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Paso 2021: el voto efímero

Foto NA

En las últimas cuatro elecciones el kirchnerismo y el macrismo intercambiaron triunfos y derrotas. Cada dos años alguien canta “Vamos a volver”.

Hace apenas dos años el mapa electoral de la Argentina podía equipararse con una camiseta de fútbol: la de Boca Juniors. Las franjas principales representaban con su azul los colores mayoritarios del Frente de Todos. La franja central, más pequeña, era amarilla, como los colores de Juntos por el Cambio. La diferencia de 15 puntos parecía presagiar el final del liderazgo de Mauricio Macri y su fuerza política y la unidad del peronismo se mostraba imbatible. Pero dos años antes de eso, o cuatro años atrás de este presente, el triunfo de Juntos por el Cambio hacía soñar a Macri con un gobierno de un mínimo de 16 años de triunfos para llevar adelante su política liberal. Claro, la derrota de Daniel Scioli auguraba el final del kirchnerismo y del modelo de desarrollo productivo. El voto es efímero. No hay padres del triunfo ni de la derrota. Todos son Lázaro y se levantan y andan. La grieta, tan fomentada por el núcleo duro de uno y otro lado, no parece estar tan clara a la hora de analizar cómo una parte de la sociedad reacciona ante la falta de respuesta a sus necesidades. Ahí no hay grieta. Hay voto desencanto. Una negatividad con la política que hace que para muchos la grieta no sea más que un charquito que cruzar según el grado de hastío. Fue llamativo cómo el oficialismo apuntó al debate de modelos y trató de contrarrestar su modelo de desarrollo y bienestar con el modelo neoliberal quizá sin entender que para una parte de la sociedad ambos proyectos se parecían demasiado. “La vida que queremos” fue el mensaje, apostando a un futuro ilusorio mientras la pobreza alcanzaba el 40 por ciento y el Presidente se mostraba en una fiesta privada mientras nos mandaba a quedarnos a todos encerrados. En cambio, en principio resultaba llamativo que el macrismo apostara a canalizar ese voto bronca cuando ellos mismos habían sido responsables del desastre económico que aún padecemos. El eje de su campaña apostó a ese voto bronca y acertó. “Estamos a siete diputados de ser Venezuela y hay que detenerlos” y #Basta fueron sus consignas de campaña. Claramente, el voto presente fue mucho más tentador que el voto memoria. Ahora, la misión de Juntos por el Cambio es no pasarse de euforia. Si analizamos las elecciones desde 2015, punto más o punto menos, su caudal electoral está clavado en 40 por ciento. El gran perdedor de estas Paso fue el peronismo que no pudo conservar su propio 40 por ciento (o 48, en el caso de Alberto Fernández). La diferencia a nivel nacional es de nueve puntos a favor de JxC, pero el peronismo perdió más de 15 puntos en apenas dos años. Muchos no fueron a votar, otros votaron en blanco y algunos expresaron su voto bronca fugando por izquierda y por derecha. La buena elección del Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad en todo el país y de Javier Milei en Caba son dos claros ejemplos.

Foto NA: DAMIAN DOPACIO

PLURICAUSALIDAD

Cuando todo esto sucede y el voto se vuelve tan inestable, no se puede buscar una sola razón tanto para la derrota como para el triunfo. El oficialismo apostó a dos variantes: el plan de vacunación y la reactivación económica. El primero quedó golpeado con la foto del cumpleaños de la pareja presidencial y el vacunatorio VIP, y el segundo, real y concreto, quedó sepultado con el precio de la carne, la pérdida de fuentes de trabajo y el aumento de la pobreza. La gran incógnita es si el Gobierno podrá rebatir esta imagen en los dos meses que quedan para la elección general.

La otra cuestión que el oficialismo no entendió y la oposición capitalizó para esta elección es el espíritu de las Paso. Tan denostadas por el macrismo, hoy tiene que agradecerles esta victoria. El Gobierno entendió que no mostrarse unido era un signo de debilidad. La oposición (sobre todo Horacio Rodríguez Larreta), en cambio, apostó a la interna como una forma de sumar votos desde distintas expresiones de la derecha. Sin Ricardo López Murphy en la ciudad y, sobre todo, sin Facundo Manes en la provincia de Buenos Aires, el triunfo no hubiera sido posible o, al menos, tan contundente. Esto sucedió en 16 de las 24 provincias. En todas, la interna del macrismo favoreció su performance electoral. Ahora es el macrismo el que se anima a cantar “Vamos a volver”. Dentro de esa interna, el gran ganador parece ser Rodríguez Larreta, que logró sendas victorias en Caba y provincia. Macri aparece como derrotado en Córdoba y Santa Fe. De hecho, se retiró del comité de campaña instalado en Costa Salguero antes de los festejos.

En parte, el voto bronca es también un voto pandemia. Con más de cien mil muertos, con un año de confinamiento total o parcial, con amigos, familia, afectos con problemas de todo tipo, ese dolor afecta también al   oficialismo. No importa que JxC haya sido el principal promotor de las movidas anticuarentena y antivacunas. Como vemos, el resultado electoral es consecuencia de errores de estrategia y circunstancias políticas. Lo seguro es que es multicausal.

Los mariscales de la derrota ya deben estar pensando cómo salir de esta situación. El problema de una coalición electoral como el Frente de Todos es que no todos piensan igual. Veremos qué postura se impone o qué síntesis prevalece. Algunos aseguran que la salida es profundar el modelo de confrontación, el modelo productivo, más kirchnerismo. Por el otro lado, plantean que hay apostar por más unidad, más moderación, más albertismo, más diálogo. Lo seguro es que el Gobierno no debe caer en el derrotismo ni la oposición en el exitismo. Todos dicen que van a escuchar a la gente. El problema es que no hay un “la gente” y en todo caso “la gente” no siempre piensa igual. ¿“La gente” que vota así en 2021 es distinta a “la gente” que votaba lo contrario en 2019? Ni Alfonsín, ni Menem, ni De la Rúa pudieron volver de sus ocasos políticos. Desde entonces, Cristina Fernández y Mauricio Macri parecen los únicos que podrían lograrlo. El voto es más efímero que nunca. El tema es cuánto.

Escrito por
Fernando Amato
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