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UN EJÉRCITO POCO CONVENCIONAL

Para enfrentar y contener las invasiones realistas en el norte, Martín Güemes implementó una estrategia de guerrillas sustentada en gauchos, mestizos, negros, indios y blancos pobres. El éxito de la operación militar permitió el desembarco de San Martín en Perú.

Con el nombre de “guerra gaucha” se conocen los enfrentamientos bélicos que, entre 1814 y 1821, tuvieron lugar en la provincia de Salta. Las jurisdicciones de Salta y Jujuy, estratégicas en la comunicación entre las provincias altoperuanas con Buenos Aires, se convirtieron en el teatro de sucesivas incursiones realistas y de una resistencia basada en la movilización de amplios sectores sociales liderados por Martín Miguel de Güemes.

Las derrotas del Ejército Auxiliar en noviembre de 1813, en Vilcapugio y Ayohuma, propiciaron la ocupación realista de las ciudades de Salta y Jujuy y el desplazamiento de Manuel Belgrano, reemplazado por José de San Martín como jefe del Ejército Auxiliar. En enero de 1814, ante los saqueos practicados por partidas realistas en búsqueda de ganado y víveres, se inició en el Valle de Lerma la resistencia de pequeños y medianos productores, alentados por las milicias de Salta y oficiales del Ejército Auxiliar. Entre esos oficiales se encontraba Manuel Dorrego, quien aconsejó a San Martín desarrollar en el territorio salto-jujeño una guerra de guerrillas, como la sostenida por la insurgencia altoperuana, evitando arriesgar al débil Ejército Auxiliar en un avance hacia Salta. Para implementar esta estrategia, San Martín designó en febrero de 1814, como jefe de la vanguardia, a Martín Miguel de Güemes, recientemente reincorporado al Ejército Auxiliar.

INFERNALES Y GAUCHOS

El hostigamiento practicado por las milicias, no sólo impidiendo el avance realista sino también el abastecimiento de la ciudad de Salta, resultó exitoso. Natural de Salta, Güemes contaba no sólo con el conocimiento del terreno sino también con las vinculaciones necesarias para organizar la resistencia. Su capacidad para coordinar las milicias quedó demostrada cuando finalmente el ejército realista se retiró en agosto de 1814. Casi de inmediato comenzaron los problemas de Güemes con Rondeau, ocasionados en parte por la indisciplina de esas milicias, que ya habían pasado a ser llamadas “gauchas”, y en parte por los temores del Directorio y de Rondeau a un liderazgo similar al de Artigas que pudiera desafiar a la autoridad de Buenos Aires. Ese enfrentamiento con Rondeau y el Directorio persistió durante todo 1815, agravado por la designación de Güemes como gobernador y por la creación, a pesar de la negativa de Posadas, de la División Infernal de Gauchos de Línea destinada a reunir a “aquellos héroes que bajo la denominación de gauchos […] se me han reunido para emplearse absolutamente en el servicio formando un cuerpo de líneas”, todos ellos “voluntarios patriotas”.

Al igual que a la División de Infernales, Güemes organizó a los paisanos en armas, voluntarios que se habían sumado a las milicias en 1814, en Escuadrones Gauchos. Ellos constituyeron la base de su poder militar y político, el cual, sin embargo, no fue absoluto. Ese poder estaba mediado por jefaturas locales, que ejercían el mando directo y tenían la capacidad de movilizar, con las cuales debió negociar permanentemente. En 1815, cuando arrenderos y peones, los paisanos convertidos en gauchos, no pagaban ya arriendos y se negaban a prestar servicios, concertó con los propietarios, en particular los del Valle de Lerma, que no se les “exigieran ínterin durase la guerra”. También les otorgó el fuero militar permanente que reclamaban, aun cuando este sólo estaba reservado a los jefes y a los cuerpos de línea.

LA GUERRA CON RONDEAU

A comienzos de 1816, ya reunido el Congreso en Tucumán, Rondeau ocupó la ciudad de Salta e intentó destituir a Güemes del gobierno de la provincia de Salta. Finalmente, la derrota infringida por los gauchos a las partidas del Ejército Auxiliar obligó a Rondeau a firmar un pacto, en marzo de 1816, que diera fin a las hostilidades. El poder militar de Güemes se había fortalecido definitivamente y se incrementaría en 1817, al contener el avance realista hacia Tucumán, cuando ya San Martín había iniciado la campaña libertadora del Perú, al cruzar los Andes y recuperar Santiago de Chile.

Martín Miguel de Güemes y los gauchos se sumaron así exitosamente al plan sanmartiniano, en el cual el gobernador de Salta se incluyó al reconocer, en 1816, la autoridad de Juan Martín de Pueyrredón como director supremo y a Manuel Belgrano como jefe del Ejército Auxiliar. Esta decisión significaba aplazar el avance del Ejercito Auxiliar del Perú hacia el Alto Perú y otorgaba a Güemes la misión de resistir el avance de las fuerzas realistas, como exitosamente lo hiciera en 1817 y en las restantes incursiones sostenidas por el Ejército Real del Perú los años siguientes.

Así los Escuadrones Gauchos fueron protagonistas de una guerra que persistió durante varios años. Estos escuadrones eran integrados por afromestizos, negros, indios, mestizos e incluso blancos pobres. También algunos esclavos fugados de sus amos. Todos eran gauchos, una identidad militar que progresivamente fue ocultando los orígenes étnicos y sociales. En sus inicios había entre ellos arrenderos, peones y pequeños y medianos propietarios, y a ellos se sumaron hombres procedentes de otras jurisdicciones, particularmente del Alto Perú, que habían llegado con el Ejército Auxiliar luego de las duras derrotas sufridas en 1816 por la insurgencia altoperuana.

La movilización rural, que se fue generalizando a partir de 1815, expresó diferentes reivindicaciones sociales, entre ellas el acceso a la tierra, particularmente en el Valle de Lerma, donde los conflictos por los derechos de propiedad se habían agudizado a fines de la colonia. Fue precisamente el Valle de Lerma donde se concentró el mayor número de hombres movilizados. En 1818, al informar a Manuel Belgrano acerca de las fuerzas bajo su mando, Güemes declaraba contar con 4.888 hombres en los escuadrones gauchos, de los cuales 2.090 pertenecían a los escuadrones del Valle de Lerma, sin duda el foco de la insurgencia y de la movilización.

Un párrafo aparte merece la participación de esclavos, muchos de ellos fugados de sus amos, que se sumaron a los Escuadrones Gauchos y que poco antes de la muerte de Güemes, cuando este intentaba organizar un ejército para marchar como jefe de Observación al Alto Perú por mandato de San Martín, solicitaron su libertad argumentando que si luchaban por la libertad de sus hermanos ellos también debían gozar de la libertad, en clara referencia a un sentido de libertad individual. La lucha de indios, mestizos y afromestizos, al enfrentar al Ejército del rey, cuestionó un orden social en el cual los funcionarios que gobernaban en nombre de España exigían tributos y servicios personales manteniendo fuertes diferencias sociales. Precisamente, ese cuestionamiento al orden social preocupó a la elite salto-jujeña, agobiada además por los préstamos y confiscaciones dispuestos por el gobernador con la finalidad de sostener la guerra. Todo ello, sumado a otras razones de orden político y militar desencadenadas en 1820, culminó con la muerte de Güemes, producto de una conspiración, dando inicio a un conflictivo proceso de disciplinamiento social y reorganización de las milicias provinciales.

Escrito por
Sara Mata
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