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Eva Perón y el voto femenino

La abanderada de los humildes logró lo que otras grandes intelectuales no habían podido. Y supo utilizarlo políticamente para tener una apoyatura a su candidatura como vicepresidenta.

El mes de enero de 1947 fue significativo para el peronismo. Por un lado, tuvo lugar la creación del Partido Peronista propiamente dicho. Por otro, y en forma simultánea, Eva Perón inició la campaña por la obtención de la ley de sufragio femenino, que incluía el lanzamiento de su propia línea interna dentro del peronismo. Acciones que sirvieron como puntapié inicial del armado de un liderazgo que tenía alcances insospechados en ese momento.

La campaña a favor del sufragio comenzó el 27 de enero de 1947, con una Carta Abierta de Eva Perón publicada en el periódico Democracia, y un ciclo de seis exhortaciones radiofónicas. Al mismo tiempo inició el estratégico plan de apertura de los centros cívicos femeninos “Doña María Eva Duarte de Perón” (MEDP), que no tenían vinculación con el Partido Peronista ni con ninguna facción política, sino que se trataba de la suya propia. Los centros contaban con una delegada designada por Evita en cada provincia y sumó el apoyo de las esposas de los gobernadores. Su fin era colaborar con su obra social y apoyar la ley de voto de las mujeres.

Los centros creados por Evita convivían con otros pertenecientes a la rama femenina del Partido Peronista, es decir, aquellos que respondían a los antiguos radicales renovadores, laboristas, independientes y gremialistas. A partir de ese momento, estos centros sumaron un nuevo objetivo: la obtención de los derechos políticos de las mujeres. Esta demanda se vio reflejada en los cambios de denominaciones y con el surgimiento de los centros pro voto femenino y otros que aplicaron ostentosamente el nombre completo de la primera dama. Una suerte de sello que los distinguía; un principio de identidad que los definía y diferenciaba del resto.

Desde que Juan Perón asumió la presidencia hasta septiembre de 1947, se presentaron nueve proyectos de ley de voto femenino. Debido a las demoras en su tratamiento, Evita expresó varias quejas mientras mantenía reuniones con legisladores y, para presionarlos, convocaba a los centros cívicos MEDP a reunirse en la Plaza del Congreso. Los días previos a la sanción de la Ley, la Plaza del Congreso estaba ocupada por mujeres provenientes de distintos lugares, al grito de “¡Queremos votar!”. Las fotografías de los periódicos muestran pancartas con la imagen de Eva y un gran cartel con la inscripción “Centros Cívicos femeninos María Eva Duarte de Perón”. Luego, ellas los daban vuelta y formaban la palabra EVITAS. En las provincias también se repitieron estos actos en las plazas principales al canto de “un, dos, tres que se vote de una vez”. No eran muchos pero sí eran visibles.

LA MÁS ALTA LUCHADORA DEL FEMINISMO

Sancionada la Ley, todos los laureles fueron para Eva Perón. A partir de entonces, quedó impregnado en el imaginario popular, tanto de peronistas como de antiperonistas, que Evita otorgó el voto femenino. Incluso, durante el debate de la Ley, así lo sostuvo el miembro informante de la comisión: “Eva Perón es la más alta luchadora del feminismo argentino”. Ella también se ocupó de señalarlo en La razón de mi vida: “¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, allí donde otras mujeres más preparadas que yo, habían fracasado rotundamente? […] Lo primero que tuve que hacer en el movimiento femenino de mi Patria, fue resolver el viejo problema de los derechos políticos de la mujer”. Ahora bien, su rol como esposa del presidente podría haber sido distinto; podría haberse circunscripto a dar su opinión favorable sobre el voto, pero fue más allá, dio un paso más. La campaña a favor del voto femenino fue uno de los ejes que le sirvieron para la construcción de su liderazgo, que le permitió capitalizar toda una historia de luchas de grupos feministas y sufragistas que desde hacía varias décadas presionaban sobre el Estado. Evita apoyó la idea del voto recién al final de la última etapa, cuando de hecho ya no había un movimiento sufragista y la medida estaba avalada por un contexto internacional favorable y no tenía oposición abierta desde las esferas de poder, salvo casos excepcionales. Y en especial, en tanto contaba con el apoyo de Perón.

Al día siguiente de la sanción, Democracia publicó un nuevo mensaje suyo: “Nuestra voz ha sido escuchada. Gracias a la revolución y a nuestro líder se han reconocido al fin los derechos políticos que durante tanto tiempo nos fueran negados. Ahora podemos votar. Mujeres compatriotas, amigas mías, ¡sepamos también votar!”. Días más tarde, puso un nuevo tema en la agenda al decir que la Ley llevaba intrínseca la necesidad de la continuidad de Perón en el gobierno, aunque en ese entonces nadie hablaba de la reelección ni de la reforma constitucional que la habilitaría.

En los quince días que transcurrieron entre la sanción y la promulgación de la Ley hubo un gran fervor de apoyo a Eva Perón, que no estuvo exento de repercusiones en el exterior. Por ejemplo, un cable proveniente de Washington la comparaba con Eleanor Roosevelt y hacía referencia al “17 de Octubre femenino”. Mientras, Democracia publicaba entrevistas a mujeres anónimas, a artistas, a integrantes de centros femeninos y a esposas de funcionarios, quienes daban sus opiniones sobre la Ley.

PARTIDO PERONISTA FEMENINO

La Ley 13.010 fue promulgada el 23 de septiembre de 1947 en un gran acto popular en la Plaza de Mayo donde la protagonista fue Evita, a quien el gobierno le entregó simbólicamente la letra de la Ley. El festejo oficial fue propiciado por la CGT, que convocó a una multitudinaria marcha en honor a “La Dama de la Esperanza”; al tiempo que se compusieron himnos y canciones y se celebraron misas y desfiles para homenajearla. En la Plaza, los centros cívicos MEDP portaban carteles que decían: “Evita nosotras también sabremos elegir”.

El acto sirvió también como una demostración y medición de fuerzas políticas en general y femeninas en particular, y abrió la posibilidad de visibilización de los centros partidarios que comenzaban a apoyar a Evita. Se constituyeron nuevos centros con su nombre y otros lo adoptaron a instancias suyas, lo que implicaba un cambio de identidad, de pertenencias y de lealtades. A partir de allí comenzó una frenética carrera de organización femenina que tuvo su punto culminante dos años más tarde con la creación del Partido Peronista Femenino: no la rama femenina del Partido Peronista, sino un partido en sí mismo y presidido por Eva Perón, que en las elecciones de 1951 logró que muchas mujeres votaran al peronismo y que estas fueran elegidas para ocupar bancas en los congresos.

Escrito por
Carolina Barry
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