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“EMPECÉ A LEERLO POR CULPA Y VERGÜENZA”

Patricia Bargero analiza su vínculo con la obra de Manuel Puig desde sus comienzos como bibliotecaria en General Villegas. Actualmente está jubilada y alterna entre los talleres sobre Puig y la escritura de una novela en la que establece un diálogo personal con el escritor y su obra. En sus inicios, Manuel Puig decía que cuando se hiciera viejo iba a vender algún cuento a la revista Villegas Ilustrado y a veces sentía nostalgia por las noches de lluvia de su infancia, pero nunca volvió a su pueblo. Cuando los villeguenses leyeron sus dos primeras novelas lo repudiaron. El trabajo de Patricia Bargero a lo largo de su vida da cuenta de otra mirada sobre el escritor.

–¿Cómo empezó a leer a Puig?

–Creo que por culpa y vergüenza, porque era un autor que no hubiera leído por todo el entramado que había escuchado de chica sobre él, que era un mal tipo, que había ensuciado al pueblo, que sus libros eran puro chisme. Estábamos en la Feria del Libro, yo había vuelto a Villegas, y Susana Cañibano, que era la directora de la Biblioteca en ese momento, invita a Eduardo Gudiño Kieffer a venir a Villegas. Él dice: “¿Por qué no lo invitan a Puig?”. Ahí yo sentí vergüenza porque no sabía nada de nuestro autor. Empecé a leerlo y sentí un estallido de voces, me encontré con mi voz infantil, con lugares a los que no había llegado nadie, porque eso es lo que hace Puig, se mete con la intimidad, con el lado oscuro, con lo inconfesado, y me pregunté qué les había pasado a las personas que lo habían leído en el pueblo. Yo sentí que él me interrogaba y no podía entender ese enojo.

–¿A cuáles de las obras vuelve?

–Mis preferidas son La traición de Rita Hayworth, Boquitas pintadas, El beso de la mujer araña y Cae la noche tropical. Después, cuando releo las otras, también me vuelvo a enamorar, pero son más duras. Creo que cuando vuelva a Pubis angelical voy a tener un nuevo enamoramiento con esa novela. Es lo próximo que voy a releer de él.

–¿Cómo es el recorrido que hace a partir de ese primer diálogo con la obra del escritor villeguense?

–Al principio asumí una culpa pública. Puig aparecía en carne viva en esa primera novela, y me preguntaba qué había sucedido treinta años antes. Traté de entender por qué ese enojo y eso me llevó a hacer unos talleres de lectura que propuso Susana Cañibano desde la biblioteca junto a Magdalena Giovine, que lo estudiaba en la UBA. Empecé a ir a las escuelas con Boquitas pintadas y descubrí que a los pibes les pasaba lo mismo que a mí, los cuestionamientos que aparecían en la obra eran los mismos que se hacían los adolescentes. Después de la muerte de Puig, la gente de La Plata se contactó con nosotros y el primer homenaje se armó porque José Amícola vino con alumnos y docentes de la universidad a presentar ponencias sobre distintas novelas. El evento fue en 1993. Después se sumó Jesús Pascual, que fue una pieza fundamental del trabajo que se hace con Puig, también lo son Susana Garat y Ruly Pinedo, que hoy siguen a cargo del Puig en Acción. Para los treinta años de Boquitas pintadas vino Mausi Martínez y se fascinó con lo que hacíamos, dijo que ningún autor tenía un grupo de gente que trabajara gratis para sostenerlo. Ideó un documental y el Puig en Acción 2001 fue un evento de grandes dimensiones. A partir de allí se fueron sumando personas, entre 50 y 80 participantes, con la murga, los ciclos de cine, las muestras de arte y teatro. La estrategia era hacer popular a Puig en el pueblo.

–¿Se contactó con la familia del escritor?

–Sí, mientras tanto yo iba a Buenos Aires, visitaba a Male, la madre de Puig, iba enterándome de la etapa en la que vivieron acá. También conocí a Jorge y a Bebé, sus primos. Se fueron tendiendo redes sin que yo buscara nada, queriendo reparar. Fui entrando en el mundo Puig sin darme cuenta y ya no me desprendo.

–¿Está escribiendo una novela sobre su vínculo con la literatura de Puig?

–Creo que siempre he estado con algún proyecto de escritura vinculado a Puig, pero la verdad es que nunca concreté ninguno, primero fue de cine, sobre el cine que vio Puig en Villegas; después fue otro temático a partir de unas ilustraciones que hizo Pablo Zweig sobre Boquitas pintadas, y finalmente me encontré con Juan Forn, que estuvo en Villegas hace dos años. Forn leyó lo que yo estaba escribiendo y a partir de la lectura de ese material surgió un diálogo que terminó en las cartas a Puig, a sus personajes, también a la madre, al padre, sus primos. En algún punto, quería poner por escrito ese diálogo que tengo desde hace tiempo, porque Puig me toca por todos lados cada vez que lo leo.

Escrito por
Viviana Bernardó
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