, Carmela Horne de Burmeister y Adelia di Carlo, quien escribió en Caras y Caretas (5 de marzo de 1932) y en el diario El Mundo notas donde homenajeaba a su amiga Julieta Lanteri mientras ponía en duda el accidente de tránsito que causó su muerte. Por esa investigación, la casa de Adelia fue allanada –saqueada– por la policía.

HACEDORAS DESCONOCIDAS

La crónica de un primer mapa bélico con nombres de mujer traza la trinchera que las aguerridas emisarias compartieron a pesar de estar enfrentadas políticamente. Como señalaron Adriana Valobra y Silvana Palermo, “un movimiento caracterizado por la heterogeneidad de sus integrantes, partícipes también de otros movimientos o partidos”. Este grupo transformador al que insultaron, descalificaron y del que se burlaron, por supuesto, accionaba más allá de las estrategias de reclamo que cada una de sus fundadoras elegía según sus opiniones políticas. La razón de esa heterogeneidad se debía a que esas mujeres estaban, como destacaron Dora Barrancos y Asunción Lavrin, interesadas en discusiones que traspasaban los debates políticos que la Argentina disputaba. ¿Será esa acción en la diversidad la que espera ser revelada e investigada en profundidad y una de las causas por la que sabemos poco sobre el movimiento feminista que logró que las mujeres votaran? ¿Qué pasaba en las otras provincias? No olvidemos que el atlas patrio es ancho, largo y suele ser ajeno cuando lo que ocurre está fuera de la ciudad de Buenos Aires. ¿Cuántas de esas mujeres que esperaban estrenar su liberta cívica se habían convertido, convenciendo a las mujeres de su familia, en militantes sufragistas? “La mujer puede y debe votar”, repetían las actrices en los cortos publicitarios que imitaban discusiones de living mientras citaban a Eva. En una foto de aquel día soñado aparecen muchas mujeres juntas esperando su momento épico, son más de cincuenta, usan un peinado parecido y polleras o vestidos del mismo largo; una hueste de pantorrillas celebra la victoria de poder entrar a un cuarto oscuro. Es un comienzo.

¿Cuántos nombres de hacedoras no conocemos y fueron el eslabón indispensable en esta continuidad sufragista, en este prójimo en espera que empezó el 11 de noviembre de 1951? Con la deuda pendiente, nombro como ejemplo de ese saber ausente a Juana María Begino para que salgamos de inmediato a averiguar quién era Juana, y quiénes eran y cómo se llamaban las que no aparecen en el padrón, por ahora.

Escrito por
Marisa Avigliano
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Escrito por Marisa Avigliano
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