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Un mural cargado de historia

En 1933, el artista mexicano Siqueiros convoca a un grupo de colegas, entre ellos a Berni, a participar del monumental Ejercicio plástico. Los entretelones y el derrotero de esa producción, y las discusiones políticas en torno de su sentido ético y estético.

El eco de un pensamiento rebota en el sótano abovedado de la residencia Los Granados, en Don Torcuato, del empresario periodístico Natalio Botana. “La burguesía en su progresiva fascistización no cederá hoy sus muros monopolizados para fines proletarios.” Eso piensa el joven Antonio Berni, pintor, grabador y muralista –integrante del Equipo Poligráfico Ejecutor junto a Lino Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro–, que colabora en la realización de Ejercicio plástico, obra cumbre del muralismo latinoamericano, del artista mexicano David Alfaro Siqueiros, pintada en 1933 y que hoy se exhibe en el Museo Casa Rosada.

Siqueiros, militante del Partido Comunista, como todos los miembros del Equipo Poligráfico Ejecutor, había publicado en Crítica, el diario de Botana, “Un llamamiento a los plásticos argentinos”, en el que invitaba a los artistas a sumarse a la propuesta de un arte comprometido a través de grandes murales. El mexicano había querido pintar en las paredes de La Boca y Barracas, pero como no obtuvo el permiso, terminó trabajando en la “clandestinidad” de un sótano. Hay una especie de medusa diseminada por el espacio, multiplicada en varias posiciones y tamaños, que genera una sensación envolvente; es el cuerpo desnudo de la escritora uruguaya Blanca Luz Brum, la mujer de la que se estaba separando Siqueiros. La narración pictórica es una escena teatral: un hombre le pega un golpe a una mujer, que cae al suelo. Los demás personajes, en la perplejidad que suscita la violencia, observan incrédulos. Los materiales y técnicas de avanzada son significativos; los artistas cambian el pincel por el aerógrafo, el boceto por la fotografía, el óleo por las resinas sintéticas y el banco académico, que otorga un punto de vista arbitrario, por la trayectoria lógica que recorre el espectador.

En diciembre de 1933, Siqueiros escribió y publicó un pequeño folleto titulado “Qué es Ejercicio plástico y cómo fue realizado”, donde confirma que el mural no es una “obra de utilidad directa inmediata para el proletariado revolucionario en su lucha actual final contra el régimen capitalista”, y revela que los autores aceptaron el encargo pensando en la oportunidad que constituía. “Nos daba campo para ejercitarnos en la mecánica de la plástica dinámica, en la mecánica de la acción colectiva y en el método de la construcción dialéctica de la plástica dinámica, indispensable para la generación de la obra revolucionaria integral que constituye nuestro único anhelo”, explica el artista, como si buscara justificar su único mural no politizado, que él consideraba un retroceso en su militancia, pero que fue un laboratorio experimental de técnicas nuevas que produjo una obra única.

REPROCHES SOBRE LA IDEOLOGÍA EN CUESTIÓN

El artista mexicano, que combatió en la Guerra Civil Española y luego intentó asesinar a Trotski, necesita inscribir su mural en “una aportación revolucionaria por su metodología dialéctica aplicada a la expresión artística de la plástica”. Pero Berni disiente y lo critica en el artículo “Siqueiros y el arte de masas”, publicado en Nueva Revista. “La pintura mural no puede ser más que una de las tantas formas de expresión del arte popular. Querer hacer del movimiento muralista el caballo de batalla del arte de masas en la sociedad burguesa es condenar el movimiento a la pasividad o al oportunismo. La burguesía en su progresiva fascistización no cederá hoy sus muros monopolizados para fines proletarios, ni las contradicciones del mismo régimen llegarán al punto que la burguesía, por propia voluntad, ponga las armas en manos del enemigo de clase para que la derroten. La prueba más palpable la tenemos en Buenos Aires, con Siqueiros (…) A pesar de su éxito entre las capas intelectuales, ese pintor no pudo obtener un solo lugar donde hacer una verdadera experiencia práctica de su posición teórica. El pretexto de hacer una experiencia técnica no puede justificar el vacío de contenido.”

Berni transitaba hacia el nuevo realismo y el planteo de una pintura monumental y revolucionaria pero de caballete, con telas de enorme tamaño que se podían colgar en la entrada de las fábricas. “Siqueiros, para realizar una pintura mural, tuvo que amarrarse a la primera tabla que le ofreció la burguesía. Sólo así pudo evitar que se ahogara en la nada toda su labor de divulgación teórica. No podía ser de otra manera en el régimen capitalista, porque sólo la burguesía puede darle los medios para la realización de la plástica mural monumental. Sólo un régimen donde domine la clase trabajadora puede ofrecer las posibilidades de desarrollo al movimiento muralista, sin afirmar, por eso, que este será el arte por excelencia de la sociedad socialista, como el óleo fue el arte por excelencia de la sociedad burguesa.”

Tras la muerte de Botana, en 1941, la residencia tuvo distintos dueños, como Álvaro Alsogaray, quien intentó cubrir el mural de Siqueiros con ácido muriático y con pintura a la cal, para aplacar la ira moralista de su esposa. La casa estuvo muchos años abandonada, hasta que en 1989 fue comprada por la firma Seville SA, presidida por Héctor Mendizábal, quien le encargó al restaurador mexicano Manuel Serrano la recuperación del mural. Se logró sacarlo sin que sufriera daños y se lo guardó en un depósito. Pero la empresa quebró y las peleas y juicios se extendieron durante veinte años. Recién en 2009, el Gobierno nacional rescató el mural, se pudo restaurar y lo inauguró un año después la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. El eco de la pasión y el dolor vibra en la singular belleza de una obra magistral.

Escrito por
Silvina Friera
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